La Policía, clave en «Bajo sospecha»

Blanca Romero es una policía infiltrada en «Bajo sospecha»
Blanca Romero es una policía infiltrada en «Bajo sospecha»

El productor, Ramón Campos, revela el papel del cuerpo en la serie de Antena3.

Tras «Desaparecida», un «thriller» dramático que produjo para TVE en 2007, Ramón Campos se quedó con ganas de volver al género dándole una vuelta de tuerca. Siete años después el resultado es «Bajo sospecha», que arrancó hace una semana en Antena 3 con una de esas cuotas de pantalla – un 21,6 y 4.216.000 espectadores – que provocan una sonrisa de satisfacción a los ejecutivos de la cadena y a la productora. «Aportamos una característica singular: los policías nunca se identifican como tales, además de que está dotada de una atmósfera familiar, oscura y hasta cierto punto enfermiza», apunta la directora de ficción de Atresmedia, Sonia Martínez.

Asesorados por especialistas

Tanto Campos como Gema R. Neira tenían la convicción de que al espectador, tan resabiado él después del aluvión de series que está viendo, le debían ofrecer un producto con unas señas de identidad bien definidas y una trama con la que pudiera empatizar. «Cuando desaparece una persona, y más aún si es un menor, es imposible no preguntarse quién lo ha hecho, por qué y, sobre todo, cómo», afirma el productor, que precisa que la serie tiene un aspecto diferencial respecto al resto: dos de sus protagonistas, los policías, ocultan su identidad para infiltrarse, como camarero y profesora, en el entorno de la familia de la desaparecida, los Vega, que bajo una pátina de normalidad esconden secretos y media verdades que les hace a todos ser sospechosos de la desaparición. «En la ficción esto se ha visto en casos de narcotráfico, pero nunca en un núcleo familiar. Da un juego dramático y un misterio importantísimo. Primero, porque los implicados les aceptan como si fueran uno más, lo que le permite a los espectadores ver la investigación desde dentro, la distintas reacciones de los presuntos culpables: cómo disimulan o parece que se delatan con una simple mirada», explica Campos.

Para que la ficción resultase creíble en una realidad lacerante, con los casos de Asunta y el de José Bretón – que Campos recalca que no le han servido de inspiración: «No queríamos caer en el oportunismo»–, los miembros de la productora pidieron el asesoramiento de la Guardia Civil y la Policía. «Les pasábamos los guiones y corregían los aspectos que no estaban bien plasmados», dice, para asegurar después que «los agentes infiltrados participan cada vez en más casos. Sólo hay que ver el «caso Bretón»: había agentes que ocultaban su identidad que a su vez eran ayudados por los superiores. Cuando anunciaban que se retiraban los efectivos de la búsqueda, el sospechoso actuaba con más libertad, sin darse cuenta de que estaba siendo vigilado por policías que se confundían con la gente que se encontraba en su rutina diaria». De lo que sí prescindieron es de la asesoría de psicólogos y psiquiatras para dibujar el carácter y el estado de ánimo de los familiares y los propios protagonistas. «Consideramos que no era necesario. Tanto Gema como yo tenemos hijos y era fácil ponernos en la piel de sus familiares, la incertidumbre ante la desaparición, la angustia, la rabia, esa fortaleza que no se sabe de dónde se saca para resistir el dolor...». Consciente de que vivimos en un mundo global en que la presencia de la ficción televisiva española está cada vez más presente en cadenas de distintos países, Campos admite que «Bajo sospecha» no sólo está pensada para los gustos del espectador nacional. «Fuera les enamoran nuestras series y las del resto de colegas. Es una nueva línea de negocio que no conviene perder de vista. Sólo hay que ver la acogida de “Gran Hotel” en Europa y también de “Velvet”». Ahora sólo queda saber si el espectador sigue enganchado a la serie protagonizada por Yon González, Blanca Romero y Lluís Homar, entre otros. «Es lo que tiene la televisión, que te sometes a un examen continuo. La verdad es que se sufre mucho», apunta el productor.