El juez busca romper la alianza Rosario Porto-Alfonso Basterra

Desaparecen un móvil y un ordenador del padre

Rosario Porto y Alfonso Basterra
Rosario Porto y Alfonso Basterra

El juez Vázquez Taín ha decidido aflojar las riendas del férreo control que ejercía sobre la investigación. Ha abierto la caja de los indicios y ha permitido que a ella se asomen los abogados de Rosario Porto y Alfonso Basterra. También de la acusación popular que ejerce la Asociación Clara Campoamor. Sólo ellos tienen el derecho a conocer, pero algunos efluvios se han escapado y han llegado a los ojos ávidos de los que nos dedicamos a informar. El levantamiento del secreto del sumario desvela inquietantes preguntas para las que todavía no hay respuesta, quizá nunca la haya. Una pequeña muestra es que han desaparecido el segundo móvil y el ordenador del padre de Asunta. ¿Por qué tenía dos teléfonos?¿Dónde están? ¿Quién los ha ocultado? ¿Qué datos esconden estos dos dispositivos? El juez reconoce que «se le escapan» las razones de la intencional ausencia de los aparatos. Los padres de Asunta fueron detenidos de forma escalonada. Primero ella y aproximadamente 24 horas después él. Tiempo más que suficiente, desde un punto de vista especulativo, para borrar rastros. De hecho, a Alfonso, todavía libre, se le vio salir de su casa portando en una mano una bolsa de papel oscura, que asomaba dentro la punta de otra de plástico blanco. ¿Qué había allí dentro?

Sin embargo, Vázquez Taín sí esboza varios indicios que le hacen estar convencido de que Rosario y Alfonso merecen sentarse en el banquillo, acusados del asesinato de Asunta. Vitales son las declaraciones que ambos imputados prestaron en el juzgado. Allí se perfilaron confusiones, inexactitudes y contradicciones. Así las relata el propio juez en el auto de levantamiento del secreto de sumario: «Rosario, después de ser informada durante su interrogatorio de que existían cámaras de seguridad en las que presuntamente se la ve en el coche acompañada de su hija camino de la finca de Teo, cambia de versión y, después de reiterar en numerosas ocasiones que su hija se había quedado en Santiago, rectifica y afirma que subió con ella a Teo». ¿Confusión? ¿Mal recuerdo? ¿Estrés? ¿Nerviosismo? Vázquez Taín cree que ni hablar del peluquín. En su opinión, sólo cuando la madre de Asunta se vio cazada en una mentira palmaria modificó su versión para ajustarse a las pruebas y tratar así de buscar una explicación que la alejase de la culpabilidad.

En el auto, el magistrado, de forma inteligente, también aprovecha para sembrar la discordia entre la pareja, buscando probablemente que uno de los dos imputados confiese al verse traicionado. Así, tomando como partida la declaración de la madre, el magistrado constata que «se acusa a Alfonso de haber intoxicado supuestamente a la menor, al menos en una ocasión, con polvos blancos que no ha explicado de qué se trataban». En esta estrategia, lícita, perspicaz, pero probablemente demasiado obvia, el juez Vázquez Taín apunta que Rosario reconoce que su ex tenía Orfidal en su casa, «y así se le informó a Alfonso, aunque éste desmiente a su esposa». Orfidal es el nombre comercial del Lorazepam, las pastillas que Asunta ingirió en enormes cantidades el día de su muerte, tal y como ha quedado demostrado.

No fueron las pastillas las que acabaron con la vida de la pequeña. El informe médico forense que hay sobre la mesa del magistrado afirma que se debió a una asfixia mecánica, es decir, que se utilizó algún objeto o instrumento externo para impedirle respirar y provocarle la muerte. Entonces, ¿qué sentido tienen las pastillas? Según el juez, «fue Alfonso el que suministró a la menor una dosis tóxica de Orfidal para privarla de toda voluntad y defensa y presuntamente facilitar la acción de defensa». Lo que penalmente se conoce como alevosía y que en este caso convierte el homicidio en asesinato. No es baladí. La pena pasa de una horquilla de entre 10 y 15 años a otra que va de los 15 a una máxima de 20 años. Y si se maneja la agravante de parentesco, de 17 años y medio a 20. De ser condenados, los días que están pasando ahora mismo los padres de Asunta en la prisión de Txeiro les serían descontados de la pena.

Los que han quedado limpios de toda mácula son tres individuos sobre los que la Guardia Civil ha hecho una profunda investigación. En la muerte de la pequeña Asunta Basterra, sólo había dos hechos que los llevasen a pensar que podía existir un tercer implicado. El primero, el semen hallado en la camiseta. Vázquez Taín lo ha descartado porque apunta a los laboratorios de Madrid como culpables de una contaminación negligente. Algo que el Servicio de Criminalística ha investigado y niega ofendido con rotundidad.

El segundo, el traslado del cadáver. A los experimentados agentes de la policía judicial les costaba imaginarse a Rosario Porto, de unos 46 kilos, transportando a su hija, de 42, muerta en brazos. ¿Podría haberla ayudado alguien? Desde el principio no había una sola evidencia que soportara tal hipótesis y, de hecho, se descartó hace tiempo, aunque el magistrado afirme que es una conclusión reciente. Entonces, ¿qué solución han encontrado para explicar el traslado? Sencillo. La Guardia Civil cree que es posible que Rosario se saliese con el coche del camino de la pista forestal y se internó en los matorrales. No hay nada que lo impida. Abrió la puerta de atrás, cogió de las axilas a Asunta, que estaba tumbada en el suelo de los asientos traseros y la depositó en el suelo. Al parecer, hay unas mínimas señales de arrastre en los tobillos, que serían el único elemento que serviría para corroborar esta hipótesis de trabajo.

La clave

ALGUNOS DATOS DE LA INVESTIGACIÓN NO CUADRAN

El juez Vázquez Taín, además de justificarse en extremos innecesarios en el auto, expresa un deseo que al mismo tiempo descubre indirectamente que algunos datos le bailan: «A ver si los imputados desean o no colaborar en el esclarecimiento del presunto asesinato de su hija (fallo del juez porque si algo no es presunto es el crimen) y con dicha colaboración si es posible arrojar alguna explicación lógica a los, repito, numerosos indicios sospechosos».