Enhamed Enhamed: "Entiendo a mis perras como una extensión de mi mismo"

El nadador paralímpico tiene dos perras guía, Gayla, ya jubilada, y Adele, como la cantante, a las que les une «una conexión casi espiritual».

Foto: Gonzalo Pérez
Foto: Gonzalo Pérez

El nadador paralímpico tiene dos perras guía, Gayla, ya jubilada, y Adele, como la cantante, a las que les une «una conexión casi espiritual».

Enhamed Enhamed, uno de los atletas paralímpicos españoles más exitosos de la historia, se prepara para nadar en Tokio 2020. El autor de Ironmind (Arcopress), precisa de perro guía desde que a los ocho años «ganara mi ceguera» como repite. «Yo tengo suerte porque cuento con dos: Gayla, de 11 años, ya jubilada, y Adele de 5 años, que debe su nombre a la cantante. La primera, desarrolló una artrosis muy fuerte y se dio cuenta viviendo en San Francisco, al ver cómo le costaba subir las empinadas cuestas, «hasta que una mañana cuando fui a sacarla, noté que cojeaba, hablé con la escuela de adiestramiento y decidí quedármela», resume el nadador con discapacidad visual que acumula nueve medallas en los Juegos Paralímpicos y más de cuarenta en campeonatos internacionales. Pero... ¿cómo es el momento en el que llega su nueva compañera?: «se encontraron en terreno neutral –explica–, en casa de unos amigos. Los días siguientes fueron duros. Cuando escuchaban el sonido del arnés, metían las dos la cabeza, pero luego se han adaptado. Ahora, lo que no ve una, lo ve la otra, y tienen complicidad. Aunque Gayla parezca que solo va de paseo sigue atenta». Los perros guía necesitan cuidados especiales, «tienes que estar al día con sus vacunas y analíticas porque entran en lugares públicos. También deben comer solo su pienso, no pueden aceptar nada de nadie, ni caprichos, de lo contrario les haríamos un lío con las órdenes. De igual forma si estás enfadado debes hacerles saber que no va con ellas, pues de lo contrario afectaría a su trabajo. Solo debes regañarles si han hecho algo mal. No pueden jugar con otros perros por la calle, ni permitir que les acaricien: están trabajando, y deben estar concentradas». Cuando llegan a casa, se destensan y ahí es cuando el nadador las hace mimos, y crea vínculos afectivos con ellas, «lo que no permito es que se suban a la cama, entre otras cosas... ¡porque dan unas patadas que te mueres!», dice entre risas. «Con ambas –afirma– tengo una conexión casi espiritual. No somos amo y mascotas, porque deben sentir que confías en ellas al 100 por 100, y si perciben que dudo, se desconciertan. Los primeros meses, te tragas árboles, pero el invidente debe tener paciencia, ser asertivo y practicar el refuerzo positivo. Únicamente así se crea un vínculo que no tengo con muchas personas. De hecho, me conocen mejor que nadie». Lo más bello que le pasó con Gayla, al brillante conferenciante, que entre entreno y entreno se dedica a la psicología aplicada al mundo empresarial, fue en Estados Unidos: «Me salvó la vida. Bajaba rápido un coche eléctrico y no lo oí, tiró de mí y yo no lo pensé, la seguí. No puedes dudar de ellas, porque no fallan. Las entiendo como una extensión de mí mismo porque mi vida está en sus patas. De hecho, me caigo más si voy del brazo de alguien que cuando ellas me guían». Su conexión es tal que Enhamed afirma que «no te diría que podría dejar a una novia o un amigo, pero... las escucho. Son más equilibradas que nosotros».