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Los héroes de Lourdes

«Hospitalarios, las manos de la Virgen» muestra la enfermedad con toda su crudeza, pero también la dignidad y la generosidad que supone dejarse ayudar. Allí no se sabe quién recibe más, si los enfermos o los voluntarios.

«Hospitalarios, las manos de la Virgen» muestra la enfermedad con toda su crudeza, pero también la dignidad y la generosidad que supone dejarse ayudar. Allí no se sabe quién recibe más, si los enfermos o los voluntarios.

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«Todo lo que no se da se pierde» dice un proverbio indio. Y en el santuario de Lourdes no se deja pasar ni una oportunidad para ofrecer la mejor versión de uno mismo y para recibir la mejor versión de los demás. Begoña Zancada acudió por primera vez como «hospitalaria» en 2007. Fue «un jarro de agua fría», reconoce. Pero desde entonces no ha fallado ni una vez porque allí aprendió su lección de vida más valiosa, que «la mayor felicidad es darse a los demás». Y especialmente, a los que más sufren. Como Antonio, que vive postrado en una silla de ruedas. Padece distrofia muscular de Duchenne, una patología que le dificulta el movimiento, y también el habla y la respiración. Los dos se están a punto de volver de Lourdes. Partieron el sábado en un autobús junto con otros 29 enfermos y otros 70 voluntarios –entre los que también hay un equipo médico– para encontrarse con la Virgen. Durante los tres días de estancia en el santuario los «hospitalarios» comparten la dura realidad a la que se enfrentan sus compañeros de viaje, personas con enfermedades de todo tipo. La entrega hacia ellos es total. Piden permiso en sus trabajos y se costean la estancia para acompañarles. Con todo lo que ello supone. «Reconozco que la primera vez que tuve que cambiar un pañal me quedé paralizada», admite Begoña. Recuerda bien el día cuando en la gruta de la Virgen preguntó a su grupo qué por quién querían pedir «¡y pidieron por todo el mundo menos por ellos! Te sientes muy pequeño a su lado». Fue entonces cuando se preguntó: «¿Quién recibe más de quién?».

Historias como esta son las que cuenta «Hospitalarios, las manos de la Virgen», un documental dirigido por Jesús García Colomer, un escritor que se lanzó al mundo audiovisual empujado por la fuerza de las escenas que se quedaron grabadas en su mente cuando visitó primera vez el santuario en 2013. «Fui a disgusto arrastrado por un amigo», admite. Pero su chip cambió cuando conoció «a gente que en situaciones tan crudas aporta un mensaje de luz», así como «la apuesta tan radical por el otro como la de los hospitalarios». Y se dijo a sí mismo que aquello merecía ser dado a conocer. «Me lié la manta a la cabeza» y con algunos compañeros «introdujimos varias cámaras en las peregrinaciones», tanto en los autobuses, como en el hospital, y «se grabó todo lo que se podía grabar como si de un ''reallity'' se tratara». Sin guion y sin expectativas. El resultado: «Un documental realizado en Lourdes pero que no es de Lourdes. Un documental sobre el enfermo y la dignidad humana más allá de las circunstancias de cada uno».

En «Hospitalarios, las manos de la Virgen», se cuentan historias de gente que va a ver a la Virgen sin creer en nada; los que se encuentran con ella pese a estar enfadados con Dios; también la de voluntarios que han nacido para entregarse a los demás y de otros que se apuntan a la peregrinación para quitarse de un plumazo los créditos de la obra social de la universidad. Una película que se estrena este viernes en cines de Madrid, Valencia, Murcia y Alicante, y que «no pretende dar lecciones a nadie». Recalca su director que ha hecho este documental «desde una experiencia de vida». Su padre falleció cuando él tenía 21 años víctima de ELA, por eso «no me gusta cuando alguien se apropia del concepto de muerte digna», critica en un tiempo en el que el debate de la eutanasia está de nuevo en la palestra. «Es un eslogan que vende mucho, pero mi propuesta es el derecho a una vida digna», puntualiza.

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