El último asesino: «Se me fue la mano, no se mueve»

La Razón
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«Se me ha ido la mano. Mi mujer no se mueve». Ésta fue la frase que Augusto, el supuesto asesino confeso de la mujer muerta la pasada noche en Santander, dijo por teléfono al policía local que conocía porque frecuentaba el restaurante en el que trabaja. El imputado, desde ayer en prisión, fue al domicilio de Loida, la víctima, sobre las 20:00 horas, para entregar al hijo común, de muy corta edad, cuando comenzó una discusión entre ambos que tuvo el trágico final. El agresor, según atestiguan las diligencias previas facilitadas por el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, afirmó que ella «le habría previamente agredido y éste en un ataque de ira había hecho lo propio, aunque sin recordar exactamente lo sucedido porque estaba bloqueado».

Ya es la cuarta mujer que muere esta semana por violencia de género. En este caso, Loida había denunciado a su supuesto maltratador y asesino en diciembre de 2011, tras dos días consecutivos de malos tratos. Es la única de las cuatro mujeres muertas por violencia de género que había denunciado a su agresor. Según los datos que recoge la denuncia, «el 28 de diciembre el hombre la cogió por el pelo mientras la golpeaba en la cara con las chanclas de su hijo. Al dia siguiente, le agarra por el pelo y le da un puñetazo en la cabeza, tirándola al suelo».

Si bien, pasó el tiempo y Loida, por temor –como suele suceder en estos casos–, no se atrevió a declarar contra su agresor durante el juicio. Él tampoco lo hizo, a pesar de haber reconocido previamente que la había golpeado. Finalmente, la Audiencia Provincial de Cantabria absolvió en diciembre de 2012 al supuesto asesino al considerar que el informe forense sólo se podía tomar como un «testimonio de referencia al no leerse la declaración previa del acusado en el acto del juicio».

Un mes antes de esta resolución, la víctima había presentado una demanda de divorcio, pero en marzo de 2013, instantes previos a celebrarse el juicio, tanto ella como su supuesto agresor solicitaron de común acuerdo la suspensión del trámite de divorcio. Tan sólo dos meses después, Loida moría supuestamente a manos del que fue su marido, su agresor, su asesino.