La científica española del millón de libras

María Jiménez investigará durante cinco años la enfermedad de Alzhéimer en el King’s College de Londres gracias a una financiación del Medical Research Council de Reino Unido.. Se centrará en unas células descritas hace más de cien años por Ramón y Cajal. ¿Su esperanza? Dar con nuevos fármacos y estrategias terapéuticas

María Jiménez investigará durante cinco años la enfermedad de Alzhéimer en el King’s College de Londres. Se centrará en unas células descritas hace más de cien años por Ramón y Cajal. ¿Su esperanza? Dar con nuevos fármacos y estrategias terapéuticas.

En Reino Unido pueden congregarse a día de hoy en torno a 5.000 científicos españoles. Se trata del país europeo, junto a Alemania, que más investigadores nacionales acoge. Entre ellos está María Jiménez. De sus 36 años de vida, los últimos ocho los ha pasado en las islas británicas. Ahora está ante el proyecto más ambicioso de su vida: investigar, durante cinco años, la implicación de una serie de células en el proceso de la enfermedad de Alzhéimer. Una investigación cuya financiación supera el millón de libras –más de un millón de euros– y que le ha sido concedida por el Medical Research Council, el consejo de investigación médica de Reino Unido. Toda una proeza, teniendo en cuenta que sólo nueve de cada cien proyectos que aspiran a esta ayuda –la Career Development Award– acaban siendo aceptados. «El proceso es muy competitivo. Y la cantidad es muy generosa. No sólo cubre tu salario, sino también todo lo que vas a necesitar. Pero no es la única a la que puedes aspirar: están las de la Royal Society, las de la Wellcome Trust... En España, las más parecidas son las ayudas Ramón y Cajal», comenta María, que tras trabajar durante ocho años en la Universidad de Cambridge, desarrollará este trabajo en el King’s College de Londres.

Precisamente, el Nobel español es, de alguna forma, inspirador del proyecto que liderará esta científica cartagenera. Hace más de un siglo, Santiago Ramón y Cajal descubrió las células de glía y las diferenció de las neuronas, con las que convivían. Hasta hace poco, no se les prestaba mayor atención. «Todos conocemos las neuronas, las células de nuestro cerebro. Pero en 1891, Ramón y Cajal observó que también existían las células de glía, que ayudan a las neuronas a desarrollar su función», explica María. Así, su equipo estudiará la implicación que estas células «tienen durante el proceso de neurodegeneración, en el que las neuronas mueren, desarrollando enfermedades como el alzhéimer o el párkinson». Y es que, es posible que, durante estas enfermedades, las células de glía pierdan su capacidad protectora sobre las neuronas. «Si averiguamos que estas células tienen este papel protector, nos puede aportar pistas sobre nuevas estrategias terapéuticas que pueden ayudarnos a diseñar nuevos fármacos. El alzhéimer es una enfermedad muy compleja y hay muchos factores implicados: en cada etapa se van desarrollando diferentes mecanismos. Se trata de conocer los mecanismos moleculares que dan pie a esta enfermedad», afirma. Su investigación, que lleva dos meses en funcionamiento «es básicamente a nivel celular. Estudiaremos neuronas y células de glía extraídas de ratones». No en vano, «aunque se están desarrollando nuevas terapias, hasta el momento estas están resultando fallidas cuando llegan a los ensayos clínicos en humanos. Ante enfermedades tan complejas, es necesario entender en su totalidad cuales son los mecanismos y las células implicadas en su desarrollo».

El rostro de María Jiménez es también el de todos aquellos investigadores españoles que triunfan no sólo en Reino Unido, sino en el resto de Europa. Precisamente, María participará mañana en un taller organizado por la Fundación Ramón Areces con la Sociedad Española de Científicos en Reino Unido (CERU), que ella misma preside, y cuyo testimonio puede ser motivador para aquellos jóvenes investigadores en busca de una oportunidad en las islas británicas. En su caso, y tras estudiar Farmacia y Bioquímica en la Universidad Complutense de Madrid y obtener el doctorado, decidió hacer las maletas en 2008 rumbo a Cambridge, para centrar su postdoctorado en la neurodegeneración. «Quería irme al extranjero, conocer nuevas técnicas, formarme... y encontré el laboratorio apropiado. Y como yo, muchos otros. Éso es enriquecedor. En ciencia, la movilidad internacional es buena y aconsejable», dice la investigadora. Pero, aunque «salir de España no es lo malo, sí que lo es el hecho de que cualquier investigador, español o extranjero, no encuentre España lo suficientemente atractiva como para regresar o como para venir aquí a investigar. Si los científicos españoles salimos del país, España debería atraer también a investigadores extranjeros. La movilidad debe darse en dos direcciones y que el balance neto sea igual para todos los países». Su asociación, CERU, ha tejido desde su creación en 2012 una red social y profesional de los científicos españoles en Reino Unido con el objetivo de ser mediadora entre ellos y las instituciones británicas y españolas, así como por apostar por la divulgación científica en la sociedad.

Pero, ¿regresaría a nuestro país? Evidentemente, durante los cinco próximos años será imposible, debido al proyecto sobre el alzhéimer. «En España tenemos la familia, los amigos... Pero ahora mismo hay que decidir en función de las oportunidades profesionales. En España se hace muy buena investigación, y un proyecto como el mío se podría desarrollar allí de forma similar. Es algo que siempre tengo en mente», asegura.

Con todo, a día de hoy, y como todos los españoles –y el resto de ciudadanos de la UE– que trabajan en Reino Unido, sobre los científicos también pesa la inquietud por el Brexit. Recientemente, el Gobierno británico anunció una inversión de dos billones de libras más al año en investigación e innovación. Sin embargo, de establecerse restricciones, ¿afectaría a la movilidad científica y a las colaboraciones internacionales de las que tanto se enriquece la sociedad? «Todo es incertidumbre. No sabemos lo que va a pasar. Si ocurriera, ójala se tenga en cuenta la situación especial de los investigadores», dice María.

Un compuesto del cerebro, detrás de la enfermedad

Durante dos décadas, los trabajos científicos han señalado que la acumulación de agregados de proteína beta-amiloide podría estar detrás del desarrollo del Alzhéimer. Ahora, un estudio liderado por la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona ha comprobado cómo la presencia en el cerebro de un compuesto, llamado peroxinitrito, promueve la formación y la estabilización de los agregados de beta-amiloide. Esta proteína está presente en el sistema nervioso y, a día de hoy, su función no se conoce con exactitud. Sus formas solubles pueden agregar dando lugar a unas estructuras primarias llamadas oligómeros, que a su vez se agregan para dar lugar a las fibras maduras, informa Ep. Algunos expertos consideran que la formación de fibras maduras es un mecanismo protector para evitar la presencia de oligómeros, puesto que éstos se han descrito como la forma más tóxica de beta-amiloide ya que alteran directamente la función de las neuronas y promueven la neurodegeneración. Según explican los investigadores, los oligómeros y las fibras de beta-amiloide incrementan la producción de óxido nítrico y de radicales libres en el ambiente extracelular. Y cuando éstos se combinan, se produce el peroxinitrito, una molécula altamente reactiva que modifica las proteínas, alterando su función.