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Hugo: «Ellos son mucho más felices que nosotros»

Llamas a la casa de los Gómez Prieto y una sonrisa pícara te abre la puerta. Es Hugo, de 7 años. Enseguida te da un beso y te presenta al resto de la familia: Vanessa y Nacho, los padres; Pablo, de nueve y Nachito – «Ito» para Hugo y, ahora, para el resto de la familia– limpia la pequeña piscina del jardín. Hugo es pura energía, tras un primer contacto, ya formas parte de su familia. «Saluda a todo el mundo, quiere darle besos hasta a la carnicera», explica su madre con una sonrisa. Es avispado y juega con sus hermanos como uno más, aunque ser el de en medio siempre marca. Sólo sus ojos, algo rasgados, y su nariz, algo más chata que la de sus hermanos, y sus problemas en el habla, nos hacen pensar que tiene síndrome de Down. «Las probabilidades que tenía Vanessa eran muy pequeñas, nos dijeron», comenta el padre de los tres niños. «Ninguna prueba indicaba que fuera a tener trisonomía 21», añade Vanesa, la única chica de la casa. Durante el embarazo, en las pruebas sólo veían que tenía poco tono muscular –la mayoría de las personas con síndrome de Down tiene este problema, llamado hipotonía–. Tras dar a luz, el médico les recomendó que le hicieran una prueba para salir de dudas. «En el hospital nos decían que tardarían un mes en darnos los resultados», añade Vanessa. «No podíamos estar con ese sinvivir tanto tiempo», añade su esposo. Al final, obtuvieron la confirmación seis horas más tarde. La estimulación temprana de estos niños es clave y habrían perdido un mes entero.

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En casa, Hugo es uno más. Por las mañanas se viste, se prepara sus cereales, se lava los dientes, «todo, solo». «Hay que insistirle más, pero le tratamos como a uno más». Después de Hugo, Vanesa y Nacho querían ampliar la familia y, «aunque me dijeron que tenía más probabilidades de que el tercero también tuviera esta discapacidad, no lo dudamos. Si hubiera tenido Down, no nos habría importado nada. Nunca ha sido un problema», insiste la madre. «Ellos son mucho más felices que nosotros. Los agobios los tenemos porque sólo pensamos desde nuestro punto de vista. Ellos no tienen las mismas aspiraciones».