Darian Leader: "Dormir se ha convertido en un producto más del mercado"

El psicoanalista y autor de "¿Por qué no podemos dormir?"defiende que la industria del sueño nos ha creado la falsa (e imposible) obligación de dormir ocho horas para que compremos sus colchones, aplicaciones o somníferos

Darian Leader en una imagen de archivo
Darian Leader en una imagen de archivo

El psicoanalista y autor de "¿Por qué no podemos dormir?"defiende que la industria del sueño nos ha creado la falsa (e imposible) obligación de dormir ocho horas para que compremos sus colchones, aplicaciones o somníferos

Ya no basta con estar delgado, hacer deporte, meditar, ver series o conciliar trabajo y familia. Ahora, además, hay que dormir bien. De un tirón y un mínimo de ocho horas. Esta nueva obligación, según la tesis del libro “¿Por qué no podemos dormir?” (editorial Sexto Piso), viene impuesta por el mercado y el capitalismo, que han convertido al sueño en el último producto de consumo. El psicoanalista Darian Leader (California, 1965) analiza las causas del insomnio y lo que ocurre en nuestro cerebro mientras dormimos, pero, sobre todo, identifica al causante de nuestros desvelos. Una inmensa industria del descanso que lo mismo nos vende un colchón que “tenemos” que cambiar cada diez años, que una aplicación para registrar las fases REM o unas pastillas para caer a plomo en la cama. Este revelador ensayo nos descubre que hasta hace apenas 200 años todo el mundo dormía en dos fases (y nadie acababa en el psiquiatra) y que se han inventado hasta 70 supuestos trastornos relacionados con el mal dormir. Leader concluye que siempre hemos descansado igual de bien o de regular porque no pegar ojo es, muchas veces, inherente a estar vivo. La única diferencia es que ahora alguien se está haciendo rico a nuestra costa.

- ¿Por qué cree usted que dormimos tan mal?

- No hay una respuesta corta, depende de cada caso en particular. Lo que debemos preguntarnos es por qué de pronto parece haberse convertido en un problema de salud pública de primera magnitud. Entre otros factores, se debe a que una actividad que ocupa un tercio de nuestra vida no se iba a escapar del mercado así como así. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido: el sueño se ha convertidor en una mercancía más.

- ¿La recomendación, casi obligación, de dormir ocho horas es un invento moderno?

- Las ocho horas de sueño son algo relativamente reciente, de hace unos 200 años. Pero lo que es realmente nuevo es que tenga que ser en un solo bloque, sin interrupciones. Ahora tenemos que dormir todo seguido sin despertarnos. Durante siglos se consideró perfectamente normal que se durmiera en dos fases; dormías unas horas, te despertabas y volvías a la cama. En más de 30 idiomas diferentes, existe una forma de llamar a este sueño bifásico. La llegada de la luz eléctrica, la revolución industrial, la nueva forma de administrar el tiempo que implica la producción en cadena... Todo lo que tiene que ver con el capitalismo fue clave para generar esta concepción del sueño con la idea de que el rendimiento del trabajador a la mañana siguiente fuera óptimo.

- ¿Por qué ocho y no siete o nueve?

- No siempre fue así. Tuvo mucho que ver con lo fácil que era dividir 24 horas entre tres periodos y con la necesidad de organizar el trabajo en fábricas que funcionaban día y noche a finales del XIX. Así se impuso un periodo de ocho horas de trabajo y de descanso para el trabajador, para que fueran tiempos simétricos. En cualquier caso, ni siquiera hoy en día es un número realista. En la mayoría de los casos la gente trabaja mucho más y duerme mucho menos.

- Dice que hay un gran presión sobre los pobres para que duerman como los ricos.

