Desbordados por los virus emergentes

Zika, chikungunya y dengue son cada vez más comunes en las unidades del viajero y de enfermedades tropicales. En verano aumenta el número de turistas que regresan con ellas. Un ejemplo es el Hospital La Paz-Carlos III, donde están saturados

El doctor De La Calle atiende a una de las parejas que buscan consejo antes de viajar a un país africano
El doctor De La Calle atiende a una de las parejas que buscan consejo antes de viajar a un país africano

Fernando se estresa. No da abasto. Tiene la agenda repleta de pacientes que buscan consejo médico antes de hacer las maletas y huir del calor madrileño hacia zonas donde se exponen a nuevos virus y enfermedades. Pero la Unidad del Viajero del Hospital La Paz-Carlos III en la que trabaja Fernando de la Calle no sólo afronta este tipo de cuestiones: desde que se ha convertido en Centro de Referencia Estatal de Enfermedades Tropicales, el número de enfermos que van a su consulta también se ha multiplicado. «Estamos un poco sobrepasados», reconoce. Tienen que conjugar las consultas de futuros turistas con la llegada, cada vez más frecuente, de casos de zika, dengue o chikungunya. Virus emergentes y que antes estaban muy focalizados en una región, pero que ahora, con la globalización, se extienden por todo el mundo. Sólo en 2015, la Unidad del Viajero y Vacunación Internacional del Hospital atendió a 10.226 viajeros y administró 22.529 vacunas, sin contar con los pacientes con alguna enfermedad que también acudieron al centro. En el primer semestre de este año, 4.844 personas pasaron por consulta de tropicales, «la mayoría por casos de dengue, zika o chikungunya», afirma De la Calle. «Debemos ser conscientes de que no sólo se mueve cada vez más gente, sino que somos un país de acogida de inmigrantes y es normal que virus que son autóctonos de otras zonas del globo lleguen aquí».

«En estas fechas se nos juntan tanto los viajeros que quieren irse como los que regresan», afirma el facultativo que es capaz de sacar un ratillo para atender a LA RAZÓN. Y el problema es que muchos de los que vuelven no acuden directamente a las unidades de medicina tropical cuando se encuentran enfermos, sino que van a sus médicos de cabecera, «que no saben detectar, en muchos casos, la patología del enfermo». Fernando saca su móvil y enseña el pie de una paciente a la que acaba de atender. «La mujer ha venido de otra comunidad autónoma porque los médicos no eran capaces de decirle qué le ocurría». En la imagen se percibe el rastro de una pequeña culebrilla que le mordió entre los dedos y que intentó seguir subiendo. «Es una ameba», nos explica el médico. Casos como estos tienen muchos. «Los conocemos bien porque nos llegan muchos, pero otros médicos es habitual que no lo detecten», añade el doctor.

De la Calle, junto a los otros seis doctores que conforman la unidad, son los que están haciendo el seguimiento de los casos de zika que ya se han registrado en la Comunidad de Madrid, así como las siete embarazadas a las que se les tiene que hacer un control especial para vigilar que el virus no cause malformación en el feto. Pero De la Calle sabe que «aun conocemos poco de la enfermedad. De ahí que las revisiones sean imprescindibles».

El virus del Zika también crea muchas dudas entre los viajeros. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene muy marcadas las zonas donde existen más probabilidades de entrar en contacto con el mosquito transmisor, por la consulta de enfermedades tropicales son muchas parejas las que hacen la misma pregunta: «¿Nos podemos quedar embarazados?». Es más, muchas de ellas acuden a consulta con el planteamiento de cambiar su destino de vacaciones. «Ya ocurrió hace un par de años con el ébola, que muchos viajeros decidieron cambiar de zona por miedo al virus», confirma De la Calle, aunque «por el ébola ya no pregunta nadie». Como ya saben que todos los que acuden a consulta preguntan por el virus que transmite el mosquito Aedes Aegipty, sobre su mesa una carpeta contiene todos los datos: «Información del Zika». En ella explica su prevalencia y síntomas, pero el médico siempre les insiste a los pacientes en que es una enfermedad leve. «Es como pasar un resfriado fuerte y, en algunos casos, el enfermo la padece sin tan siquiera saberlo», afirma De la Calle. Eso sí, «el problema lo tienen las embarazadas». Por eso, muchas mujeres en edad fértil también le preguntan en consulta por las posibilidades de contraer el virus. «Por ahora, con las evidencias que tenemos, sólo sabemos que existen más probabilidades de que el feto sufra microcefalia en el segundo semestre de gestación», pero aún quedan muchos detalles por conocer de esta enfermedad que, a medida que va llegando el invierno a Suramérica, irá reduciendo su incidencia. En España ya se han contabilizado 193 casos, aunque sólo uno de ellos es autóctono, por transmisión sexual.

