Begoña Rodrigo: «Ahora, ser cocinero impone respeto»

Begoña Rodrigo realiza una de las pruebas de «Top Chef»
Begoña Rodrigo realiza una de las pruebas de «Top Chef»

Para Begoña Rodrigo sus platos son una extensión de su carácter. «Son complejos, como yo», afirma la primera ganadora de «Top Chef», el «talent show» para cocineros profesionales. Ella entiende esa «complejidad» en el sentido de que busca diferenciarse o dicho de otra manera, que los comensales que van a su restaurante La Salita, salgan, con la intención de repetir, diciendo «este plato es muy de Begoña».

–Quique Dacosta dijo que su plato «El mar» –que definió en el programa como «una anguila que quiere ser cerdo»– era un «tres estrellas». Después de eso...

–Afronté la final con un sentido de responsabilidad tremendo y siempre he dicho que quien no arriesga no gana. Es lo que más me gusta, como que se aprecie mi trabajo. Lo dije en el programa y lo digo ahora con las mismas palabras: me gustaría pegar una colleja a todos los que nos ponen obstáculos a las mujeres cocineras para conseguir las cosas.

–En el programa se ha mostrado muy reivindicativa, con la posición de la mujer en el panorama gastronómico y también en su reinvindicación de los pequeños restaurantes.

–Es que ponemos mucha pasión en ellos. Mis clientes llevan ocho años creyendo en mí, en «La salita», y que han sido el motor de la evolución y revolución que emprendí en su momento y que ahora sigue con más fuerza que nunca.

–De la intimidad de una cocina, a un concurso de televisión y convertirse en un personaje famoso. ¿Cómo se lleva ese proceso?

–Me sorprende que todos los días venga gente al restaurante porque quiere conocerme. Pero lo que más me impacta son los niños, porque se interesan muchísimo por lo que hago. Me he dado cuenta de que, socialmente, el ser cocinero ya causa respeto, algo que antes no ocurría.

–Es inevitable preguntarle por Alberto Chicote, Susi Díaz y Ángel León, los que les han regañado y felicitado durante estás semanas. ¿Le ha leído la cartilla?

–Eso no, pero he aprendido que debería tener más sosiego y templanza cuando tengo que afrontar muchas situaciones. Tampoco me quiero olvidar de todos los grandes cocineros que han venido, son los mejores de España aunque es verdad que no han estado por distintas razones todos los que son.

–Con sus compañeros, la relación bien, gracias, pero no hay que obviar que también se han vivido momentos tensos.

–Es lógico, pero siempre te quedas con lo bueno. De mis compañeros he aprendido que hay diferentes formas de ver la gastronomía y me han enseñado carencias que tengo que debo afrontar para seguir mejorando.

–¿Ha salido del concurso algún proyecto para abrir un restaurante en común?, tendrían asegurada la clientela.

–La verdad es que ni siquiera se ha planteado el tema. No descarto la posibilidad de hacer cosas juntos, pero cada uno tenemos un destino diferente. Ninguno de los finalistas somos de «aquí te pillo, aquí te mato» y tomar decisiones a la ligera. Somos corredores de fondo y le tenemos a esta profesión mucho consideración, no lo vemos como un medio para hacer dinero. Vivimos para cocinar.

–Se lleva a Valencia experiencia, pero también un premio material: un lote de 100.000 euros, 30.000 en metálico, publicar un libro de recetas, contar con la asesoría de dos chefs como Íñigo Lavado y Mario Sandoval... Es un buen botín.

–Sí, de lo que se trata es de crecer profesionalmente. Seguiré con mi pequeño restaurante, aunque evidentemente contaré con más recursos y culminaré mi sueño: montar un negocio en el campo con pocas mesitas.

–La primera edición de «Top Chef» se ha cerrado con un promedio del 17,2 por ciento de cuota de pantalla y la final logró un 23,9. ¿Se esperaba este éxito?

–La verdad es que veo muy poca televisión y no entiendo mucho del medio. Pero sí que es un hecho que la cocina se ha metido en las casas. Que «Top Chef» haya conseguido enganchar a tanta gente es muy positivo para la gastronomía.