La última oportunidad para la central de Garoña

La central de Garoña, en el Valle de Tobalina, al norte de Burgos, es la más antigua y pequeña del parque nuclear
La central de Garoña, en el Valle de Tobalina, al norte de Burgos, es la más antigua y pequeña del parque nuclear

El próximo 6 de julio expira la licencia de actividad de Santa María de Garoña, concedida en 2009 por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Y a tan sólo dos meses de producirse, Nuclenor ha solicitado al Ministerio de Industria la posibilidad de pedir una renovación parcial del permiso de explotación vigente por «un periodo de un año, en el que la central se mantenga sin operar a potencia», tal y como afirma la solicitud. Un hecho insólito después de que el pasado 6 de septiembre acabara el plazo para pedir una ampliación de la licencia de la nuclear del Valle de Tobalina, en Burgos.

Endesa e Iberdrola, las empresas operadoras de la central, buscan mediante esta pregunta ganar tiempo para poder decidir si continúan o no con la operación de la central, una vez se resuelva si los cánones a la generación y al almacenamiento de los residuos radiactivos –impuesta por el Ministerio de Industria para tratar de frenar el déficit eléctrico–, son o no retroactivos. O mejor dicho, retrasar su decisión a la espera de que la Dirección General de Tributos del Ministerio de Hacienda responda a su consulta vinculante enviada el pasado 28 de diciembre sobre si son o no tasas retroactivas, ya que hasta la fecha no han obtenido respuesta alguna.

Y es que éste sigue siendo el problema, un problema que se escribe con muchos ceros. Porque la retroactividad de esta ley obligaría a un pago de impuestos de 153 millones de euros para Nuclenor, una Sociedad con unos fondos propios a 30 de septiembre de 2012 de 147 millones de euros. Y que «situaría a Nuclenor en patrimonio negativo», tal y como informó ayer la entidad.

La petición fue trasladada ayer al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). «El Ministerio de Industria nos ha pedido que estudiemos la posibilidad de revocar parcialmente la orden ministerial del cese de actividad de Garoña. Analizaremos lo que siempre pedimos que es el cumplimiento de las condiciones de seguridad (más exigentes desde el desastre de Fukushima)», explicaron fuentes del CSN.

«Fecha no hay, pero tenemos pleno todos los miércoles. Si bien, analizar esta solicitud podría llevar más de una reunión», añaden dichas fuentes.

En este sentido, Greenpeace solicitó al CSN que no conceda la prórroga a Garoña. «Sin haber cambiado ninguna de las condiciones relativas a la seguridad, sino todo lo contrario debido al paso del tiempo, el CSN no puede conceder una prórroga que ya denegó», declaró Raquel Montón, responsable de la campaña nuclear de Greenpeace.

Como telón de fondo, tanto Nadal como Soria apoyan la continuidad de Garoña, según diversas fuentes consultadas. De ahí que no sentara muy bien en el Gobierno que en su día Nuclenor ratificase el cese de la actividad de la central.

Rentabilidad

Y ése puede ser el «as en la manga» de Nuclenor, porque «la nuclear y la hidráulica salen más rentables que el gas», añaden. De hecho, «todas las nucleares que hay en España están amortizadas, por lo que el kilovatio producido sale mucho más barato que el del gas», afirmó Javier García Breva, presidente de la Fundación Renovables.

«Si bien –prosigue– las empresas gasísticas tienen contratos de no menos de 20 años, por los cuales tienen que seguir importando gas, aunque su consumo en España haya bajado. De hecho, desde 2009 el coste de la importación de gas se ha incrementado en un 93 por ciento, por lo que aunque el kW nuclear salga más económico que el del gas, el problema es el que es».

Pero no es sólo rentabilidad. Las nucleares ayudan a su vez a cumplir los objetivos de reducción de emisiones. En el caso de la central nuclear de Garoña, ésta evita cada año la emisión de 2,7 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2). Desde su puesta en marcha, en marzo de 1971, y hasta 2012, la central burgalesa de 466 megavatios (MW) de potencia instalada ha evitado la generación de más de 100 millones de toneladas de CO2; el equivalente a prácticamente la emisión del parque automovilístico.

Respecto a la antigüedad, la central burgalesa, que lleva 42 años funcionando, no es la más «vieja» del mundo ni la que más tiempo ha estado operando. En la actualidad, «hay en funcionamiento siete reactores con 44 años, según los datos de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA-PRIS)», precisa Eduardo Gallego, profesor titular de Ingeniería Nuclear de la Universidad Politécnica de Madrid.

«Decidir si es o no seguro aumentar la vida útil de las nucleares es cuestión de los organismos reguladores», afirmó Santiago San Antonio, miembro del Consejo de la Sociedad Nuclear Americana. «Casi el 60 por ciento de los 102 reactores nucleares que hay en Estados Unidos –prosigue– tiene ya la licencia otorgada por el organismo regulador para operar durante 60 años».

Que Garoña prosiga o no dependerá de muchos factores, como la seguridad, pero también de que salgan los números. Si bien cabe recordar que desde su primera conexiónhasta el 16 de diciembre de 2012 Garoña ha generado más de 133.335 gigavatios hora (GWh). Y sólo en 2012 la producción de la planta fue de 3.879 GWh; es decir, el equivalente al 30 por ciento del consumo eléctrico de Castilla y León. Es cuestión de números.