Tabaquismo

«Los elementos tóxicos del humo del tabaco se podrían reducir hasta un 95%»

Coloquio sobre la reducción del Daño en Tabaquismo

Ángel González, Francisco Zaragoza, José Miguel Rodríguez González-Moro y Antonio Sierra.
Ángel González, Francisco Zaragoza, José Miguel Rodríguez González-Moro y Antonio Sierra.larazon

Médicos y expertos de diferentes disciplinas opinan sobre las nuevas alternativas sin combustión y de cómo la reducción del daño puede jugar un papel en el control del tabaquismo.

Dicen que las comparaciones son odiosas. Sobre todo para el que sale perdiendo, y si hablamos de peligros para la salud pública, la lucha contra el tabaquismo es la gran derrotada. A pesar de ser la primera causa de muerte, con 52.000 fallecimientos en 2017, las políticas de control del tabaquismo no están claras y pocos medios informan acerca de su eficacia o de las alternativas existentes cuando éstas no funcionan. Paradójicamente, otros ejemplos con menos impacto en la salud pública como los accidentes de tráfico –con 1.200 víctimas el año pasado– reciben un alto nivel de atención gubernamental y mediático.

Para analizar la problemática actual del tabaco, LA RAZÓN, con la colaboración de Philip Morris, convocó el «Café sobre la Reducción del Daño en Tabaquismo», en el que participaron Antonio Sierra, catedrático de Medicina Preventiva y Microbiología y exviceconsejero de Sanidad de Canarias; Ángel González, catedrático Emérito de Quimica de la Universidad Complutense de Madrid, director del Departamento de Láseres y Haces Moleculares del Instituto Multidisciplinario de la Universidad Complutense de Madrid; Francisco Zaragozá, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá de Henares, y José Miguel Rodríguez González-Moro, jefe de servicio de Neumología en Hospital Universitario Príncipe de Asturias.

Es cierto que, debido a las nuevas normativas de control del tabaquismo y a la crisis económica, el número de fumadores ha descendido. Sin embargo, este descenso se ha ralentizado actualmente en nuestro país, donde el tabaquismo aún afecta a un tercio de la población, recuerda González-Moro. En España parece que, a pesar de los esfuerzos, las políticas de prevención y cesación no terminan de dar los resultados esperados. Y cada vez se hace más evidente la necesidad de abordar el problema desde otro enfoque que permita introducir medidas complementarias para reducir el número de fumadores.

Alternativas

El problema del tabaquismo está en el humo. Señala el Dr. Zaragozá que cuando los fumadores encienden y queman un cigarrillo, se exponen a una gran cantidad de sustancias tóxicas que se producen por la combustión, cuyos niveles, completa el Dr. Sierra, pueden llegar a reducirse hasta un 95%. En la actualidad existen a disposición de los fumadores mejores alternativas, como el electrónico o el tabaco para calentar. Y en la medida en que sean adoptadas por quienes no pueden o no desean dejar de fumar, «podremos hablar de reducción del daño».

En Suecia lo han conseguido. Allí, la disponibilidad y uso de un producto alternativo al tabaco tradicional llamado snus, ha contribuido a que este país tenga la tasa de fumadores y de cáncer de pulmón en hombres más baja del mundo. Pero España no es el país escandinavo y debe buscar sus propias estrategias para reducir los daños del tabaquismo, a través de medidas complementarias a las actuales que, en opinión de los ponentes, ya han demostrado ser insuficientes para atajar el problema.

La meta final no es eliminar el daño, ya que es conocido que tanto en tabaquismo como en cualquier epidemia, la erradicación prácticamente no existe. Señala Antonio Sierra que «lo importante es trabajar por llevar a las enfermedades a los mínimos posibles», y es así como lo plantean en la Organización Mundial de la Salud. «Por tanto, nuestra estrategia en el tabaquismo debe ser la de tratar de reducir el daño al mínimo», señala el Dr. Sierra. De este modo, evitar la iniciación en el hábito de fumar debe ser lo primero, pero cuando un fumador no puede o no quiere dejar de fumar, deben entrar en juego las alternativas.

