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La desaparición que mantiene en vilo a Ordesa

Jesús Ríos es mexicano, tiene 71 años y se le vio por última vez el pasado sábado en Morillo de Sampietro (Huesca). El dispositivo de búsqueda es uno de los más grandes que se recuerda: ya han participado más de 400 profesionales pero siguen sin una pista sobre el senderista

Había oído hablar de la particular belleza del puente medieval de Morillo de Sampietro y se moría de ganas por ir a contemplarlo un rato, descansando desde la orilla del río Yesa. Por eso, en cuanto le echaron en falta y se pusieron a pensar dónde podría haber ido, enseguida se les vino a la mente este precioso rincón del Pirineo oscense. Apenas era hora y media desde casa y les cuadraba como destino elegido para aquella mañana. Ya inquietos, se acercaron a comprobarlo, pero nada: Jesús no estaba allí ni respondía a los gritos que le llamaban a lo largo del camino ni en ningún sitio. Eran las 14:30 horas del sábado 3 de agosto cuando la Guardia Civil recibió la llamada de alerta e inmediatamente se activó el operativo de búsqueda. Hoy se cumple una semana desde que Jesús Ríos (mexicano de 71 años) saliera a caminar desde la casa de su hija en Vió (Huesca) y aún no hay indicios sobre su paradero. Un hilo del que tirar. Algo. El enorme dispositivo de los especialistas de montaña de la Guardia Civil para encontrarle todavía no ha dado sus frutos ni ninguna respuesta que alivie a esta familia que soporta ya a duras penas la angustiosa ausencia de certezas.

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Jesús y su mujer, Araceli Chávez, volaron desde México el pasado 12 de junio con la intención de pasar el verano con su hija Katya, que regenta junto a su marido, Daniel Benito, Casacuadrau: una casita ecológica donde realizan retiros de yoga, meditación y senderismo por el Parque Nacional de Ordesa y Monteperdido. El pasado 22 de junio sopló 71 velas en el incomparable marco y se apuntaba sin dudarlo a todas las caminatas que su yerno, guía de montaña, organizaba con los ocupantes de la casa por el Cañón de Añisclo y otros particulares rincones del valle de Vió. Después de dos meses, iba conociendo cada vez más la zona y, a pesar de su edad, Jesús se encontraba en mejor forma física que muchos treintañeros. Había sido corredor de maratones y estaba llevando un estilo de vida muy saludable. «Había bajado ya como cuatro o cinco kilos. Se acostaba muy pronto: a las 8:30 ya estaba en la cama y solía despertarse temprano, sobre las 6:30 o 7:00 para ir a caminar un rato antes de desayunar a las 9:00», recuerda su hija Katya que, junto a su madre, fue la primera en salir a buscarlo y pronto se dividieron por zonas. El mismo sábado ya supieron que le habían visto sobre las 11:00 horas en Morillo de Sampietro. «Puede que llegara hasta el puente y luego se desorientara porque acabó en Morillo y eso es muy lejos, está a cuatro horas de Vió y él no solía hacer rutas tan largas por la mañana». En cualquier caso, allí le sitúan varios testigos. Unos vecinos que veranean en la aldea recuerdan que le vieron «fresco, no cansado» y lo saludaron sin más. También la única persona que, junto con su mujer, vive allí todo el año. Se trata de un pastor llamado Agustín, que ha declarado ante la Guardia Civil que Jesús le preguntó cómo regresar a Vió y él le contestó algo así como «por donde has venido». Aunque pronto le especificó que, en realidad, existe otro camino, el viejo, algo más corto en distancia pero complicado. Sin embargo, le acompañó hasta donde empieza el sendero. En este punto es donde se pierde la pista de Jesús. Desde le primer momento se ha rastreado el famoso «camino viejo» y todos los barrancos cercanos como el de Salas, de San Chaime, del Rancón, de Arpió o Manatuero. El mismo sábado se trasladó el puesto de mando del operativo de búsqueda de Buerba a Morillo. Se trata de uno de los dispositivos más grandes que se recuerdan en la zona. En total, han participado ya más de 400 personas que se van turnando porque lo escarpado del terreno y la cantidad de horas de búsqueda que ya llevan «en la mochila» van haciendo mella.

Todos los medios

A los mandos de todo esto, coordinando el inmenso operativo, está el capitán jefe de la Tercera Compañía de Graus, Arturo Notivoli, y el teniente jefe de la sección de Montaña. Ellos llevan la batuta cada día sobre ocho especialistas del Sereim (Sección de Rescate e Intervención en Montaña) de Jaca, Boltaña, Panticosa y Benasque; el servicio Cinológico del instituto armado (perros especializados en búsquedas de personas), agentes de Seguridad Ciudadana de Fiscal, Boltaña, Benasque y Graus, agentes del Seprona, una decena de voluntarios, además de bomberos de distintos puntos de Aragón y Navarra y hasta tres operadores de drones, además de los cuatro de la Guardia Civil. Alguno de ellos cuenta con cámara térmica, que luego permiten visionar imágenes que se podrían haber pasado por alto con el helicóptero y detector de frecuencias móviles. Y es que Jesús sí llevaba móvil encima pero sin la tarjeta SIM (la suya, mexicana, la tiene en casa). Lo llevaba para hacer fotos y, probablemente, desconoce que sí se puede llamar al 112. La Guardia Civil ya tiene el IMEI de su terminal por si lo detecta el dron.