- Así es. En la década de los 80 y 90 del siglo pasado, se puso de moda que la gente con dinero fuera a un spa o un retiro de fin de semana para escapar del estrés de la vida moderna y recargar pilas. Hoy está ocurriendo los mismo con la diferencia de que el marketing se dirige a todos sin excepción, tengamos la capacidad adquisitiva que tengamos. El producto ya no es un balneario sino directamente el sueño de cada día al que, supuestamente, todos deberíamos tener acceso. Esto lo único que hace es incrementar la presión sobre gente que no está en disposición de poder dormir relajadamente cada noche. Ignoramos las dificultades que atraviesa mucha gente, problemas económicos, de vivienda, paro, largos desplazamientos hasta el trabajo... Con tanta incertidumbre no sé cómo podemos esperar que la gente duerma genial y se despierte fresca y feliz cada mañana.

- ¿Le parece un fraude toda la industria que se ha creado alrededor del descanso?

- Hay que tener en cuenta cuál es la esencia del marketing: dar a la gente un mandato imposible para que cuando no lo logre sienta que debe gastar dinero para conseguirlo. Una vez que la gente descubre que no puede dormir ocho maravillosas y reparadoras horas de un tirón, se compra un colchón nuevo, se baja una aplicación o toma somníferos. La industria creada alrededor del sueño es inmensa.

- ¿Estamos sobremedicados contra el insomnio?

- Cuando empecé a investigar para el libro, me sorprendió muchísimo comprobar el incremento de las recetas para dormir en la última década. Y es increíble sobre todo teniendo en cuenta que todos los estudios científicos de los últimos 60 años han concluido que las pastillas para dormir son dañinas y no mejoran el descanso a largo plazo. Las investigaciones no son ambiguas: los somníferos son peligrosos y adictivos y afectan a la arquitectura del sueño y a lo que ocurre mientras duermes. Ni sueño es el mismo ni se producen las mismas fases REM.

- ¿Cree que el insomnio tiene alguna función?

- Estoy seguro de ello, pero para comprender cuál es hay que analizar cada caso en su contexto. Cuando alguien tiene problemas para conciliar el sueño conviene ver qué está pasando en su vida. En cualquier caso, es muy importante que repasemos cuáles son nuestras expectativas, qué esperamos del sueño. No tiene sentido que esperemos que sean ocho horas ininterrumpidas porque cuanto más presionemos con esa idea peor haremos que se sienta la gente, más inadecuada y fracasada. Y ahí entrará la industria para rentabilizarlo.

- Es verdad que existe esa presión que, además, impide que conciliemos el sueño.

- Hay mucha gente que nada más despertarse mira el reloj, pero no para ver si llegan tarde al trabajo sino para autoevaluarse y contar las horas que han dormido. A ver si han sido ocho y han cumplido.

- Usted dice que no paramos de calibrar nuestro rendimiento en todos los órdenes de la vida, que incluso hemos adaptado a nuestro lenguaje términos como “imput” o “feedback” que correspondían a las máquinas.

- Así es. Puedes esperar que las máquinas se comporten de la misma forma siempre, algo que en los hombres es imposible y es precisamente lo que nos hace humanos. Muchos estudios sobre el sueño ignoran esto y dan por hecho que el ser humano funciona siempre de manera óptima y tiene que tener una serie de horas de descanso. ¿Por qué tenemos que operar siempre al cien por cien? ¿Por qué no un día bien y otro regular? De eso se trata. Es un error mirarnos a nosotros mismos como miramos a las máquinas, evaluándonos día y noche con esas aplicaciones que registran todo lo que hacemos. Nos hemos convertido en los peores jueces de nosotros mismos.

- ¿Se puede aprender a dormir?

- Muchas de las terapias ayudan y son beneficiosas, pero lo que me dejó impactado mientras escribía el libro fue cómo se centran en despolitizar el sueño en lugar de centrarse en las condiciones sociales y económicas que hacen que mucha gente tenga insomnio, como la precariedad. Ignoran totalmente las dificultades de la vida moderna.

