Entre el deseo de venganza y el de exorcizar demonios

En la masacre de la escuela de secundaria de Columbine, en Littleton (Colorado), ocurrida en 1999, murieron 15 personas y 24 resultaron heridas
En la masacre de la escuela de secundaria de Columbine, en Littleton (Colorado), ocurrida en 1999, murieron 15 personas y 24 resultaron heridas

Si tenemos en cuenta la criminología de los homicidios producidos en institutos y universidades a cargo de alumnos, son dos los hechos que llaman la atención. El primero es la edad del responsable: 13 años; el segundo es la agresividad de la acción, ya que el empleo de un arma blanca para matar supone un acercamiento mucho más personal a la víctima que disparar con una pistola o cualquier otra arma de fuego. En el caso del profesor fallecido, el ataque se produjo con un cuchillo, quizás porque la ballesta con la que había herido anteriormente a dos personas ya no le servía. Hay que tener mucha determinación para matar de este modo.

Estamos frente a un intento de asesinato múltiple en un solo acto (se define así a la acción de matar a cuatro o más personas en una secuencia no interrumpida en el tiempo). Este profesor sustituto, con sólo 15 días de trabajo en el centro, fue la única víctima, pero sabemos que la intención del menor era matar a muchos más, ya que los testigos declararon que tenía una lista de personas a las que quería asesinar, para luego, según había dicho anteriormente a sus compañeros, suicidarse. Resulta deprimente comprobar cómo alguien tan joven repetía el modelo que tantas veces hemos visto en las noticias procedentes de Estados Unidos, donde estas acciones no son infrecuentes: un joven entra en las aulas como un vengador, buscando «hacer justicia» con las personas que odia. En ocasiones los enemigos a batir no son del todo definidos, sino que pertenecen a una categoría amplia como ser profesor o alumno del centro educativo en el que sitúa el tirador el origen de todos los males. Digo tirador porque allá, como sabemos, cualquiera que se lo proponga puede conseguir un arma de fuego, incluso de gran potencia. En España esto es mucho más difícil, y no digamos para un chaval de 13 años, por lo que el agresor tuvo que adaptarse a las circunstancias y hacer uso de una ballesta y un cuchillo.

¿Qué puede empujar a alguien tan joven a realizar un acto así? A esa edad apenas se ha empezado a vivir con una cierta autonomía, no ha habido casi tiempo para acumular la cantidad de ira necesaria para realizar un homicidio múltiple, algo que carcome el alma y llega a definir el mundo del adolescente de modo progresivo, golpe a golpe, agravio tras agravio, pues es urgente decir que lo importante no es que tales hechos hayan sido reales o muy graves, sino que el que los sufra los perciba como algo del todo injusto y –lo más importante– intolerable. Así pues, detrás de un acto así siempre anida el deseo de venganza, de ajustar cuentas, de exorcizar los demonios interiores en forma de objetivos personales y tangibles. Algunos compañeros de clase comentaron que no tenía problemas de integración, no era alguien acostumbrado a tener que sentirse diferente y menospreciado y, por ello, obligado a vivir una tortura diaria entre las paredes del centro. Si esto se confirma, apoyaría la idea de que el combustible con el que se generó esta explosión de violencia procedía de una personalidad anómala, incapaz de hacer frente a los conflictos y naturales tensiones que conlleva empezar a vivir tomando decisiones y asumiendo responsabilidades.

Qué va a suceder ahora? Al ser inimputable ante la Justicia por tener menos de 14 años, lo más probable es que la Administración lo interne en un centro terapéutico para menores con problemas psíquicos, y que lo supervise hasta alcanzar la mayoría de edad. Los padres se harán cargo de la responsabilidad civil.

* Profesor de Criminología de la Universidad de Valencia