Las mejores universidades rinden tres veces más que las peores

La Pompeu Fabra y el sistema universitario catalán lideran el ranking nacional. Canarias, Extremadura y La Rioja, peores regiones para estudiar. Sólo hay una privada entre las diez mejores. Sin embargo, superan a las públicas en cuanto al rendimiento de los docentes

La  Pompeu Fabra de Barcelona encabeza la clasificación de mejores universidades
La Pompeu Fabra de Barcelona encabeza la clasificación de mejores universidades

La Pompeu Fabra y el sistema universitario catalán lideran el ranking nacional. Canarias, Extremadura y La Rioja, peores regiones para estudiar. Sólo hay una privada entre las diez mejores. Sin embargo, superan a las públicas en cuanto al rendimiento de los docentes

¿Universidades públicas o privadas? ¿Las facultades de Cataluña o de Madrid? ¿Son mejores los profesores que los investigadores? Y, por supuesto, ¿cuál es la mejor universidad? El cuarto baremo U-Ranking, elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y la Fundación BBVA, da respuesta a las preguntas sobre las que se cimienta la calidad del Sistema Español Universitario. El estudio «examina» la labor de 61 universidades –más del 95%–: 48 públicas y 13 privadas y se divide en cuatro rankings: uno general sobre el rendimiento de cada universidad, uno referente a la docencia, otro sobre su labor investigadora y uno último que versa sobre sus trabajos en innovación y desarrollo tecnológico. Estas clasificaciones se basan a su vez en 25 indicadores, como son los artículos científicos publicados, las tesis doctorales, las tasas de abandono, las notas de corte o las patentes, y que distinguen 11 niveles. ¿La ganadora indiscutible? La Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona, primera en el ranking y la única que alcanza un índice del 1,6. Aún así, a tres años vista –el periodo comprendido entre 2013 y 2016–, el sistema universitario público ha mejorado en su conjunto 5,6 puntos porcentuales.

Lo cierto es que los autores del análisis señalan un «estancamiento» de algunas variables, como son el rendimiento docente (-1,2 puntos porcentuales) y el rendimiento investigador (-0,8). «Los resultados indican que los ajustes en recursos han tenido consecuencias en la investigación. Pero también hay que reflexionar. Los rendimientos son muy heterogéneos: no es sólo gastar más, sino gastar bien. Que la inversión en las universidades vaya a aquellas unidades donde mejor se aproveche», señaló durante la presentación de los resultados Francisco Pérez, director de Investigación del IVIE. Por el contrario, los resultados en innovación y desarrollo tecnológico han mejorado un 6,9%

En general, los resultados son parejos con respecto a los de 2015. Un total de 41 universidades han mantenido su índice, dos lo han aumentado y cinco lo han empeorado. «Estamos mejorando entre poco y nada desde una perspectiva nacional e internacional. Estamos lejos de ser los mejores», confesó Pérez. La Pompeu Fabra lidera en solitario la clasificación, pero sus inmediatas perseguidoras son vecinas más que próximas: la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC). Es más: en lo que se refiere al ranking de investigación, está dominado por la UAB, mientras que la UPC también lidera el de transferencia tecnológica. Además, en cuanto a resultados docentes, la Pompeu Fabra también está la primera del ranking, empatada con la Universidad de Navarra.

No en vano, si se analizan los resultados por comunidades autónomas, los autores del estudio constatan que «el sistema universitario más potente de España es el catalán, con un índice de rendimiento situado un 20% por encima de la media». Con todo, está seguido de cerca por el de Cantabria –en este caso con una sola universidad–, con un 12% sobre la media nacional, y el de la Comunidad Valenciana, con un 11%. Navarra, Islas Baleares y Madrid también superan la media española. En definitiva, los mejores centros se sitúan «en las grandes áreas metropolitanas», pues sus resultados triplican los de las universidades «menos productivas» gracias, sobre todo, a su «potencia investigadora» y las actividades de transferencia tecnológica.