- ¿No cree que es un concepto más americano que europeo?

- La industria del descanso es muy potente en EE.UU., aunque se ha extendido a otras zonas del mundo occidental. Esta previsto que este año el volumen de negocio de los inductores al sueño alcance los 77.000 millones de dólares y la mitad de esa cantidad se generará solo en América.

- Entonces, ¿usted cree que dormir menos no afecta a nuestra salud?

- Después de que saliera mi libro, la publicación “Sleep Medicine Reviews” hizo una recopilación de diferentes estudios sobre insomnio basados en 37 millones de personas. Concluyó que si no duermes bien de forma regular, tus posibilidades de contraer alguna enfermedad grave no se incrementan, tal y como estamos hartos de escuchar. De hecho, si duermes ocho horas o más tus posibilidades de enfermar son mayores que si duermes siete.

- Pero estará de acuerdo conmigo en que el estado de ánimo, por ejemplo, empeora considerablemente.

-Bueno, depende mucho de la persona. No se puede generalizar tampoco en este sentido. Hay gente que no duerme y siempre está de buen humor y al contrario. Puedes dormir mucho y estar deprimido.

- ¿En qué sentido dormir no es algo natural?

- Solemos asumir que dormir es algo biológico, pero nos esforzamos tanto en ello, consultamos a expertos, tomamos pastillas, hacemos terapia, e incluso tenemos que distraernos contando ovejas para lograrlo que, en realidad, no lo hacemos de forma espontánea y natural. Tenemos que ponernos a ello. Es algo fascinante.

- ¿Es más difícil dormir en estos tiempos de estímulos infinitos?

- Si retrocedes 120 años y te fijas en los periódicos de la época, te das cuenta de que entonces decían exactamente las mismas cosas que ahora: nadie puede dormir, hay una epidemia de insomnio causada por las nuevas tecnologías, el estrés... Por aquel entonces lo achacaban al telégrafo y a las líneas ferroviarias, que habían contribuido a romper la barrera entre el tiempo y el espacio.

- ¿Qué opinión tiene de la siesta?

- En España, Japón y Grecia, las pequeñas pausas para dormir durante el día están desapareciendo. Al mismo tiempo, grandes compañías como IBM o Pepsi tratan de animar a sus trabajadores a que duerman microsiestas porque creen que aumentaría la productividad. Sin embargo, esta iniciativa no ha calado porque la gente encuentra muy difícil conciliar el sueño en mitad de la jornada.

- ¿Usted duerme bien?

- La verdad es que hasta que empecé el libro sí, ja ja ja. Luego me mantenía despierto tratar de comprender por qué dormimos.

- ¿Cree que los sueños son sanadores desde el punto de vista psicológico?

- Creo más bien que cuando alguien está en una terapia y empieza a soñar eso significa que su psique está empezando a trabajar y puede ser reparador. Después un trauma, por ejemplo, el hecho de empezar a soñar tiene un sentido positivo.

- ¿No sabemos aún para qué dormimos?

- No tenemos la respuesta, hay muchos interrogantes sobre la biología del sueño que no hemos despejado. La teoría más extendida en este momento es que contribuye a fijar nuestros recuerdos y lo aprendido y a restaurar el metabolismo del cerebro. Por ejemplo, una de las cosas que suceden es que las experiencias del día se relacionan con esquemas o modelos mentales de la infancia. Esto puede verse en el contenido de los sueños. También sabemos que la actividad cerebral apenas desciende. Está muy activo tanto durante la fase REM como en el sueño profundo.

- Cita a Freud diciendo que dormir es una forma de escapar del mundo exterior. ¿Y de nosotros mismos?

- Algunos no pueden dormir por lo que se van a encontrar cuando cierren los ojos, tienen miedo porque se van a tener que enfrentar a ciertos aspectos de sí mismos que no les gustan, a alguna pesadilla recurrente o a imágenes aterradoras.