Montoya secuestró a Laura Luelmo cuando llegaba de hacer la compra

La Guardia Civil explicó que Laura trató de defenderse y golpeó en las costillas a su asesino

El coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva, Ezequiel Romero (i) y el teniente coronel de la Unidad Central Operativa (UCO) Jesús García Fustel, durante la rueda de prensa que han ofrecido hoy en Madrid/Foto: Luis Díaz
El coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva, Ezequiel Romero (i) y el teniente coronel de la Unidad Central Operativa (UCO) Jesús García Fustel, durante la rueda de prensa que han ofrecido hoy en Madrid/Foto: Luis Díaz

La Guardia Civil cree que Laura Luelmo murió el mismo día de su secuestro. Entre las cinco y seis de la tarde.

La Guardia Civil cree que Laura Luelmo murió el mismo día de su secuestro. Entre las cinco y seis de la tarde. A pesar de que la autopsia previa indicaba que podría haber estado viva dos días después de su secuestro, el Teniente Coronel de la UCO, Jesús García indicó que aún queda el informe forense final e indicó que el cuerpo estaba bien conservado debido a el frío que había hecho por lo que consideró que Laura murió el mismo día del secuestro. En cualquier caso, subrayó el jefe de la comandancia de Huelva, el coronel Ezequiel Romero, no sufrió debido a la posición en la que se encontraba el cuerpo y a que no tenía rasgos de haberse movido. "Si estaba viva o no habría que analizarlo, pero no estaría consciente". Lo que no apuntaron es si Montoya la mató en la casa o en el paraje donde fue encontrado su cuerpo a 10 km de la zona noroeste de Campillo.

Según el relato de los agentes de la investigación, el secuestro de la joven maestra se produjo el día 12, cuando ella llegaba del supermercado con la compra -media docena de huevos, dos botellas de agua y una bolsa de patatas- y Bernardo Montoya la esperó con un brasero en la puerta de la casa de la joven. Allí la coge, la maniata, la tapa la boca y la lleva a su casa. Cuando Montoya se da cuenta de que se ha dejado el brasero en la puerta de la casa de Laura decide ir a recuperarlo, momento en el que la joven maestra, según la declaración del asesino confeso, le golpea en las costillas por lo que él se enfada, la golpea fuertemente contra el suelo de su casa y a continuación se la habría llevado fuera de la casa y la arrojaría al paraje donde fue encontrada. Laura murió por los golpes que le produjo su agresor.

En cuanto a la agresión sexual, los investigadores aseguran que la hipótesis es que la Bernando Montoya lo hiciera en el campo porque allí tenía cerca los pantalones y el cuerpo apareció desnudo de cintura para abajo.

Montoya, sospechoso con mayúsculas

El día 13 por la mañana el coronel jefe de la comandancia de Huelva recibe las novedades de la desaparición de la joven y de la denuncia interpuesta por el padre en Zamora. Desde entonces se abren dos vías:

una, la búsqueda -por si se hubiera perdido- y otra la investigación.

La propietaria de la casa de Laura acompaña a la Guardia Civil al registro de la casa de la joven donde comprueban que faltan unas mallas y unas zapatillas “lo que cobra sentido que se fuera a andar”. Al salir de la vivienda, la policía judicial ve a Bernardo Montoya saliendo de su vivienda con unos objetos. Van hasta él, le piden que les muestre lo que lleva y le preguntan por si conoce a Laura a lo que él responde que no sabía que nadie viviera allí y que no la había visto. En ese momento los agentes transfieren los datos de Montoya a la comandancia que les dan a conocer sus antecedentes. Se convierte en sospechoso desde

ese momento tanto por los antecedentes como por ser vecino de la joven, pero aún no tienen pruebas.

A la vez que se vigila la casa de Laura -que es precintada tras su registro- también se vigila la de Montoya, que aseguran que no vuelve a entrar en el domicilio. El día 13 por la noche unos vecinos ven merodear al asesino confeso de Laura por una calle que daba a su vivienda. Iba ocultándose, pegado a la pared y al observar que había una patrulla de la Guardia Civil se marchó. Ese mismo jueves por la tarde, según la investigación, estuvo en un centro de salud de Cortegana -donde residen familiares de Montoya- porque se aquejaba de un golpe en las costillas.

“Pensamos que podría ser de un forcejeo con Laura”. Tras conocer este hecho, Montoya se convierte en “sospechoso con mayúsculas”. También se analizaron los movimientos de la familia de Montoya donde fue visto el coche del asesino confeso de Laura por la zona en la que reside su padre.

El domingo por la tarde, día 16, el asesino confeso queda reflejado en las cámaras de una gasolinera de Palos, donde tiene familia, en la que para a repostar. Destacan los agentes que le ponen un seguimiento

permanente para lo que pidieron refuerzos a Madrid. “Pedimos a los mejores”.

Mientras el lunes 17 continuaba la búsqueda en la que aparece el cuerpo. Ese día Bernardo no había salido a la calle y habían pedido ya una orden judicial para entrar en el domicilio.

Al día siguiente observan que sale con su vehículo y hace una parada en el hospital -luego contaría que era una parada técnica para ir al servicio-. Antes de ir al Campillo se mete por un camino y se adentra por el campo. “Ante la posibilidad de que se diera a la fuga”, es detenido. “En ese momento nos cuenta una película, se inventa muchas cosas” -en relación con la primera declaración que hace Montoya en la que dice Laura le gustaba mucho, que había contactado con ella indicándole donde estaba el supermercado y que la espera a la vuelta o cuando dijo que se había golpeado con el maletero del coche así como que

no hubo agresión y solo tocamientos-, destacan los responsables de la investigación.