Los padres sevillanos, contra los lubricantes

El Ayuntamiento aportó 1.470 euros para que se dieran en institutos. Los chicos se lo toman a risa

La Razón
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Las charlas sobre sexualidad no son lo que eran. En Sevilla, concretamente, los bachilleres no sólo reciben una formación destinada a evitar las enfermedades de transmisión sexual, sino que se enfoca en la promoción de «la salud afectiva de los y las sevillanas». Para ello, para potenciar la diversidad de los afectos, el Ayuntamiento ha adquirido, como se informó en estas páginas, un lote de 7.000 monodosis de «lubricante vaginal y anal» por 1.470 euros, que serán distribuidos en los centros de secundaria para el programa de educación sexual.

«Pensaba que los fluidos de los órganos sexuales bastaban para facilitar las relaciones, pero ahora sé que también existen métodos para crearlos artificialmente», afirma Daniel D. G., alumno de cuarto de ESO del instituto Isbilya, para quien estas charlas educativas no tienen nada de novedosas año tras año. «Es igual cada curso. Nos insisten en la importancia de usar anticonceptivos, en general para evitar embarazos; y condones, para no transmitir ni sufrir contagios». Lo que desconocía este adolescente del barrio de Santa Justa, inocente como un biberón, es que había instrumentos, lubricantes, que servían para hacerlo todo desde la fluidez, desde el más rabioso «flow».

Una chica que acaba de estrenarse en la vida universitaria recuerda que los lotes de lo que ella denomina «juguetes» que se distribuyeron el curso pasado en su instituto público sirvieron «para todo excepto para la función que tenían. Más que nada, los usamos para hacer el gamberro. Se puede contar que inflábamos los preservativos y los llenábamos de agua para hacer guerras de globos. Otras cosas es mejor no contarlas». Aunque no lo confiesa, tampoco niega más de un docente se encontró al llegar a clase su silla coronada por un instrumento fálico. Una profesora con varios trienios de experiencia en un centro concertado se apunta a las risas. «Son bromas que pueden resultar de mal gusto pero no dejan de tener su gracia. ¿Qué esperan? Se planta un señor con consoladores a dar una charla sobre posturas sexuales a cien chavales de 16 años. ¡Claro que se lo toman a cachondeo! Cómo se nota que quienes tienen estas ideas no han pisado un aula en su vida».

La iniciativa del área de Bienestar Social y Empleo del Ayuntamiento sevillano, que prevé la participación de unos 80 centros en el presente curso, busca que el estudiante no se limite a códigos sexuales centrados en la procreación. «Cada persona debe ser capaz», indica el informe municipal, «de establecer relaciones amorosas y afectivas de buen trato, relacionarse de una manera equilibrada, reconocer sus derechos sexuales y reproductivos, tomar decisiones de manera libre, saber pedir, decir no, atender a sus deseos, disfrutar de las relaciones eróticas», entre otras motivaciones.

En cuanto a los lubricantes para genitales femeninos, un pedagogo adscrito a un centro público, repite una pregunta que muchos se han hecho estos días. «Si una adolescente tiene sequedad vaginal, ¿no será mejor llevarla al ginecólogo?».

Los grupos de presión

Para grotescas, las caras que se le han quedado a muchos padres que no imaginaban cómo se las gastan en los institutos . Hay quienes comprenden la utilidad de un lubricante: los preservativos, en manos de un no experimentado, pueden romperse. Las relaciones homosexuales, en manos de un iniciado, pueden fructificar en el nirvana, defienden los grupos de presión. «La sexualidad es un conjunto de vivencias, de emociones, de expresiones y de conductas. La sexualidad es un concepto muy amplio que incluye además la comunicación, la afectividad y el placer», justifica el informe técnico del Ayuntamiento comandado por el socialista Juan Espadas. Ante las críticas, el Gobierno municipal se defiende: el programa de talleres sexuales, implantado desde hace siete años, estuvo en marcha durante el anterior mandato. ¿Ser o no ser? Las respuestas, mejor con vaselina.