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¿Hace tanto calor como marcan los termómetros?

Mientras el situado a pie de calle marca 40 grados, el del móvil 32. No son una fuente fiable porque no cumplen con los requisitos de la Organización Meteorológica Mundial.

Mientras el situado a pie de calle marca 40 grados, el del móvil 32. No son una fuente fiable porque no cumplen con los requisitos de la Organización Meteorológica Mundial.

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España es un horno. No hace falta mirar el termómetro para saber que las temperaturas exceden los valores medios para esta época del año. Hoy, de hecho, se ha activado la alerta en 39 provincias porque en algunos puntos del interior peninsular y de Baleares se llegarán a superar los 40 grados. Pero, ¿realmente hace tanto calor? A las 10 de la mañana, el termómetro de la madrileña calle de Francisco Silvela situado casi a la altura de la plaza Manuel Becerra marca 30 grados. Sí, el día pinta sofocante. Tras salir de la ducha no hay quien se atreva a encender el secador de pelo y pasear al perro se vuelve un deporte de riesgo. Tras caminar más de 200 metros los niveles de sudor indican que antes de partir hacia el trabajo será necesaria una segunda ducha. Para cerciorarme de que ni mi sensación térmica ni el termómetro de la calle exageran saco el móvil. La aplicación del Iphone del tiempo marca tan solo un grado menos, 29. Compruebo que el drama es real y continúo con el experimento.

De camino a la oficina, a las 12:40 horas, me paro en la farmacia que está situada en Arturo Soria con Emilio Rubin. La cruz verde marca nada menos que 39 grados y, la verdad, no extraña nada. Pero, ¡oh sorpresa!, mi teléfono me saca del engaño: Madrid realmente está a 32. Lo mismo ocurre con los mercurios que me voy encontrando en mi ruta: el de la parada de bus de la calle Arturo Soria con Bueso Pineda muestra, a las 13:16, 37 grados y mi «app», de nuevo 32. Seis minutos después, otro situado a la altura de Condesa de Venadito, dibuja 39 grados y eso que está a la sombra. Tan solo un minuto después asciende hasta los 40. Veredicto: los termómetros de la calle no son de fiar.

¿Por qué existe esa diferencia con lo que nos muestran las aplicaciones de nuestros móviles, ya sea el Google Now, u otras como AccuWeather o The Weather Channel? Básicamente porque los termómetros de la calle no recogen la información climática de manera fidedigna. Normalmente están expuestos al sol, son de metal (y ya se sabe que el metal es conductor del calor) y son de colores oscuros, por lo que atrapan mejor los rayos del sol.

La organización Meteorológica Mundial (OMM) establece una serie de parámetros para que nos podamos fiar de un mercurio. Los termómetros han de estar metidos en garitas pintadas de color blanco y fabricadas en madera; no deben estar expuestas al sol; han de estar ventiladas y además han de instalarse con la puerta orientada al norte geográfico. Nada que ver con los que nos encontramos en las calles de las ciudades y que por eso sufren una desviación muy considerable con la temperatura real del ambiente.

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La OMM informa que el lugar ideal para su instalación debe ser «un terreno natural y no demasiado cercano a zonas edificadas». Y no solo hace falta garita, advierte, sino también un equipamiento que incluya un juego de termómetros seco y húmedo, un pluviómetro, anemómetro y veleta, evaporímetro, etcétera. «Un observatorio urbano no será muy útil para el análisis sinóptico, pero sí lo será mucho para aplicaciones de vigilancia ambiental, sobre todo por contaminación», añade.

Una vez descartados como fuente veraz para informarnos de la temperatura a tiempo real, ¿es fiable acudir a Google? El macrobuscador obtiene la información climática de Weather Underground, que también suministra información a The Weather Channel. Esta plataforma engloba a estaciones de todo el mundo que sí cumplen con los requisitos que marca la Organización Meteorológica Mundial, como las que tiene la AEMET repartidas por España. Así que, mejor acudir a Google que a los termómetros a pie de calle. Porque existe el problema de que muchos ciudadanos han asociado esos desmesurados valores con su percepción térmica con el consiguiente riesgo que ello conlleva. Según han comprobado los colegios de psicólogos, que los ciudadanos acepten como válida la temperatura que marcan puede provocar mayor sensación de sofoco y riesgo a que el viandante sufra un golpe de calor.

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