"Los ‘‘vapeadores’’ echamos de menos un debate científico serio"

En una mesa redonda en LA RAZÓN, el sector afín a los vaporizadores califica el anuncio del Ministerio de Sanidad de «torpe y dañino» para la salud pública.

De izquierda a derecha, Borja Vidaurre, Borja Allué y Alejandro Zamarro. Foto: Gonzalo Pérez
De izquierda a derecha, Borja Vidaurre, Borja Allué y Alejandro Zamarro. Foto: Gonzalo Pérez

En una mesa redonda en LA RAZÓN, el sector afín a los vaporizadores califica el anuncio del Ministerio de Sanidad de «torpe y dañino» para la salud pública.

«¿Tú fumas?» «No, yo vapeo». Esta respuesta, tan común hoy, era impensable hace cinco años. Ahora, la contestación no solo ha dejado de sorprender, sino que además despierta recelos por todo el mundo. En Estados Unidos, las ocho muertes relacionadas con los cigarrillos electrónicos ha abierto un debate sobre sus riesgos. Mientras, en India, gran productor de tabaco, la comercialización, el transporte, almacenamiento y venta de cigarrillos electrónicos está penada con hasta tres años de prisión en caso de reincidencia.

Paralelamente, en España, el Ministerio de Sanidad lanzó a primeros de mes una campaña de salud pública contra el tabaco que incluía cigarrillos electrónicos y «sishas». En el anuncio, el organismo recomienda no fumar ni «vapear». Además, el Gobierno de Pedro Sánchez está valorando endurecer la normativa que se aplica al «vapeo». La reacción de los usuarios no se hizo esperar, y el 16 de septiembre centenares de ellos se concentraron en Madrid para pedir la dimisión de la ministra de Sanidad en funciones, María Luisa Carcedo.

En medio de este clima, LA RAZÓN organizó el pasado jueves, en colaboración con Asociación de Profesionales del Vapeo (Provap), una mesa redonda sobre los efectos del mismo. En ella participaron dos representantes del sector: Borja Vidaurre, portavoz de Provap, y Borja Allué, administrador único de la sociedad Myblu (constituida por el grupo británico Imperial Brands para desarrollar este sector en nuestro país). Les acompañó en el debate Alejandro Zamarro, vicepresidente de Noche Madrid (Asociación de Empresarios de Ocio Nocturno de la Comunidad de Madrid) y vocal de la junta directiva de la Federación de Asociaciones de Ocio Nocturno de España, en representación del sector hostelero.

Vidaurre mantuvo que la última campaña antitabaco del Gobierno «mete en un mismo saco productos que son absolutamente distintos», dado que los «vapeadores» ni siquiera contienen tabaco. «La información es errónea», aduce, «y no se puede engañar a la gente así». Allué corrobora que «el tabaco no se ‘‘vapea’’, se fuma o se mastica», y califica el anuncio como «torpe» y «dañino».

Productos distintos

«El riesgo es que mucha gente descarte el ‘‘vapeo’’ como una alternativa para dejar de fumar, cuando se trata de una de las más eficientes», añade. De hecho, tras entrevistar a más de 10.000 usuarios del cigarrillo electrónico, la Asociación Española de Usuarios de Vaporizadores Personales, en colaboración con la Organización de Médicos en Apoyo del Vapeo, determinó que cerca del 92% de los consumidores españoles ha logrado dejar de fumar gracias al ‘‘vapeo’’. «Y como usuario y ex fumador», revela Zamarro, «puedo afirmar que el primero es un producto completamente distinto al tabaco».

En el caso de la hostelería nocturna, continúa, «el tabaco produce una concentración de gente fumadora a las puertas de los locales porque arrastra a quienes no fuman a acompañar a los que sí lo hacen». Esto, expresa el vicepresidente de Noche Madrid, genera un efecto multiplicador del ruido y pequeños botellones adosados a las puertas de los establecimientos. A ello se suman las colillas tiradas a la calle, la ceniza y el resto de residuos de la cajetilla, que no siempre se depositan en papeleras o contenedores. «El ‘‘vapeo’’ da una alternativa a esta situación, porque permite al individuo no tener que salir al exterior», ya que su consumo está permitido en espacios cerrados con excepciones como colegios o medios de transporte públicos.

