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En las tripas de Huawei: ¿conspiración o estrategia?

En mitad de la crisis desatada entre China y Estados Unidos, LA RAZÓN visita el laboratorio de pruebas del Centro de Innovación y Desarrollo del «Silicon Valley» chino.

  • La empresa china fue fundada hace 32 años en un espacio que evoca las amplias avenidas y los grandes rascacielos de Hong Kong
    La empresa china fue fundada hace 32 años en un espacio que evoca las amplias avenidas y los grandes rascacielos de Hong Kong

Tiempo de lectura 5 min.

03 de enero de 2019. 17:30h

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J. Scaliter / A. Negro .  3/1/2019

Si algo quedó claro tras la detención de la directora financiera de Huawei, Wanzhoy Meng, es que China y Estados Unidos son muy celosas del uso de tecnología extranjera. La presión entre estos países no ha hecho más que seguir la escalada lógica, teniendo en cuenta el avance de la empresa asiática en el sector tecnológico. Su arresto llega en el mismo momento en el que Donald Trump y Xi Jinping, presidente de China, negocian en la cumbre del G20, celebrada en Argentina, un alto en las sanciones bilaterales a productos de ambos países. Para Trump se trata de uno de los «acuerdos comerciales más importantes jamás hechos», ya que involucra sanciones por más de 360.000 millones de euros en impuestos. En este contexto, el arresto de Meng es una moneda de cambio. Según declaraciones a la CNN de un portavoz del Departamento de Justicia de Canadá, Estados Unidos tiene 60 días desde el momento de la detención de Meng para realizar su solicitud formal de extradición. Eso incluirá «toda la evidencia en la que confían para apoyar la extradición». Después de eso, Canadá tendría 30 días para determinar si debe proceder.

Podría decirse que todo comenzó en 2003, cuando Cisco Systems acusó a Huawei de infringir sus patentes. La casa china eliminó el código impugnado, los manuales y las interfaces y el caso se desestimó. Luego llegaron otras demandas mutuas, de Huawei a empresas estadounidenses y viceversa y todos los casos tuvieron un final similar al primero que se mencionó. Y entonces llegó Trump quien, asesorado por las agencias de seguridad del país, bloqueó la intención de compra de Qualcomm por parte de Broadcom Ltd. La razón esgrimida fue que Broadcom, una empresa con sede en California, tenía vínculos con Huawei. Pocos meses después fue Qualcomm la que quiso comprar otra empresa, NXP en este caso, también una compañía de microchips y quien se opuso fue China, más precisamente la Administración Estatal de China para la Regulación del Mercado, que supervisa la regulación antimonopolio. Básicamente, Estados Unidos y China están en una guerra del hortelano, ni compra uno ni deja comprar al otro.

Pero, ¿por qué Huawei? Fundada en 1987 por Zhengfei, un ex ingeniero del Ejército de Liberación Popular, en tres décadas, la compañía china ha pasado de ser un revendedor de productos electrónicos a una de las compañías de comunicaciones más importantes del mundo. Con ventas en 2017 de 87.000 millones de euros, genera más ingresos que Sony, LG, Panasonic o Intel.

En mitad de esta crisis, LA RAZÓN visitó su laboratorio de pruebas del Centro de Innovación y Desarrollo en Pekín. El pasado 1 de diciembre –a tan solo ocho días de la cita– Canadá detuvo a Wanzhou, un asunto que no preocupa al Gobierno de Pedro Sánchez, que el pasado mes de noviembre jugó un papel decisivo en el refuerzo de la alianza entre Telefónica y Huawei para el desarrollo de la red 5G, la fibra óptica y los servicios digitales en los diferentes mercados. Alemania y Francia tampoco la consideran como un peligro para su seguridad.

El gigante asiático cuenta ya con más de 185.000 empleados en todo el mundo y tiene su sede social en la antigua ciudad de pescadores Shenzen, hoy reconvertida en el «Silicon Valley» chino. Un imperio construido hace 32 años que cuenta con amplias avenidas y rascacielos que evocan a Hong Kong. Se trata de un conjunto de edificios que tiene tiendas, cantinas y zonas de ocio para empleados. En él, se someten a todo tipo de pruebas de resistencia los productos de la marca. Las disimuladas medidas de seguridad, ejército incluido, impresionan. En su interior está prohibido tomar imágenes o vídeos. Aquí los «smartphones» que han hecho grande a la marca son lanzados desde un metro de altura y a una velocidad de 4,8 metros por segundo sobre placas de mármol. Deben superar la caída en al menos 20 ocasiones. Además, sobre ellos se aplica un peso de 25 kilos hasta en 2.000 ocasiones. Los cables se prueban hasta 5.000 veces. Se conectan y desconectan otras 10.000. Los botones de volumen son pulsados 50.000 veces; en especial, el de encendido, que se prueba 200.000. Así como conseguir que el móvil resista temperaturas de entre 80 y –40 grados centígrados y superar tres días bajo la lluvia.

Huawei siempre ha recibido un trato favorable por parte del gobierno chino según Estados Unidos. De hecho, un informe del Comité de Inteligencia Permanente de los Estados Unidos, en 2012, etiquetaba a Huawei (y a ZTE Corp) como amenazas potenciales de seguridad y señalaba sospechas de que trabaja principalmente para los intereses del gobierno chino. Pero la realidad es otra. Huawei ha invertido miles de millones de euros en 5G y ahora se encuentra entre los principales solicitantes de patentes del planeta en esta tecnología, abarcando desde la transmisión de datos hasta la seguridad de la red. De hecho, Huawei estaría en posesión de al menos una décima parte de las patentes esenciales para llevar a cabo la transición a la comunicación 5G en 2020, un mercado que en ese año alcanzará los 123.000 millones de euros según un estudio de MarketsandMarkets.

En este momento, Estados Unidos tiene una baza muy importante en su terreno, debido a la detención de Meng. Y lo sabe. Tanto es así que el propio Trump ha tendido una mano (puede que un poco envenenada) a China asegurando en una entrevista a Reuters que «haré lo que sea bueno para este país. Si creo que es bueno para lo que sin duda será el mayor acuerdo comercial que se haya hecho, lo cual es muy importante, y es bueno para la seguridad nacional, ciertamente intervendría si lo considerara necesario». El mensaje vuela directo hasta el presidente chino y lo que busca es una nueva negociación, ahora con cierta ventaja por parte de Trump. Y es que atacar a una China cada vez más asertiva que adquiere una nueva prominencia en el mundo, y en particular a Huawei, es una manera fácil y lógica de ganar puntos políticos. Otro factor es el proteccionismo, económico y tecnológico de un país, Estados Unidos, que que temen que sus márgenes se reduzcan, como sucedió en Europa cuando Huawei entró al mercado. Lo que sí es diferente es si las acusaciones de espionaje en los dispositivos chinos prospera porque se han hallado pruebas. Eso sí generará un tsunami, ya que China no se quedará de brazos cruzados y acusará a Estados Unidos y a Corea del Sur de hacer lo mismo. Y entonces sí llegará una nueva ola.

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