Pero el ranking también refleja la otra cara de la moneda. Las últimas universidades de la clasificación, salvo la UNED, son privadas: con un índice del 0,5, la Universidad de San Jorge; con un 0,7, la Universitat Oberta de Cataluña, la Universidad de Vic, la Universidad Católica de Valencia y la Universidad a distancia de Madrid ; y con un 0,8, la Universidad Europea de Madrid. En cuanto a las públicas, las últimas son, entre otras, las universidades de León, Las Palmas de Gran Canaria y La Rioja. Y es que, como recuerdan los autores, en la calidad universitaria también hay diferencias interregionales: Extremadura, Canarias y La Rioja se separan de la media nacional más de un 20%, y la distancia con las primeras clasificadas alcanza los 46 puntos porcentuales. Un dato igualmente revelador: las universidades más eficientes triplican el rendimiento de las que presentan menores resultados.

«No tiene sentido ignorar esta circunstancia al diseñar las políticas universitarias y los objetivos de mejora», apuntan en el análisis, pues la «heterogeneidad» del sistema universitario español obliga a «no aplicar los mismos objetivos para universidades que son muy distintas».

En la particular «batalla» entre universidades públicas y privadas los resultados son dispares. Es cierto que, a nivel de rendimiento general, la presencia de las primeras es mayor que la de las segundas, que se sitúan por debajo de la media del Sistema Universitario Español. Tampoco hay color en lo que respecta a la labor investigadora. En este sentido, las privadas ofrecen unos resultados «muy pobres», situándose en su conjunto un 36% por debajo de la media y sólo superada por la Universidad de Navarra. Sin embargo, en cuanto a rendimiento docente, los centros privados están en todo lo alto. En el ranking elaborado en este sentido, de los diez primeros puestos, cinco corresponden a este tipo de centros, con Navarra a la cabeza empatada con la UPF y seguidas ambas de las también privadas Deusto y Ramón Llull. Teniendo en cuenta que sólo 13 universidades privadas participan en un ranking de un total de 61, llama la atención que prácticamente la mitad se sitúen en este «top ten». «Las universidades privadas están especializadas en docencia y sus buenos resultados docentes no van acompañados de un buen desempeño en investigación», afirman en el texto. Por contra, ningún centro privado está entre los primeros en el apartado de innovación y desarrollo, pero seis de los 13 centros analizados se encuentran por encima de la media en estas actividades.

Finalmente, el estudio ha distinguido entre siete tipos de universidades: las universidades altamente especializadas, de tamaño medio alto y con mayores recursos financieros, con las politécnicas, la Carlos III y la Pompeu Fabra a la cabeza; las grandes universidades metropolitanas, de tamaño elevado y generalistas como la Complutense, la Universidad de Barcelona o la de Valencia; las jóvenes universidades investigadoras, nacidas en los años 90 y con un profesorado con redes internacionales, como son la Rovira i Virgili y la Jaume I; las universidades regionales generalistas –Sevilla, Santiago y Salamanca–, ubicadas en provincias con PIB per cápita modestos y de dotación de recurso inferior a las anteriores; las privadas, orientadas a la docencia y con elevados presupuestos por profesor y alumno; las públicas docentes, que suelen ser únicas en su provincia –como en Cádiz, Castilla-La Mancha, Extremadura... –, y las universidades a distancia, con presupuestos reducidos debido a su gran número de alumnos por profesor.

Unanimidad al implantar los grados de tres años

La Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) se suma finalmente a la decisión de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) para posponer la implantación de grados de tres años a septiembre de 2017. La UNIR y la Universidad Alfonso X el Sabio fueron las únicas que votaron en contra de la asamblea de la CRUE, pues tenían la intención de adelantarse y ofrecer las nuevas titulaciones a partir del curso 2016-2017, no sumándose así a la moratoria que pedían los rectores. Con todo, la Alfonso X el Sabio anunció aquel mismo día que acataría el resultado de su votación, aunque sí pidió una excepcionalidad para implantar ya estos grados de tres años en Musicología y Traducción e Interpretación del lenguaje de signos.