A las experiencias personales se le suman los números. Allué pone de manifiesto que, a nivel internacional, «uno de los países donde se utilizan más vaporizadores es Reino Unido». Paradójicamente, se trata también de uno de los estados con el índice de consumo de tabaco más bajo de la Unión Europea, con un 14% de población frente al 26% de media. «En aquellos países en los que se está promoviendo el ‘‘vapeo’’ –y no atacándolo, como es nuestro caso–, el consumo de tabaco es menor», concluye.

Por esta razón, «desde la industria debemos luchar porque este mensaje se entienda. Otros productos como los parches y chicles de nicotina no están sufriendo esta persecución; éstos se basan en la misma sustancia que los cigarrillos electrónicos, la nicotina, y no son del todo efectivos», advierte.

Sin embargo, autoridades sanitarias como la OMS continúan recomendado estas estrategias farmacológicas tradicionales por encima de los cigarrillos electrónicos. Asimismo, hace tiempo que muchos especialistas sanitarios –no todos– alertan de que no siempre ayudan a dejar de fumar. De hecho, no falta quien aduce que numerosos adolescentes los consumen sin haber sido fumadores previamente. Sin embargo, Allué defiende que «evita que muchos jóvenes, empujados por el contexto social, comiencen a fumar». Gran parte de los fumadores empezaron a hacerlo en reuniones sociales y acabaron convertidos en adictos al tabaco.

El debate científico está servido y, en este sentido, Vidaurre anima a que en España «se profundice», porque «los ‘‘vapeadores’’ echamos de menos un debate científico serio». Asimismo, y refiriéndose en concreto a la campaña de Sanidad, pide que se lleven a cabo «análisis de fondo sobre los efectos de unos productos y otros antes de tomar decisiones», pues «nos da la sensación de que se ha emitido sentencia antes de hacerlos».

En su opinión, el Gobierno «ha desaprovechado una oportunidad única, puesto que los cigarrillos electrónicos son un 95% menos perjudiciales que el tabaco según el Instituto de Salud Pública de Inglaterra». Por su parte, Borja Allué reclama «que Sanidad revise y retire esta campaña cuanto antes», porque, en vez de luchar contra el tabaquismo, «lo único que hace es desinformar a la gente».

Ocho víctimas mortales

Son muchos los medios de comunicación que, tras aparecer la octava víctima mortal en Estados Unidos, han alertado sobre la aparición de una «epidemia». Con todo, los expertos han de establecer todavía si hay una relación causa/efecto entre esas muertes y los daños pulmonares que se le adjudican al ‘‘vapeo’’. Y aunque son muchos los que se preguntan si el líquido de los vaporizadores contiene sustancias cancerígenas, Allué responde tajantemente que «no»: «Myblu lleva más de 10 años en el mercado estadounidense y no hemos tenido ningún problema». Todos los casos que se han registrado en el país, asegura, «vienen vinculados por un consumo de líquidos no regulados».

Estas sustancias, señala a su vez el representante de Provap, «son productos que provienen del mercado negro». Aseguró que lo sucedido en EE UU, «en España, en principio, no puede pasar». En nuestro país, «todas las sustancias pasan por los controles de Sanidad y están bendecidas por dicho organismo», añade. ¿Existen, entonces, intereses ocultos detrás de lo que los ‘‘vapeadores’’ han bautizado como la «campaña de la desinformación»? «No tenemos claro que haya manos negras detrás», responde el portavoz de Provap. Pero «cada vez que un sector nuevo irrumpe y va en crecimiento, hay grupos a los que les interesa y otros a los que no», afirma el administrador de Myblu.

Basta con echar un vistazo rápido a las estadísticas que arroja la Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo para darse cuenta de que los beneficios de esta industria suben como la espuma. En 2011, en España, esta industria facturó seis millones de euros. Ocho años después, la cifra se sitúa en torno a los 38 millones. En cuanto al número de usuarios, alrededor de 300.000 personas utilizaron cigarrillos electrónicos en 2014. En tan solo cuatro años, la cifra casi se duplicó, con 562.000 en 2018. Sin embargo, «no queremos abrir el melón sobre cómo esto puede afectar a una campaña», rechaza Allué. «No es el momento para abrir una guerra de lobbys», añade.