Los tronos pierden su literatura

«Vientos de inviernos» es el título del décimo y último capítulo de la sexta temporada de la serie, que ya ha sido emitido en HBO.

«Vientos de inviernos» es el título del décimo y último capítulo de la sexta temporada de la serie, que ya ha sido emitido en HBO.

La sexta temporada de «Juego de Tronos» ha llegado a su final, y lo ha hecho ofreciendo todo aquello que, durante un buen puñado de episodios, ha ido posponiendo. Una costumbre habitual en la superproducción de HBO que no por conocida resulta menos molesta. Porque al igual que la serie ha dejado atrás, forzada por la ausencia de libros de George R. R. Martín, la cuidada prosa que le ha caracterizado durante cinco entregas, también podría habernos deleitado con una narración menos dispersa que ofreciese a los espectadores más momentos de calidad. Esos que han llevado a muchos a decir que los últimos episodios han sido «lo mejor de la historia de la televisión». Como si medio siglo de ficción serializada pudiese borrarse con unas secuencias de acción emocionantes que se sustentan en la técnica y en el presupuesto que caracterizan a la serie.

La creación de Benioff y Weiss regresó a finales de abril con la incógnita de la que se habló durante meses, y que no resolvió hasta el final del segundo episodio. «Juego de Tronos» nunca tiene prisa. Una vez resuelta la duda, más mediática que real, los espectadores nos deleitamos con los interesantes «flashback» que trajo el regreso de Brann, con algunos esperados reencuentros y la aparición de nuevos personajes.

Pero también tuvimos que sufrir las recurrentes arengas de Daenerys, la vertiente cómica que aportaba la anodina trama de Meereen o algunas historias cuya contribución general difícilmente justifican los minutos invertidos. Especialmente frustrante ha resultado el desarrollo de la historia de Arya, a la que capítulo tras capítulo hemos visto sufrir esperando poder disfrutar de su revancha. Sin embargo, los creadores consideraron más oportuno omitir el desenlace de su enfrentamiento con la Niña sin Nombre y ofrecer únicamente el resultado del mismo.

Falta Martin

La esperada Batalla de los Bastardos y el explosivo capítulo final son los habituales fuegos de artificio con los que la producción acostumbra a deleitarnos cuando se acerca la inevitable despedida anual. Unos fuegos que la HBO costea convenientemente, sabedora de que tiene entre las manos una superproducción de interés mundial. Y que este año era especial por la ristra de Emmys que la serie se llevó gracias a la quinta entrega. Y porque Benioff y Weiss eran libres a la hora de decidir el destino de los abundantes personajes de «Juego de Tronos».

En las resoluciones que han tomado esta temporada, es posible reconocer cierta tendencia de los creadores a satisfacer al espectador. Y también la ausencia de la maldad propia de Martin, esa que hizo de la serie una creación valiente sin miedo a despedir a alguno de sus personajes principales.