La dictadura de los «años del plomo»

Telemadrid estrena el lunes «1980», sobre los doce meses más sangrientos de ETA.

Hace 35 años, el terrorismo de ETA tenía una sección propia en los informativos tal era la escalada de horror con la que sojuzgaban al país. En 1980, cometieron 95 asesinatos, uno cada tres días, 200 atentados y seis secuestros. Nunca mató tanto antes ni lo hicieron después. El intento último era poner a la recién estrenada democracia al borde del precipicio. Eran los «años del plomo», en los que los asesinos se sentían impunes gracias al silencio de una parte mayoritaria de la sociedad, que miraba para otro lado. De ello habla el documental de Iñaki Arteta «1980», que Telemadrid emitirá el próximo lunes en horario de máxima audiencia.

«Fue lo más parecido a una guerra, pero lo paradójico es que este continuo ejercicio de violencia se desarrolló el plena democracia, lo que acentúa la gravedad de lo que ocurrió, pero por aquel entonces, y hasta mucho después, el ímpetu nacionalista podía con todo», afirma Arteta que por aquel entonces tenía 21 años. A través de los recuerdos de víctimas, periodistas –entre ellos, Isabel Durán y Ander Landanburu– y un policía, y los políticos Ramón Lebayen, Teo Uriarte, Marcelino Oreja y Javier Ruipérez, el director recrea una realidad nada amable, porque si deleznables fueron los asesinatos y la extorsión no lo fue menos la actitud de los vascos, que mantenían un silencio escrupuloso. Ninguna palabra de consuelo, ninguna concentración de repulsa bien fuese por miedo, indiferencia o complicidad.

«Aplaudían a los asesinos»

La serpiente enroscaba con fuerza a España, aunque algunos lo asumían con gusto, incluso lo jaleaban, hasta intentar asfixiarla. «Por aquel entonces la marca ETA era muy potente y muchos estaban aterrorizados porque sabían que si decían en alto lo que pensaban les matarían», apunta Arteta, para añadir «que también había un sector significativo de la población que los aplaudía».

En ese año, el PNV era hegemónico en el País Vasco. Gobernaban la comunidad autónoma por mayoría absoluta, Carlos Garacoiechea era el lendakari, la presencia en el parlamento vasco de Herri Batasuna era más que significativa, mientras que los grandes partidos –PSOE y PP– tenían una presencia meramente testimonial. Arteta es muy crítico con la actitud de los nacionalistas en ese período. «PNV tenía cierta condescendencia con los asesinos y el apoyo total de Batasuna, su brazo político. Implantaron un clima de superioridad moral», explica el director. Además, dominaban la educación pública, por lo que iban inoculando a los jóvenes «esa idea de nación absurda y de que los vascos estábamos oprimidos por el Estado por lo que el apoyo social a ETA iba creciendo progresivamente mientras los que se posicionaban en contra de la violencia estaban marginados», añade.

Durante meses, Iñaki Arteta buscó testimonios de personas que habían vivido en carne propia esa tragedia a la que en esos años nunca se le puso nombre. Ofreció a numerosas víctimas que contaran sus vivencias, un empeño que a veces no era sencillo. Arteta lo comprendía porque «participar o no en el documental era una decisión muy personal. Hay personas que prefieren no recordar y otras que simplemente han optado por el silencio y no mostrar en público su dolor». El resultado es un documental poderoso que respira verdad y salda una cuenta pendiente con las víctimas, entonces ninguneadas.