A pesar de la alarma social que ha creado el zika, por su afectación en los más pequeños, De la Calle insiste en que el virus del Chikungunya, que lo transmite el mismo mosquito que el del zika, es mucho más doloroso y puede dejar secuelas mucho más graves. «Afecta sobre todo a las articulaciones y ya tenemos varios casos de personas a las que se les ha cronificado el dolor», afirma el médico. Es por ello que a esta enfermedad se la conoce como la de «el hombre doblado». Por sus primeros síntomas –fiebre fuerte, eritema, dolores articulares– se suele confundir con el dengue, aunque la insistencia de los problemas articulares suelen ser un indicativo claro de la enfermedad.

Esta época del año «es muy de virus», insiste el experto en Infecciosas. Por eso, la tercera gran enfermedad que más prevalece durante estos meses de verano es el dengue. Otra de las enfermedades «que más tratamos estos días» y para la que tampoco existe tratamiento. También llega de países del sur de América, aunque su prevalencia se extiende también por Asia, especialmente en Vietnam e Indonesia. Uno de los principales problemas de que este virus se transmita a mujeres embarazadas es que éstas se lo pueden pasar a sus fetos. Además, en países como Brasil, donde el zika y el dengue conviven, es muy probable que la picadura de uno de los mosquitos transmisores pueda provocar las dos enfermedades, por lo que las probabilidades de que el bebé pueda nacer con problemas de microcefalia son mayores. El ejemplo lo tenemos en España, concretamente en Cataluña, donde ha nacido el primer niño con microcefalia. Su madre contrajo las dos patologías en un viaje a Latinoamérica y los expertos en enfermedades infecciosas tienen claro que esta coinfección aumentó el riesgo del recién nacido.

La fiebre amarilla también preocupa a los expertos, pero en otro grado porque sí que existe una vacuna muy efectiva para prevenirla. «Actualmente existe un brote que se está extendiendo por África. Ya ha saltado de Angola al Congo y Uganda, pero lo que más nos preocupa es que también se han dado casos en Asia, donde antes no había», explica el experto de La Paz-Carlos III. Además, justo el pasado mes de junio, las autoridades sanitarias ya han confirmado que la vacuna que previene contra este virus es efectiva más allá de los diez años, por lo que ya no es necesario renovarla.

Pero la Unidad del Viajero «no es sólo que vengan a ponerse una vacuna y listo», insiste De la Calle, si no que los médicos les tienen que hacer todo un nuevo historial médico, «porque no todo el mundo se ha puesto, durante la infancia, las mismas y, dependiendo de la edad del paciente, son más efectivas unas que otras», añade.

En lo que se refiere a la malaria, otra de las enfermedades «clásicas» que se tratan en estas unidades, muchos viajeros «aún creen que existe una vacuna. Pero no es así, para combatirla sólo se pueden tomar medicamentos preventivos», añade el experto. Además, los médicos especializados que están al día de las nuevas alertas que surgen en cada país también les indican en qué partes de su recorrido podrían encontrarse con la malaria, ya que la profilaxis sólo se toma unos días antes de entrar en las áreas endémicas y durante su estancia en ellas.

Más cerca de una vacuna contra el zika

Desde que se han conocido los efectos que el virus del Zika puede tener en los bebés, los científicos trabajan contrarreloj para dar con una vacuna efectiva. Y cada vez están más cerca. Esta semana, en la revista «Science» publicaban un estudio que afirmaba la efectividad total de tres compuestos diferentes en monos, mientras que el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID) ya ha comenzado a administrar la primera vacuna en voluntarios sanos, con el objetivo de poner a prueba la seguridad y la capacidad de generar una respuesta del sistema inmune. «Una vacuna segura y eficaz para prevenir la infección por el virus del Zika y los defectos devastadores que provoca en los bebés es un imperativo de salud pública», afirmó el director del NIAID Anthony S. Fauci.