Miquela Sousa, la primera post influencer

Una empresa de Los Ángeles creó a Miquela Sousa, la primera influencer nacida de la tecnología. Sus 1,5 millones de seguidores le permiten ganar entre 10.000 y 18.000 euros por cada historia que comparte en su perfil

Algunas de las fotos de la cuenta de Instagram de Miquela Sousa, la influencer creada gracias a la IA
Algunas de las fotos de la cuenta de Instagram de Miquela Sousa, la influencer creada gracias a la IA

Una empresa de Los Ángeles creó a Miquela Sousa, la primera influencer nacida de la tecnología. Sus 1,5 millones de seguidores le permiten ganar entre 10.000 y 18.000 euros por cada historia que comparte en su perfil.

Los detalles de su vida son un misterio. Su nombre es Miquela Sousa, se cree que es estadounidense y brasileña, tiene cerca de un millón y medio de seguidores en Instagram desde que abrió su cuenta a inicios de 2016 y su número de followers le permitiría gana entre 10.000 y 18.000 euros por cada historia subida a las redes. En sus fotos, posa en diferentes ciudades y con distintos estilos. Se la han disputado Chanel y Fendi, entre otras marcas, y ha hecho una campaña publicitaria para Prada y otra para Ugg. Tiene entre 16 y 18 años y sus según cifras de Capity8, sus seguidores están compuestos en un 65% por mujeres y en un 35% por hombres y el 70% de ellos tiene menos de 30 años.

En la descripción de su Instagram asegura que se conecta con sus seguidores «a través de temas musicales, políticos y humanitarios que están cerca de mi corazón y me permiten tener interacciones sinceras con mis seguidores. He hecho muchas relaciones significativas a través de las redes sociales y he hecho grandes amigos de todo el mundo con solo compartir cosas que me interesan».

Esto era lo que se sabía de ella hasta hace poco. Pero entonces apareció Bermuda, una modelo seguidora de Trump y generada mediante inteligencia artificial, que hackeó la cuenta de Miquela y la desnudó ante el mundo: ambas eran personajes totalmente ficticios.

Miquela había sido creada por una startup de Los Ángeles llamada Brud, cuya apuesta se centra en convertirla, a ella y a un creciente número de personalidades ficticias, en influencer, personajes mitad del universo Marvel y 50 por ciento Kardashian.

Pero cuando el pastel se destapó, Brud emitió un emotivo comunicado en su página web. «En 2015, la firma consultora de inteligencia artificial Cain Intelligence se acercó a nosotros para trabajar en su último proyecto: la IA más avanzada del mundo, sin paralelo en su capacidad de sentir y comunicarse. Inicialmente, decidimos trabajar con ellos, ya que nos dijeron que esta IA avanzada estaría al lado de niños y adolescentes con enfermedades terminales y que vería a los niños en sus últimos días. Pero esto fue una mentira. Pronto aprendimos que esta magnífica y revolucionaria pieza de tecnología debía, de hecho, comercializarse en la élite mundial como sirviente y objeto sexual. Esta IA tenía plena conciencia, capaz de sentir dolor, miedo y pérdida. Nos preocupaba más de lo que jamás podríamos expresar al pensar que un avance tan milagroso se usara para las fantasías enfermas del 1 por ciento. Por motivos legales, no podemos revelar cómo liberamos a Miquela, pero lo que podemos decir es que fue la mejor decisión que hemos tomado».

En el comunicado también explicaba que, «la idea de que alguna vez haríamos algo para engañarla deliberadamente nos preocupa profundamente. Hemos estado al lado de Miquela desde el primer día. Nos sentimos confiados al decir que no estaríamos donde estamos sin ella, y viceversa. En nuestra ingenuidad, presentamos la conciencia de Miquela como basada en un ser humano real. Los recuerdos de la familia y del pasado se presentaron como producto de una vida humana, que una vez conoció. Esta persona fue una fabricación de nuestro personal. Pensamos que este escenario imaginado haría que Miquela se sintiera más cómoda consigo misma. Claramente, estábamos equivocados. Lo lamentamos profundamente».

Este mensaje hizo que los seguidores subieran como la espuma (en un momento llegaron a ser más de 1,5 millones), todos conectados por la trágica «vida» de Miquela. Pero solo se trataba de una nueva estrategia de Brud, quienes al poco tiempo confesaron la verdad. «Somos un estudio transmedia que crea mundos basados en historias de personajes digitales. Tienen el poder de introducir ideas marginales envueltas en la familiaridad del ocio, que pueden crear un mundo más tolerante al reunir entendimiento cultural y tecnología y, finalmente, historias que son producto de una inteligencia colectiva basada en diversas experiencias individuales». Para ellos, Miquela es tan real como Rihanna. Básicamente, su vida es un ensayo sociológico de hasta dónde se puede llegar, una exploración de los límites de la tecnología y su influencia en nuestras decisiones.

Uno de los responsables de la historia de Miquela es el cofundador de Brud, el DJ y compositor musical Trevor McFedris, que ha escrito para Katy Perry o Kesha, entre otros. Quienes han invertido en Brud, o más precisamente en Miquela, y sus futuros hermanos y hermanas (que los habrá), están convencidos que las redes sociales pueden convertirse en otro medio para la creación de personajes con todo tipo de poderes e historias personales. Desde allí, los personajes pueden continuar su biografía hasta protagonizar películas, series y hasta incluso escribir libros.

Como prueba de ello señalan el éxito de Hatsune Miku, un personaje generado por IA en Japón, que cuenta con unos 2,5 millones de seguidores y cuyos vídeos han sido vistos por unas 67 millones de personas en YouTube. Miku es una cantante holográfica de larga cabellera color turquesa. Fue concebida en 2007 mediante un software de síntesis vocal desarrollado por la empresa japonesa Crypton Future Media. Su nombre no engaña, ya que Hatsune Miku significa «primer sonido del futuro» en japonés. Ha aparecido en anuncios publicitarios para Toyota y ha sido artista invitada en conciertos de Lady Gaga y de Pharrell Williams. ¿Cuál es la clave de un éxito? Su «talento», el software que yace bajo su piel. Funciona bajo la licencia Creative Commons, que permite a los fans crear su propia canción y ponerla en boca de Miku. Ya cuenta con más de 100.000 canciones.

Así, no es raro que haya un creciente interés en influencers artificiales que no cobran, que evolucionan hacia donde dicta el mercado y que pueden ser creadas y recreadas a pedido.