Más felices que Italia pero menos que Venezuela

Un informe de la ONU sitúa a nuestro país entre los más dichosos. Tiene en cuenta variables como la percepción de la corrupción o la generosidad

Un informe de la ONU sitúa a nuestro país entre los más dichosos. Tiene en cuenta variables como la percepción de la corrupción o la generosidad

La felicidad parece ser el concepto más ansiado y, a la vez, más difícil de definir, al que el ser humano debe enfrentarse. ¿Se puede medir? ¿Es igual para todos? ¿Dónde podemos encontrarla? Éstas son sólo algunas de las preguntas que ha tenido en cuenta un comité de expertos de Naciones Unidas que realiza desde 2012 el Informe Mundial de la Felicidad. Según el documento, España se sitúa en el puesto 36 en nivel de felicidad de un total de 158 países. En la cima del listado están Suiza, Islandia, Dinamarca y Noruega. Los países cuyos ciudadanos se sienten más infelices pertenecen, en su mayoría, al África subsahariana. Cierran la lista Togo, Burundi y Siria.

Este análisis destaca que la felicidad es un término subjetivo y resalta que las evaluaciones que en él se hacen tienen que ver con el progreso y la seguridad, así como con las políticas públicas, dándole esta apreciación, de alguna manera, la razón a aquella teoría aristotélica de que el objetivo del Estado reside en asegurar la felicidad de sus ciudadanos.

Para realizar el estudio se han valorado distintas variables, predominando el nivel de vida, basándose esto en el PIB de cada país. También se ha tenido en cuenta la esperanza de vida, sin olvidar la calidad con la que se vive la misma; la libertad en la toma de decisiones; el soporte de las instituciones públicas a los ciudadanos; e, incluso, la percepción sobre la corrupción.

El documento también tiene en cuenta los cambios sufridos por los países en sus niveles de desarrollo, estudiando para ello los periodos comprendidos entre 2005-2007 y 2012-2014. España, en este aspecto, es uno de los que sale peor parado, ya que cae al puesto 119 en lo que a deterioro del nivel de vida se refiere. Según el documento, los países «con capital social de calidad parecen ser capaces de mantener o incluso mejorar el bienestar subjetivo, al afrontar desastres naturales o crisis, en la medida que las crisis les ofrecen la oportunidad de descubrir, usar y aprovechar sus vínculos comunales». Pilar Varela, psicóloga y autora de «Ansiosa Mente», un libro que versa sobre la felicidad, explica que «por encima de un nivel, el dinero no es un factor determinante en la felicidad. Sin embargo, por debajo de ese nivel, en el que las necesidades básicas no se pueden cubrir, se convierte en un factor de infelicidad». En cuanto a las variables que tienen en cuenta el nivel de corrupción, la psicóloga explica que ésta «puede irritarnos, pero no afectar nuestra felicidad a no ser que debido a ello se pueda ver en entredicho el propio futuro laboral». Además, Varela insiste en que «es importante destacar que la felicidad no es un estado de ánimo, sino una actitud ante la vida. El nivel de felicidad va en función del afecto, la percepción del futuro, la salud e, incluso, el sentido del humor» y sostiene que el ser humano «está hecho para salir a flote. Nacemos para sobrevivir y ser felices».

Por su parte, Javier Urra, doctor en Psicología, advierte de que la felicidad es un concepto puramente subjetivo: «Una persona puede ser feliz por la misma causa que hace desgraciada a otra. El nivel de vida es importante, pero no se pueden comparar entre ellos. En Kenia un cochecillo que te lleve de un sitio para otro te puede hacer muy feliz, pero en Suecia si no tienes tal coche con tales prestaciones, no te sientes satisfecho», explica el psicólogo, que hace hincapié en lo «importantísimo que es tener en cuenta que los países ricos tienen un índice de suicidio mucho mayor que el de los países más pobres».

Urra destaca que «lo que realmente sí es importante dentro de un país es la seguridad que perciben los ciudadanos, así como la educación». Al igual que este estudio, la fundación Fund for Peace realiza un índice de estados fallidos, en el que tiene en cuenta variables muy similares a las que el comité de Naciones Unidas ha elegido para llevar a cabo el suyo. Pero los resultados entre uno y otro presentan algunas diferencias. Es el caso de Portugal, decimosexto en la lista de países más seguros del mundo, pero en el puesto 88 en cuanto a felicidad. «No podemos confundir la felicidad con el bienestar. Nace de dentro, y tiene mucho más que ver con el amar y el sentirse amado, con que la vida tenga un sentido, que con los bienes materiales. Para la gente, la felicidad reside en aquellos que le rodean», dice Urra,y añade que «si tienes lo mínimo para vivir, el PIB te da lo mismo. Tal vez el problema del español medio sea precisamente que piensa que debe ser extremadamente feliz, y eso ha acabado por nublarle la visión de que tiene mucha suerte en asuntos básicos como la Sanidad, el acceso a la Educación o la seguridad del país».

Parece evidente, entonces, que la felicidad no se mide sólo por el nivel de vida, sino que entran otros muchos factores que hacen que comparar unos países con otros sea enormemente difícil. Como sostiene Urra, «un elemento que muchas veces no se tiene en cuenta es la climatología y, sin embargo, es importantísimo. No es igual vivir en Suecia que en Málaga. No es lo mismo salir del trabajo y que aún haga sol y poder irse de cañas con los amigos,que salir y que sea de noche, haga frío y uno tenga que meterse en casa», explica el psicólogo.