«Pocas veces se ha visto un operativo así, estamos muy agradecidos porque vemos que se están dejando la piel, llegan con rasguños y exhaustos de las batidas», reconoce Katya, que tiene la suerte de contar con muchos amigos en la zona especialistas en alta montaña y barrancos: uno de los hándicaps de la investigación. Pero todos los ojos son pocos. «La gente ya está cansada y tienen que trabajar, por eso, si hay gente experta en montaña, que esté de vacaciones y quisiera colaborar en la búsqueda, lo agradeceríamos mucho. Se pueden presentar en el puesto de Morillo de Sampietro». Tampoco descartan solicitar la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME) si fuera necesario pero, por ahora, están confiados de estar en las mejores manos y lo cierto es que nadie como quienes ya están buscando a Jesús conocen mejor esas montañas. Prque una búsqueda de estas características no es sencilla. Un agente experto en rescates de alta montaña explica que se realiza una cuadrícula sobre el mapa a peinar y se van asignando zonas a distintos miembros del dispositivo de tal manera que no quede un metro sin revisar. «Lo complicado de este tipo de terrenos abruptos es que si hay un pozo, un barranco, hay que bajarlo rapelando o como sea para comprobar que ahí no hay ningún indicio de nada», explica.

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Katya, como su hermano Cristian –que ha venido de México y se une a las batidas de búsqueda diarias– se mantienen optimistas. «Ellos van peinando zonas y ampliando cada día el radio de búsqueda aunque siempre vuelven a recorrer lo que ellos llaman la zona caliente, que es la zona inicial, donde se le perdió la pista y alrededores».

Los días pesan, parecen tener más horas que nunca y, aunque hay momentos para todo, la familia –al igual que el equipo de búsqueda– conservan las esperanzas de encontrar en buen estado a Jesús. «Los maratones le enseñaron la importancia de la mente y su fortaleza. Él es muy prudente, sabe administrar la cantidad de líquidos que debe tomar y conoce las plantas de la montaña», explica su hija. Los especialistas de montaña también aseguran que una persona puede mantenerse con muchos días («más de los que creemos») sin comer pero sin agua es más complicado. Aunque el extravío o cualquier accidente de montaña es la principal hipótesis que barajan los investigadores no se descartan otras opciones.

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Desde el instituto armado aseguran que el tamaño del dispositivo se mantendrá hasta que se encuentre al montañero mexicano. Katya, Cristian, Araceli y la pequeña Uma le esperan con los brazos abiertos.

Las dificultades de una búsqueda a contrarreloj

Uno de los principales hándicaps de la búsqueda de Jesús Ríos es la falta de certeza de la ruta que fue a hacer. Se sabe que llegó a Morillo de Sampietro y, en principio, tomó el «camino viejo» dirección Buerba aunque se desconoce si desistió de volver por este sendero y trató de retomar la ruta que había hecho, pero a la inversa. «Complica mucho desconocer qué camino ha tomado, durante cuánto tiempo ha estado andando por un sendero y hacia qué dirección. Porque en una hora puede cambiar el radio en muchos kilómetros», explica una portavoz de la Comandancia de Huesca. A esto, se le añade lo complicado de la orografía del terreno, muy boscosa y llena de barrancos y desniveles.

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El análisis: «No es habitual tantos días de búsqueda»

Sargento Primero del Sereim de Navacerrada

¿Cómo se realiza una búsqueda en alta montaña?

Lo primero es ver qué recorrido ha podido hacer y, a partir de ahí, se recorre el itinerario con el gps y queda grabado en nuestro sistema. Eso no quiere decir que esa zona no se vuelva a explorar: el primer día puede ir una patrulla de tres componentes y al día siguiente se amplía.

¿Es habitual que dure tantos días una búsqueda?

No suele ser normal tanto tiempo pero puede que esté herido, esté a resguardo y no se pueda visualizar en helicóptero o en las batidas.

¿Cuando se empiezan a incorporar más medios?

Desde el segundo día. El Servicio Cinológico (perros) siempre participa cuando ya ha pasado un día. Hay unidades de montaña con el curso de cinológico y pueden localizar incluso donde hay nieve o si están ocultas por matorrales si han caído ladera abajo.

¿Cómo actúa un agente de alta montaña?

Depende cómo sea el terreno. Si la persona no tiene cierto nivel de montaña lo normal es que se busque en superficie a no ser que en la zona existan pozos y barrancos por donde se haya podido despeñar.

¿Y cómo se actúa en un barranco?

Se va sectorizando: sobre el mapa se dibujan unas cuadrículas y se explora con la certeza de que ahí no esté. Si hay un pozo o barranco, esa sima se baja. No se deja nada sin mirar. Pero teniendo reservas de agua, cinco días es pronto: aún puede estar con vida. Hemos encontrado a personas después de 14 días.

¿Qué precauciones debemos tomar al salir a la montaña?

Aunque sea conocedor de la zona, nunca se debe ir solo porque la montaña siempre es un medio hostil. Decirle a alguien la ruta prevista, llevar móvil con batería auxiliar y bastante agua.