La desertificación ya afecta a un territorio del tamaño de Brasil

Vista del desierto natural de Tabernas (Almería) y el monte Alfaro, una de las zonas que se pretende poner en valor al ser el desierto natural más importante de Europa
Vista del desierto natural de Tabernas (Almería) y el monte Alfaro, una de las zonas que se pretende poner en valor al ser el desierto natural más importante de Europa

La desertificación afecta especialmente a buena parte de África y de Oriente próximo. Pero España, con una delicada situación geográfica cercana a esas zonas más afectadas, sufrirá el agravamiento de este fenómeno como consecuencia del cambio climático y las elevadas temperaturas. Entre sus gravísimas secuelas se encuentran la alteración del ciclo del agua y de la conservación de las tierras fértiles. Hoy, Naciones Unidas celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación, un fenómeno natural que afecta al sudeste de nuestro país.

Se calcula que entre el 10 y el 20% de las tierras secas podrían estar ya degradadas. Este porcentaje equivale a una superficie de entre seis y 12 millones de kilómetros cuadrados, algo comparable a la extensión geográfica de Brasil, explican desde el Colegio de Ingenieros de Montes. “Desde la Cumbre de Río en 1992, luchamos a nivel global contra la desertificación en el mundo, pero lo cierto es que desde entonces este problema mundial ha tenido mucha menos repercusión política y mediática que el cambio climático”, lamenta el decano Eduardo Rojas.

“Es necesaria una adecuada gestion del territorio preservando y restaurando la cubierta vegetal como herramienta contra la desertificación”, afirma Rojas. “De hecho, en algunos países como

Marruecos ya se está trabajando en ello con éxito”, añade. La correcta gestión en estas áreas repercute en una mejor calidad del agua, en la preservación de la biodiversidad y actúa como paliativo contra el cambio climático. Y no sólo. “La degradación de la cubierta incide en la formación de polvo y de aerosoles que afectan a la formación de nubes y pueden alterar las precipitaciones, pero también el ciclo mundial del carbono y, como consecuencia, el equilibrio de la biodiversidad”, advierten desde el citado Colegio.

Pero no afecta sólo al entorno natural: entre las consecuencias de la desertificación se encuentran muchas enfermedades respiratorias, las inundaciones que asolan campos de cultivo, la sequía y la disminución de la productividad de la tierra que conducen a una migración difícil de asumir por los países receptores.

«Sin una solución a largo plazo, la desertificación y la degradación de las tierras no solo afectarán el suministro de alimentos, también propiciarán un aumento de las migraciones y pondrán en peligro la estabilidad de muchas naciones y regiones», tal y como precisó el secretario general de la ONU Ban Ki-moon con motivo del Día Mundial contra la desertificación.

Un fenómeno que no es precisamente reciente en nuestro país. Rojas recuerda que “los ingenieros de Montes ya hemos luchado contra la desertificación desde hace más de cien años. Y lo hemos hecho con éxito, asumiendo que requiere de considerables medios y capacidad logística”.

Un ejemplo claro de la restauración de la cubierta vegetal como herramienta contra el avance de esta degradación la encontramos en Sierra Espuña, Murcia, donde el ingeniero de montes Ricardo Codorniú comenzó a trabajar en 1889 para reforestarla por completo. También con sus trabajos de reforestación en Guardamar del Segura logró contener el avance de las dunas que amenazaban el pueblo. España es uno de los países europeos con mayor riesgo de desertificación. De hecho, ya en 2008, el Programa de Acción Nacional contra la Desertificación reflejaba

que el 2,03% del territorio presentaba riesgo muy alto de desertificación, el 15,82%, riesgo alto y el 19,12 por ciento, riesgo medio.