Un disco duro de ADN

Caminamos hacia un colapso digital y puede que un día podamos conservar lo que producimos. Gracias al almacenamiento molecular, un kilo de ADN sería suficiente para conservar toda la información producida por la humanidad

Una proeza. Dos científicos han almacenado una de las primeras películas de los hermanos Lumière (Llegada del tren a la estación de La Ciotat) en una molécula de ADN
Una proeza. Dos científicos han almacenado una de las primeras películas de los hermanos Lumière (Llegada del tren a la estación de La Ciotat) en una molécula de ADN

Caminamos hacia un colapso digital y puede que un día podamos conservar lo que producimos. Gracias al almacenamiento molecular, un kilo de ADN sería suficiente para conservar toda la información producida por la humanidad

Las inscripciones de la Piedra de Rosetta fueron realizadas hace más de 2.200 años y aún perdura su relieve sobre la negra granodiorita. Queda casi intacto el decreto de Ptolomeo V para todos aquellos que quieran verlo en el Museo Británico de Londres. Son solo unos bits de información, pero escritos en el soporte más duradero, la piedra. Sin embargo estas letras que hoy escribo sobre gris papel de periódico posiblemente no puedan ser leídas por mis nietos. Nada de lo que en este diario se ha impreso, varios megas de información de textos y fotos, sobrevivirá al paso de un puñado de décadas sin amarillear, perder color, borrarse, desaparecer. Cuanto más grande es la capacidad de almacenaje de un dispositivo, más efímera es la información que contiene. En la piedra no caben muchos datos, pero no se borra. Un disco duro que hoy pueda albegar cantidades de información medidas en petabytes (1,5 petabytes equivalen a todas las fotos que ahora mismo hay colgadas en Facebook) no podrá ser leído seguramente dentro de 30 años. Puede que la información se haya borrado para entonces. O puede que no existan aparatos capaces de leerlo, habrán desaparecido como han desaparecido hoy los reproductores de discos flexibles o de vídeo Beta.

Es la gran paradoja de nuestro tiempo: generamos sistemas cada vez más potentes, pero más efímeros. ¿Quiere eso decir que estamos condenados a perder las toneladas de información en forma de textos, fotografías, vídeos, audios, mensajes y otros contenidos que creamos diariamente? Puede que no.

Hace unos días, dos científicos de la Universidad de Columbia han saltado a la fama por lograr una proeza inédita: han almacenado una de las primeras películas de los hermanos Lumière (Llegada del tren a la estación de La Ciotat) en una molécula de ADN. Son 50 segundos de film, impresos junto algunos textos y dibujos en la cadena de núcleotidos que componen una unidad de información genética. La ciencia ha sustituido la piedra, el papel, la cinta magnetofónica, el celuloide o el silicio por ADN, por el material del que está hecho la vida.

La idea parece de ciencia ficción, pero en realidad no es nueva. Hace un lustro el genetista George Church logró guardar un libro en moléculas de ADN. Lo que han hecho ahora los científicos de Columbia va un paso más allá. Han digitalizado la película de los Lumière y la han archivado en su ordenador. Toda la información digitalizada se convierte en una sucesión de unos y ceros del código binario informático. Mediante un algoritmo matemático de nueva creación, los expertos han traducido esos unos y ceros a una ristra de las cuatro letras que componen el ADN (A,G,C y T). La película ahora no se puede leer por un ordenador que traduzca cero y unos, ha de ser enviada a una máquina que lea ADN, como las que se usan para cotejar los genes de un criminal, por ejemplo. En una de esas máquinas de última generación, el código diseñado pudo ser traducido y el film apareció en la pantalla del ordenador.

El interés por el uso del ADN como método de almacenamiento de la información es creciente. Hay que tener en cuenta que, según algunas empresas expertas en consultoría digital, en el año 2020 el archivo digital global (es decir todas las fotografías guardadas, todos los textos, los vídeos, los programas informáticos y las conversaciones grabadas del planeta) alcanzará los 44 billones de gigabytes. En el año 2040, si sigue esa progresión, para poder guardar y recuperar toda la información generada por la humanidad sería necesario producir tantos chips que consumirían 100 veces más cantidad de silicio de la que ahora producen todas las reservas del mundo. Es evidente que caminamos hacia una especie de colapso digital, puede que un día no tengamos forma de conservar lo que producimos. La civilización habrá perdido la memoria.

Contra este destino la ciencia tiene un plan: el almacenamiento molecular, usar ADN para guardar los datos. Un kilo de ADN sería suficiente para conservar toda la información producida hasta ahora por la humanidad (al fin y al cabo, el genoma humano completo cabe en el interior de una invisible célula). Además, las moléculas de ADN, bien conservadas, duran miles de años.

Pero el empeño no es sencillo. De momento, sintetizar ADN es caro y difícil. Trasladar a moléculas la película de los Lumière costó 7.000 dólares. Además, como ocurre en la naturaleza, cada vez que se copia un segmento de ADN se pueden producir errores y pérdidas de información.

Pero a juicio de los expertos, las ventajas son mayores que los inconvenientes. El ADN es muy denso (le caben muchos datos por unidad de volumen), muy duradero y no requiere de mucha energía para ser manipulado. Puede parecer frágil, pero en realidad no lo es. Ahí está, sin ir más lejos, el ADN casi intacto de antecesores humanos de hace miles de años que sigue dando información hoy a los científicos.

Quizás pronto todo nuestro legado quepa en el interior de una célula. Esa célula viajará en el tiempo durante miles, quién sabe si millones, de años y podrá ser leída por nuestros descendientes del futuro más lejano. Como una diminuta piedra de Rosetta que nunca se deteriora.