El primer paso es llegar a la ciudadanía, y aquí aún no se ha dado. «La mayoría aún no contempla la reducción del daño porque la información que le llega es escasa e imcompleta a pesar de las evidencias que ya tenemos», apuntó el Dr. Sierra. Y es que ya hay resultados de estudios independientes que poner en evidencia el potencial que tienen estas alternativas sin humo (como cigarrillos electrónicos y tabaco sin combustión) para reducir el número de fumadores y el daño, consecuentemente. Un ejemplo es el último estudio realizado en fumadores con EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), que demuestra que los pacientes que empezaron a usar el cigarrillo electrónico mejoraron sus resultados. «A corto y medio plazo, serguir aportando nicotina mantiene bien al paciente, pero dejar de aportar sustancias tóxicas, hace que la función pulmonar aminore su caída, disminuya la tos del fumador y tenga menos exacerbaciones. Y reducirlas se ha convertido en un objetivo fundamental del tratamiento de esta enfermedad», destaca González-Moro.

Deshabituación

No obstante, la mejor alternativa siempre es dejar de fumar. Se puede, con mucha fuerza de voluntad, pero la realidad es que son muchos los casos en los que el paciente no lo consigue. Las políticas de deshabituación tabáquica juegan un papel fundamental, pero está claro que no son suficientes y que son poco conocidas. «Hay una desinformación total, ni siquiera yo conozco la de Canarias.

Sorprende que de la primera causa de muerte no sepamos con qué dispositivos contamos para reducirla», sostuvo Sierra.

Medicina

El tabaquismo implica una adicción cuyo abandono requiere un tratamiento que, en España, no está financiado. «Hay pacientes que vienen a la consulta con enfermedades pulmonares que no pueden dejar de fumar y hay que ofrecerles tratamientos de deshabituación. Sin embargo, la eficacia de estas terapias no es alta –menos del 10% consigue mantenerse abstinente–. Por este motivo, hay que tener en cuenta todas las alternativas para aquellos pacientes que no quieren o no pueden dejar de fumar». En opinión de González-Moro, hay que «trabajar y desarrollar estudios que avalen este tipo de productos», ya que en España el concepto de emplear alternativas que ocasionan menos daño para el paciente es poco conocido.

De nuevo es el problema de la desinformación, y no sólo de los fumadores, sino también de la comunidad científica y médica. En este sentido, Ángel González apunta que «es importante difundir los hallazgos científicos sobre las alternativas de forma divulgativa y concretamente para conocimiento de los especialistas en salud y de la comunidad científica que pueda valorarlas». Además, Antonio Sierra no entiende que «la OMS se muestre reticente a dialogar con el sector del tabaco basándose en una norma de hace 15 años cuando existía un conflicto de intereses, mientras que la situación ha cambiado, ya que esta industria ha tomado la iniciativa de apostar por productos menos dañinos. Este conflicto hoy día podría no ser tanclaro».

De esta manera, tanto el fumador como la comunidad científica y médica podría contar con una información veraz acerca de las alternativas al cigarrillo. «Falta mucho para que un médico recomiende estas alternativas a un paciente con el que ya se ha probado todo. Pero si no es el médico, en breve será el paciente el que acuda preguntando por ellas y ahí, tendremos que opinar. Y en ese punto es donde espero que aparezcan estudios con los que poder informar a los pacientes», explicó José Miguel Rodríguez González-Moro.

Reino Unido

Ahora mismo, la referencia a nivel internacional es Reino Unido. Allí, el Real Colegio de Médicos se ha posicionado asegurando que las estrategias de reducción del daño en el tabaquismo representan un complemento muy potente a las políticas existentes de prevención. También recientemente el Comité de Ciencia y Tecnología del Parlamento Británico ha publicado un informe en el que revisa los estudios realizados y señala que los cigarrillos electrónicos son un 95% menos nocivos e insta al gobierno a implementar una regulación basada en las evidencias científicas, comentó el Dr. Sierra. Para él, el apoyo científico que supone este documento facilita el trabajo al resto de países, como España, que acusa una falta de dinamismo en cuanto a la reducción del daño.

A vista del ejemplo inglés, mantuvo González, y ante la gravedad de la situación, «quizá fuese el momento de lanzar una comisión nacional de expertos multidisplinares». Sin embargo, las perspectivas no son halagüeñas, ya que tanto la Medicina como la Administración no dan signos de querer avanzar: «Parece que hemos llegado hasta aquí, hemos protegido al no fumador con algunas políticas, pero ahora nos quedan los fumadores», concluyó González-Moro. ¿Vamos a dar un paso más para ofrecerles esas alternativas?