El feminicidio va por países

Los asesinatos de mujeres, como el hambre en el mundo, como la educación o el acceso a la Sanidad, es una frontera (también) insalvable entre países

Los asesinatos de mujeres, como el hambre en el mundo, como la educación o el acceso a la Sanidad, es una frontera (también) insalvable entre países.

La lucha contra la violencia machista es, antes de nada, una lucha por la concienciación ciudadana de que las sociedades deben combatir con firmeza esta lacra. Nuestro país –pese a lo que algunos puedan pensar– es uno de los que más ha trabajado para que las agendas de los distintos gobiernos españoles incluyan políticas, fondos y personas al servicio de este combate. En otros países europeos, como Alemania, el camino aún no ha entrado en el nivel de desarrollo que tiene España.

Eso llega al punto de que los denominan eufemísticamente «dramas familiares», sin destacar que, en la inmensa mayoría de los casos, es un hombre quien mata a su mujer y, en ocasiones, también a sus hijos. Los periódicos serios y las televisiones públicas, por su parte, no registran la violencia machista en absoluto, siguiendo una tradición informativa que no presta apenas atención a los sucesos. Las pocas excepciones que se hace con ellos es cuando los protagonistas son extranjeros. A nivel europeo, 13 millones de ciudadanas experimentaron violencia física, 3,7 millones sufrieron violencia sexual y 9 millones, acoso sexual. Estas son las conclusiones principales sacadas de la primera macroencuesta europea sobre violencia machista que realizó la Agencia Europea de Derechos Humanos en marzo de 2014.

Desde entonces, las estadísticas han experimentado una ligera mejoría, gracias a una mayor concienciación ciudadana en favor de las mujeres. Sin embargo, Europa es un oasis frente al resto de los continentes, donde la violencia sexual o asesinato de mujeres alcanza unas cifras vergonzosas y donde la ley da al padre o marido un control exclusivo sobre la mujer o los hijos. Buena prueba de ello es que una mujer que vive en Honduras, que está en riesgo de ser una víctima de femicidio, perpetrado por un compañero o un miembro de la familia, es 40 veces mayor que el de una mujer en Europa Occidental.

En nuestro continente Montenegro, Letonia, Lituania o laRepública Checa, al igual que Bosnia o Croacia, tienen números más altos que la media europea. La educación, la concienciación, la divulgación... el progreso social, la evolución en definitiva, es la mejor arma contra los feminicidios. No hay atajos.