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Juan Carlos Izpisúa: «Ya existen herramientas para mejorar nuestras capacidades intelectuales»

Investigador y bioquímico

  • Foto: Gonzalo Pérez
    Foto: Gonzalo Pérez

Tiempo de lectura 4 min.

23 de julio de 2018. 02:16h

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Belén V. Conquero Madrid. 23/7/2018

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Este bioquímico de Hellín (Albacete) lleva más de una década liderando la investigación genética que lucha contra la edad, contra el envejecimiento de nuestras células. Insiste en que él no busca la inmortalidad, sino «arreglar» los genes que nos permitirán vivir más años con mejor calidad de vida. Y ha dado con la clave (en ratones, eso sí) para revertir la retinosis pigmentaria, una enfermedad ocular que termina en ceguera. El salto a la clínica se lo cede a los médicos, «lo mío es el trabajo de laboratorio».

¿En qué fase de investigación está ahora mismo?

Estamos tratando de arreglar los genes que están rotos. En el año 2000 se publicó, por primera vez, la lectura del genoma y hoy, en 2018, ya sabemos reescribirlo: cómo borrar o añadir datos. El ejemplo de la corrección de retinosis pigmentaria fue el primero en el cual pudimos arreglar un gen roto en una célula que no se divide como son los conos y los bastones oculares. Esa idea la estamos ampliando ahora a muchas otras enfermedades.

¿En qué otra área científica están avanzando?

En no enfocarnos en una enfermedad específica, en un gen roto concreto, sino en tratar de arreglar el proceso de degeneración celular que supone el envejecimiento. Hasta ahora, pensábamos que el envejecimiento llevaba una dirección única, pero la idea es intentar «enlentecerlo» o, incluso, revertirlo. Creo que es un tema importante porque, al fin y al cabo, éste es el mayor factor de riesgo de cualquier enfermedad. Sabemos que, conforme envejecemos, hay un crecimiento logarítmico de cualquier dolencia hepática, cáncer o renal. Y, por lo tanto, frenar el envejecimiento, o cambiarlo de dirección, lo que permite es que la enfermedad tarde más tiempo en aparecer y éste es el motor principal de nuestro laboratorio: tratar de aumentar la regeneración de nuestros tejidos, detener el envejecimiento y, como consecuencia, retrasar la aparición de la dolencia.

¿Se están centrando en alguna enfermedad más?

Aparte de la retinitis pigmentosa, tenemos centrada nuestra edición en cuatro o cinco más: la esclerosis múltiple o enfermedades relacionadas con alteraciones cromosómicas como el Síndrome de Down, por ejemplo. Poder reescribir en el genoma algunos de estos errores y recuperarlos como prueba de concepto. Creo que estamos en un momento verdaderamente revolucionario en la historia de la Biología.

¿A qué se refiere?

Hasta ahora todo lo que ha ocurrido, desde hace 4,5 billones de años que empezó la vida en nuestro planeta, se resume en dos frases muy simples que formuló Darwin: «Mutación al azar» y «Selección natural de esas mutaciones». En la actualidad, vivimos un momento en el que no dependemos de ese azar. Nosotros ya podemos reescribir nuestro genoma, lo que tiene consecuencias realmente positivas, como la corrección de enfermedades, el «eneltecimiento» del envejecimiento... Pero también tenemos que pensar en otras consecuencias no tan buenas: lo que en EE UU se denomina «gene enhancement» (mejora genética), el tratar de alterar nuestro genoma no para curar nuestra enfermedad.

¿Modificar nuestro genoma en qué sentido?

Para aumentar nuestras capacidades físicas, intelectuales. Por eso estamos en un momento revolucionario y toda la sociedad debe estar informada y sobre todo nuestros gobernantes para que tomen las decisiones adecuadas.

¿Estamos ya en ese punto de poder modificar nuestras capacidades?

Podemos reescribir todo el genoma y, por lo tanto, sí, es un momento clave en la evolución de la especie humana. Debemos de saber explicarlo, por eso los gobernantes tienen que conocer todo esto los primeros. Desafortunadamente, en nuestro país la ciencia no les preocupa mucho. Todavía, con más razón, en este momento clave, se debe prestar más atención.

¿Cree que los ciudadanos sí que están interesados?

Creo que a todos nos interesa arreglar nuestras células porque, ¿qué hay más importante que la salud?

¿Qué opina de todas las «propuestas» que existen en torno a la inmortalidad?

Vuelvo a lo mismo. No creo que la finalidad sea conseguir células inmortales, sino tratar de que ese proceso de degeneración que ocurre con la edad sea más lento y lo podamos controlar de manera que nuestros años de vida sean muchos más saludables que los de ahora. No se trata de ser inmortal, pero como en cualquier actividad humana, obviamente existen interpretaciones que quizá no son las más apropiadas para el avance del campo.

¿En qué momento están en la creación de órganos en cerdos?

Estamos avanzando. Tratamos de entender cuál es el mejor momento y cuál es la mejor célula que tenemos que introducir en el cerdo para que el éxito que tuvimos entre ratas y ratones que nos permite generar cualquier órgano de una especie en otra, se repita. Estamos en ello, la investigación lleva su tiempo. Hay que dedicarle muchos fondos porque esto no ocurre de la noche a la mañana y necesita el apoyo de toda la sociedad.

¿Qué otras técnicas antienvejecimiento están pujantes?

Considero que, aparte de nuestra genética, la epigenética (del griego epi, por encima) tiene un importancia igual, si no mayor. Como ejemplo: hace tan sólo 100 años, la vida media de todo el planeta era la mitad de la de ahora. Nuestro genoma era el mismo, lo que ha cambiado es nuestra interacción con el medio ambiente, es decir la epigenética. Una hormiga reina vive mucho más que una obrera y tienen el mismo genoma, sólo varía su relación con el entorno. Y así como tenemos técnicas para modificar nuestro genoma, hasta hace tan sólo unos meses tampoco contábamos con herramientas para cambiar el epigenoma y ya tenemos dos tecnologías que nos permiten modificarlo e, incluso, revertir el envejecimiento.

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