La declaración de Morate a la Policía: «Si llego a tener tiempo, no me pilláis»

«¿Habéis averiguado dónde compré la cal? Estuve torpe al comprarla en un pueblo cercano a Cuenca a través de internet».

Morate dijo a la Policía que se habían enterado de la boda de su novia en Rumanía. «¿Tienen fotos?», preguntó a los agentes
Morate dijo a la Policía que se habían enterado de la boda de su novia en Rumanía. «¿Tienen fotos?», preguntó a los agentes

«¿Habéis averiguado dónde compré la cal? Estuve torpe al comprarla en un pueblo cercano a Cuenca a través de internet», aseguró el asesino de Laura y Marina

Nos está costando oír a Sergio Morate. En Rumanía sólo pronunció unas pocas frases y fue para proclamar su inocencia: negó haber asesinado a Marina y Laura en Cuenca a primeros de agosto. Aquí en España, desde que ingresó en la prisión de Estremera, se ha encerrado en su silencio y se niega a responder a las preguntas del juez. Sólo hubo un espacio temporal, una singularidad gravitacional, en el que dicen que se deslenguó. Casualmente esa anomalía en un comportamiento lineal tuvo lugar en presencia de un reducido grupo de agentes, sin ningún otro testigo. El pasado mes de diciembre uno de ellos se lo contó al magistrado que instruye la causa. LA RAZÓN ha conocido su testimonio: «Sergio Morate confesó el crimen de Marina y Laura de forma espontánea, aunque he de reconocer que nunca dijo que las mató. Exclamó: “La he liado, estoy muy jodido”. Eso fue textualmente lo que afirmó».

El comienzo de este discurso hay que situarlo en el aeropuerto de Torrejón de Ardoz, Madrid. Sergio reconoce por su enorme complexión a un agente del que su madre le ha hablado por teléfono mientras que estuvo preso en Rumanía y se dirige a él. «Cuando se decidió a hablar estábamos presentes un investigador de la UDEV Central y yo, que soy de la Policía Judicial de Cuenca. Morate preguntó: “¿Cómo está mi mami?”. Mi compañero le respondió: “Bastante preocupada por ti. Pensaba que a lo mejor te podías suicidar”. Sergio respondió: “¿Suicidarme yo? Antes vamos los dos para adelante. ¡No te jode!”. Eso dijo textualmente».

Fue entonces cuando entró en la sala de espera del aeropuerto un tercer agente de Cuenca que alguna vez había coincidido con Sergio en el gimnasio. En cuanto establecieron contacto visual, su instinto policial le impulsó a preguntarle, con toda la naturalidad del mundo, qué había hecho. Sergio respondió: «Ya ves la que he liado. Has detenido a un famoso. Me han sacado en todas las televisiones, me han traído desde Rumanía en el avión donde viajan los ministros, rodeado de GEO y ahora estoy en la sala de espera de este aeropuerto que me dicen que es donde el rey descansa antes de un viaje. Se ha formado más lío que cuando Bretón», cuenta el agente que fanfarroneó Morate.

Minutos después se montaron en un coche camuflado en dirección a Cuenca, donde el juez esperaba ansioso por oírle. Dos horas de viaje que dieron para mucho. En el vehículo, «sin que le preguntásemos nada», aclara el investigador, «empezó a hablar de Marina y de los problemas que tenía con ella. Sergio dijo: “En primavera empezó a contestarme mal y a tratarme fatal. Me sentía una mierda y tuve que empezar a acudir al psicólogo que me recetó unas pastillas. Por las mañanas me levantaba pensado que tenía que hacerlo, pero luego me acordaba de mi familia y se me evaporaba la intención de la cabeza. El problema es que la idea regresaba otra vez con las horas. Por cierto, estando en Rumanía escuché que mi novia se había casado. ¿Tenéis fotos de la boda?”, nos preguntó. Al día siguiente nos dijo: “No he pegado ojo esta noche en los calabozos. No he parado de darle vueltas a lo de la boda de Marina”. En el coche también se preocupó por la familia de Laura: “¿Cómo están? Yo muy arrepentido. No contaba con ella. Cuando me enteré de que Laura estaba con Marina intenté que no subieran a casa, porque contra ella yo no tenía nada, lo juro. Le pedí a Marina que no subiera. Hasta discutí con ella antes de que llamaran a mi puerta. Le insistí en que no tenía preparada la ropa que quería llevarse, pero me dijo que le daba lo mismo. Estaba empeñada en subir. Cuando colgamos, llamó al telefonillo. Al final, al abrir la puerta allí estaban las dos. Entraron y cerré con llave”, nos reconoció».

El agente repitió varias veces que Morate no contó nada de lo que ocurrió dentro del domicilio. Sin embargo, sí que luego aportó algunos datos. «Dijo que las metió en bolsas de basura y continuó explicando: “Aparqué un coche que no era mío junto a la puerta del ascensor del garaje. A una la metí en el maletero y a la otra entre los asientos de atrás. Cuando bajé al garaje escuché un ruido. Ahí me cagué. Creí que algún vecino me vería”», rememora este policía que le dijo el detenido. A continuación relata un episodio insólito: Morate se interrogo sólo. «Sin que le dijésemos nada él nos preguntó: “¿Habéis averiguado dónde compré la cal?”. Se respondió él mismo: “Estuve torpe, pregunté en varios sitios y la encontré finalmente en un pueblo cercano a Cuenca a través de Internet. Antes pregunté en una tienda de pienso de animales”».

Según cuenta el agente, durante un buen rato Sergio guardó silencio. A lo mejor molesto porque sus acompañantes eran como estatuas de sal que, para no vulnerar sus derechos y a falta de la presencia de un abogado lo que anula legalmente la confesión, no le dirigían la palabra. Sin que nadie sepa porqué, el detenido volvió a mostrase locuaz: «Cuando me puse a hacer el agujero y vi el resultado, pensé que tenía que huir de España. Tuve hasta agujetas de cavar tanto. Me duraron toda la semana. Tenía tanta adrenalina que no pude dormir en una semana. Y ya os digo, que si llego a tener tiempo para prepararlo no me habríais pillado». El espacio temporal se cerró tan espontáneamente como se había abierto. Sergio Morate pasó de ser dicharachero y locuaz al más absoluto de los silencios, tanto que se negó a responder a las preguntas del juez, quien decretó su ingreso en prisión provisional. Sin embargo, según el testimonio del agente que lo trasladó del juzgado de Cuenca a la cárcel de Estremera, fue montarse en el coche y Sergio recuperó el habla: «¿Tú estuviste en el caso Bretón? Yo quiero dos homicidios, no dos asesinatos. No es lo mismo 15 años por cada uno, que 25».