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El Chicle: «Le quité la ropa porque estuvo en contacto con mi coche. Yo no la violé».

Declaró esta mañana en la primera sesión del juicio. Trató de convencer al jurado de que mató a joven «sin querer» tras haberle sorprendido Diana robando gasoil a los feriantes

José Enrique Abuín Gey, El Chicle, acusado del asesinato en 2016 de Diana Quer, ha asegurado este martes ante el tribunal que le juzga que mató a la joven por miedo a que esta le delatara tras haber robado gasoil de varios camiones.

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Llegó el día. José Enrique Abuín Gey, «El Chicle», ha entrado esta mañana a los juzgados de Santiago de Compostela vestido con cazadora y pantalón vaquero, con la barba recortada y con apenas un hilo de voz (ronca) pero con la lección bien aprendida. Ha tenido la suerte de contar con una letrada, Fernanda Álvarez, que ha realizado un impecable relato de defensa, sembrando dudas sobre el jurado (inevitablemente condicionado) desde el primer minuto y cuestionando el rosario de indicios que pesan sobre Abuín. «No la metió viva al coche, no la violó. Sino, habría pruebas. No las hay porque no se cometieron esos delitos», dijo tajante. Lo cierto es que se notó que había preparado muy bien la declaración de su cliente, que se juega la prisión permanente revisable si se puede acreditar que agredió sexualmente a Diana Quer antes de asesinarla la noche del 22 de agosto de 2016, como sostienen Fiscalía y acusación. Pero durante su declaración, él dio a entender que, prácticamente, fue todo fruto de un fatal accidente, que la mató casi sin querer, tratando de desviar el crimen hacia el homicidio para rebajar sustancialmente el tiempo que le espera en prisión. «El Chicle» comenzó a hablar a las 12:48 horas y lo hizo para explicarle a la fiscal, Cristina Margalet, lo que fue a hacer aquella noche en A Pobra do Caramiñal. «Fui a robar gasoil a los camiones de los feriantes», explicó con una voz tan ronca que apenas se le entendía en la sala. Por eso aparcó en las inmediaciones, bajó con las garrafas y se dirigió a dos camiones. «El primero no tenía apenas gasoil. Miré el segundo, metí la manguera y saqué garrafa y media». Fue al volver hacia el coche cuando, según él, «me encontré con la chica de frente». «Pensé que era alguna persona de los feriantes y tuve miedo de que me delatara», explicó. Abuín dijo que tenía antecedentes por nacotráfico y podía entrar en prisión. Por eso «y por miedo a los gitanos» actuó así. «Le eché la mano derecha al cuello y la izquierda por detrás de la cabeza, sin darme cuenta de la presión que hacía. Cuando me di cuenta ya estaba parada. No se movía». Entonces, dice que la dio unas palmadas en la cara para que reaccionara pero nada. «Mi intención no era matarla», recalcó. La fiscal le preguntó si tenía tanta fuerza en las manos (cómo para romper el hueso hioides, a la altura de la garganta, como reveló la autopsia) a lo que él contestó con un absurdo ejemplo, fuera de lugar: «Antes de que me operaran sí. Yo podía levantar mi peso con dos dedos de una mano», dio como dato.

Después de matar a Diana, «El Chicle» dijo que la cogió en brazos y la echó sobre los asientos traseros del coche. Cogió su bolso y su móvil y lo dejó en el asiento del copiloto. «¿Por qué no avisar mejor a la Policía?», le preguntó la fiscal. «Me asusté y reaccioné así. Se que lo hice mal pero reaccioné así». Todo esto tuvo que ocurrir cuando apenas faltaban unos diez minutos antes de las tres de la madrugada porque fue a las 2:38 horas cuando Diana escribió su último WhatsApp a un amigo, contando su temor porque un gitano le había dicho el famoso «morena ven aquí». Aunque él dice que a las 3:15 o 3:30 ya estaba en su casa, aún tuvo que llevarla a Asados, tirarla al pozo y regresar a su casa. Abuín dice que salió del pueblo y cogió la autovía AG-11, donde a la altura del puente de Taragoña, tiró por la ventanilla el móvil de la chica. «Mi intención era dejar su cuerpo en la ría pero había gente en el muelle» por lo que continuó hacia la nave abandonada de Asados. «Accedí por el portal que hay a mano izquierda». Después abrió desde dentro el portón y metió el coche. Sacó a Diana, según él, ya fallecida, y la bajó al sótano «con el cuerpo en brazos», donde sabía que había un pozo. Conocía bien la nave porque había entrado a robar madera y aún quedaban en el interior muebles abandonados. Antes de tirarla al mismo, dice que le quitó la ropa «por miedo a que quedaran restos del coche» y su análisis pudiera delatarle, justificando así el cuerpo desnudo de Diana. «El Chicle» asegura que él no le quitó el tanga «porque no estaba en contacto con el coche», dando a entender que si estaba en el pozo lo habría ido sacando el agua. Ni la fiscal ni el abogado de la acusación se les ocurrió preguntarle por qué, según este razonamiento, sí tiró el bolso al pozo. A pesar de que lastró el cuerpo con un cable atado y dos bloques. El cadáver de Diana «quedó flotando». La ropa la metió debajo del asiento del copiloto y, dice, al tiró al día siguiente a los contenedores de un pueblo cercano. Después de todo esto, Abuín tuvo la sangre fría de permanecer callado casi 500 días, sabiendo cada vez que iba a su pueblo, que ahí escondido estaba el cuerpo de una joven cuyos padres y hermana se estaban volviendo locos.

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“Mírame a la cara”

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Además de Abuín, esta mañana ha sido el turno de que declararan los padres de la víctima, que ayer ni se miraron en la sala de vistas. Primero lo hizo Juan Carlos Quer, que relató el dolor que ha causado este crimen en la familia: «Este señor ha generado cuatro víctimas», en alusión a su hija muerta («fue asesinada, no fallecida», corrigió Quer a la fiscal), a su ex mujer, a su hija Valeria y a él. Precisamente sobre Valeria centró su relato. «Ha sido devastador para ella», y explicó que ha estado ingresada en centros de salud mental y que en una ocasión «se provocó 15 quemaduras por el cuerpo con un mechero» para exteriorizar su dolor. Él, por su parte, explicó que «dejas de trabajar, de vivir. Vegetas» y dijo que aquella noche visualizaba a su hija Diana «como un cervatillo» frente a su depredador. A continuación entró en la sala Diana López Pinel, que sí miró al asesino de su hija pero él no subió la mirada. Se derrumbó al describir a su hija. «Era una niña tremendamente bondadosa, era buena, un ángel». Cuando la fiscal le preguntó si era vulnerable ella dijo: «No sé, preguntarle a su asesino ¿verdad Chiquilín». Al salir le espetó a Abuín a unos centímetros: «Mírame a la cara», pero la Policía se llevó al acusado fuera.

Del lloro a la negación: así se portó “El Chicle” durante la primera sesión:

No apartaba la mirada del suelo mientras los fotógrafos inmortalizaban su imagen: cazadora y pantalón vaquero, zapatillas de piel azules con dos rallas blancas y barba arreglada, dejando solo rasurada la linea sobre la mandíbula. “El Chicle” permaneció durante el relato de los hechos con los ojos cerrados y negó con la cabeza hasta en nueve ocasiones, cuando mencionaban su ánimo sexual, la violación de su cuñada, cuando decían que la introdujo en el maletero o que la colocó la brida al cuello. También parecía que lloraba (se enjugó los ojos) cuando habló su abogada y al decir la madre de Diana que su hija era «un ángel».