Nacer antes de tiempo por los tratamientos de fertilidad

La presión de las madres que, por posponer su maternidad, optan por estas técnicas, ha aumentado el número de prematuros en los últimos años.

La presión de las madres que, por posponer su maternidad, optan por estas técnicas, ha aumentado el número de prematuros en los últimos años.

Cada año, nacen unos 420.000 niños en nuestro país. La cifra que se ha ido reduciendo en la última década por el descenso generalizado de la natalidad en toda Europa. De ellos, 45.000 nacen antes de tiempo, sin cumplir las 40 semanas de gestación. Una cifra que parecía que se estaba reduciendo tras el repunte de la inmigración, pero que, como confirma Máximo Vento, presidente de la Sociedad Española de Neonatología (SEN), miembro de la Aeped, «ha sufrido un cierto incremento, de alrededor del 2 por ciento, por el aumento de las técnicas de reproducción asistida». Estos cerca de mil casos más son los que sitúan a nuestro país en un cifra del 7 por ciento, por detrás de nuestros vecinos del norte de Europa (Noruega o Suecia), pero con mejores datos que otros más grandes como Estados Unidos, que se sitúa en un 12 por ciento de prematuridad. Pero, ¿qué relación puede tener el incremento en España con los tratamientos de fertilidad?

«Sobre todo lo que se están dando son casos de prematuridad tardía (nacen entre la semana 33 y la 34) y que están ligados con estas técnicas de reproducción asistida que condicionan la programación del parto para evitar que se malogren», explica el doctor Vento. Así, los métodos que se utilizan para estos embarazos tan deseados no funcionan al día siguiente y «las mujeres que optan por ellos suelen haber retrasado previamente su maternidad, lo que aumenta el factor de riesgo y a éste se suma el de la gemelaridad que también es uno de los motivos más importantes de prematuridad».

A pesar de este incremento, las cifras de supervivencia de estos bebés siguen siendo muy elevadas, «sobreviven el 90 por ciento». Estos pequeños suelen superar los 1.000 gramos al nacer, pero «cuando ya alcanzan un peso de entre 700 y 800 gramos las cifras de supervivencia son excelentes». Además, los bebés tan pequeños apenas representan el 1 por ciento del total de todos los prematuros.

La calidad de vida de todos estos niños es una de las mayores preocupaciones de los médicos. De ahí la importancia de las unidades de neonatología que ya están presentes en muchos centros sanitarios. Son en estas unidades donde ingresan tanto los bebés más pequeños con problemas cardiacos o respiratorios que entran en el área de cuidados intensivos, como los que nacen con alguna malformación o algún otro problema tras el parto, como puede ser la asfixia. Esto es lo que le ocurrió al primer hijo de Rafael Dávila quien, a partir de su experiencia, ha plasmado en una muestra fotográfica en el Hospital madrileño Infanta Elena la situación de estas unidades donde los más pequeños luchan por salir adelante.

El embarazo de la esposa de Rafael transcurrió sin ningún problema. Se iban cumpliendo los plazos y el pequeño Rafita crecía sin problemas, pero en el momento del alumbramiento «el bebé estaba mal colocado y permaneció más de 20 horas con la bolsa abierta. Su madre estuvo empujando durante nueve horas. Fue un parto complicado», recuerda el padre. Por fin nació y «cuando lloró nos tranquilizó mucho y nos lo pusieron en brazos, pero los médicos se dieron cuenta de que respiraba mal y, rápidamente, se lo llevaron a esta unidad para meterle en una incubadora. Le habían entrado unas burbujitas en el pulmón y tenía que estar conectado a un respirador». Rafael aún recuerda la imagen del pequeño rodeado de tubos: «Me impactó mucho». Su curación, al contrario de otros niños, mucho más pequeñitos, que estaban en esa misma unidad, fue mucho más rápida. Tras hacerle una placa, media hora después de su ingreso, con una jeringuilla le extrajeron el aire que se había quedado en sus pulmones. «Fue muy sencillo», reconoce Rafael. Eso sí, durante una semana tuvo que estar tomando antibióticos de forma preventiva, mientras sus padres ya habían vuelto a casa. Esta separación, aunque en su caso fuera muy corta, es lo que peor llevan los padres, «aunque desde el centro te dan todas las facilidades para que puedas ir a verlo a cualquier hora del día», recuerda.

El caso del pequeño Rafa fue bastante sencillo porque el bebé ya tenía formados todos los órganos, pero no suele ser lo habitual. «Estos niños tienen que superar una maratón desde que nacen hasta que consiguen irse a casa», afirma Miguel Saenz de Pipaón, del Área de Neonatología del Hospital La Paz de Madrid. «Los primeros obstáculos a superar son los relacionados con los pulmones que, al nacer prematuramente, no están preparados y no son capaces de respirar». El segundo gran reto está el relacionado con la alimentación: «Dentro de la tripa se van nutriendo de forma continua a través del cordón y de la placenta, pero al nacer tienen el reto de ir introduciendo alimentación. Por eso es tan importante la leche materna, que les protege». A estos dos grandes problemas se suma un tercero: el crecimiento. «Un niño que nace con 28 semanas pesa unos 1.200 gramos y tiene que ser capaz de superar lo que suponen los más de tres kilos que alcanzan a las 40 semanas», añade el neonatólogo.

Para que esta carrera de fondo se salde en positivo, tanto Vento como Saenz de Pipaón insisten en el papel preponderante de los padres. «Es muy importante incorporarles en los cuidados. Su participación es clave para alcanzar los datos tan altos de supervivencia que tenemos», afirma el último. A la ayuda de los progenitores se suma el, cada vez mejor, seguimiento de los obstetras que «vigilan cada una de las etapas de gestación y localizan muy pronto los problemas que puedan surgir», añade el médico de La Paz.