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Espías a las órdenes de Washington

  • Espías a las órdenes de Washington
Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

19 de abril de 2015. 18:05h

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Madrid. 18/4/2015

«Otoño de 1776. Los insurgentes han declarado la guerra contra la corona. Después de un desembarco naval exitoso, el Ejército de su majestad ha obligado a los rebeldes de Washington a refugiarse en los montes. La ciudad de Nueva York sirve como base militar de las operaciones para los británicos. Los republicanos de la cercana Long Island mantienen una constante vigilancia de simpatizantes y espías». Así arranca «Turn: Espías de Washington», la producción de AMC que este fin de semana estrena su filial en nuestro país en formato maratón y cuya segunda temporada emitirá a partir del jueves 23 de abril. Protagonizada por el actor británico Jamie Bell, la serie se ambienta en los años de la Guerra de la Independencia Norteamericana y se centra en la primera organización de espías del país, denominada El anillo Culper.

Bell interpreta a Abraham Woodhull, un padre de familia humilde que trabaja sus tierras para sacar adelante a su familia en Setauket, una pequeña localidad de Nueva York tomada por el Ejército británico. Los soldados han establecido su base de operaciones en el pueblo, y los habitantes ven cómo la iglesia se ha convertido en la oficina del comandante y la cantina, en su lugar favorito para olvidar los lances de la guerra. La tensión se respira en el ambiente y cuando Abraham acude a la cantina para hablar con el propietario se produce un incidente que provoca que ambos tengan que responder ante la máxima autoridad del pueblo, el mayor Hewlett, comandante del ejército británico. Gracias a la mediación del juez de Setauket, y padre de Abraham, éste consigue librarse de la acusación de insurrección, pero a cambio deberá jurar fidelidad a la corona británica.

Cuando los atentos ojos del juez Woodhull no le vigilan, Abraham trata de conseguir algunos ingresos vendiendo de contrabando las coles que cultiva. Y en uno de sus viajes se encuentra con Caleb Brewster, un viejo amigo de la infancia que abandonó Setauket tras la llegada de los británicos. En su regreso a casa, Abraham es capturado por los republicanos y aunque en un primer momento teme por su vida, pronto descubre que no se encuentra en peligro, ya que al mando de los hombres que le apresaron se encuentra su viejo amigo Benjamin Talmadge. Pero los planes de Talmadge van más allá de la simple liberación de Abraham, y cuando comprueba que es un hombre íntegro, le pide que se una a la causa republicana y contribuya espiando a los británicos. Una misión que compartirá con Anna, un viejo amor de juventud del que sólo perdura su amistad, y que está cansada de aguantar las vejaciones de los soldados británicos, algunos de los cuales se hospedan en la mansión en la que trabaja.

Contienda sin prisas

Junto a Jamie Bell, al que todos recordamos como Billy Elliot, en la producción encontramos un completo reparto en el que se combina la experiencia y la juventud con sorprendente acierto. El veterano Kevin McNally («Piratas del Caribe») interpreta al protector moral de Setauket y padre de Abe, el juez Woodhull, mientras que el camaleónico Burn Gorman («The Hour», se pone en la piel del mayor Hewlett. En el bando enemigo tendrá también mucha importancia el teniente John Simcoe, enemigo íntimo de Abraham que insiste en ocuparse personalmente de la bella Anna. El inglés Samuel Roukin se encarga de interpretar al desagradable teniente, mientras que Heather Lind hace lo propio en el papel de la mujer espía. El grupo de informadores lo completa Seth Numrich como Ben Talmadge, mientras que Daniel Henshall encarna el rol de Caleb Brewster. Por su parte, el actor neoyorquino Ian Kahn («Castle») interpreta el rol del que terminaría siendo el primer presidente de los Estados Unidos, George Washington. Con una cuidada ambientanción y una interesante puesta en escena, la serie es una producción imprescindible para los amantes de las tramas históricas y los aficionados a este periodo apasionante y complejo. Para los que no son expertos en el tema, la trama puede resultar complicada, pero el pausado desarrollo de la historia permite al espectador adentrarse lentamente en los entresijos de una contienda en la que las apariencias juegan un papel importante. El propio Abraham no tendrá que trabajar únicamente para conocer los planes del Ejército británico mientras trata de pasar desapercibido. También deberá intentar mantener la normalidad en su vida personal, con su padre mirando con recelo sus amistades pro-republicanas y su esposa sospechando de sus silencios.

La serie creada por Craig Silverstein se basa en el libro «Washington Spies: The Story of America’s First Spy Ring», escrito por el historiador estadounidense Alexander Rose. Publicado en 2007, se inspira en las historias de cuatro amigos de la infancia, Benjamin, Anna, Caleb y Abraham, que constituyeron la organización que terminó siendo esencial en la victoria del bando republicano en la Guerra de la Independencia Norteamericana, llamada El Anillo Culper. «La larga correspondencia de este grupo de espías con George Washington sobrevivió casi intacta. Desde la creación del grupo hasta su disolución, hay escritos, detalles y a veces hasta registros diarios de las actividades de El Anillo Culper, sus fatigas y sus triunfos», explica Alexander Rose, también co productor ejecutivo de la serie, acerca de la base histórica de la producción. El grupo de espías se formó, oficalmente, en 1778, y trabajó bajo las órdenes del general Washington hasta 1783. Mientras Talmadge, Dragón del Ejército Continental, era el enlace entre el máximo mandatario y los agentes de campo, éstos arriesgaban sus vidas para conseguir interceptar las comunicaciones del enemigo sin que, por supuesto, éste conociese sus intenciones. A través de un código secreto, los espías comunicaban a Talmadge los movimientos y las actividades que el Ejército británico tenía previsto llevar a cabo en el estado de Nueva York, y éste se lo transmitía a Washington. Con estas informaciones tenía la capacidad de adelantarse a los planes de las fuerzas británicas, algo fundamental para preparar su propio ejército.

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