Perfil del maltratador: español de 31 a 40 años, vive en pareja y el 20% se suicida

Verano sangriento. Desde 2003, 104 mujeres han sido asesinadas por sus parejas en el mes de julio. Solo en 2019 han muerto nueve.

Verano sangriento. Desde 2003, 104 mujeres han sido asesinadas por sus parejas en el mes de julio. Solo en 2019 han muerto nueve.

La violencia contras las mujeres es una lacra que no cesa. Julio arrancó con duelo y conmoción en Córdoba. Concretamente en la localidad de Rute, donde un hombre asesinó a su mujer a martillazos. No había antecedentes por violencia machista, ni denuncia. Tan solo unos días más tarde la tragedia azotó a Burgos. Monika, una búlgara de 29 años con dos hijas que se quería separar, fue apuñalada por su marido que también la arrojó por la ventana y posteriormente se entregó a la Policía. Asunción fue acuchillada por querer separarse de su pareja. Vivía en la alicantina localidad de Elche. Elena fue mortalmente disparada por su marido –que también se quitó la vida– en Málaga.

Mari Carmen, de 47 años, perdió la vida a manos de su ex pareja en Vilalba (Lugo). Le había denunciado por malos tratos y sobre él pesaba una orden de alejamiento desde hacía varias semanas. Tras cometer el asesinato se suicidó. Riet, de 57 años, vivía aterrada y su vida era un infierno. Su marido la apuñaló en el corazón y posteriormente trató de quitarse la vida. Sucedió en Calpe (Alicante), y fue la hija de ambos quien los encontró. Eva, de 47 años, era médico y su marido le prohibía hasta saludar a los vecinos. Su marido la degolló. Sucedió en Tarrasa, el 24 de julio.

La siguiente víctima fue Maruchi. Vivía en la cántabra localidad de Escalante, un pueblo de 800 habitantes donde todos se conocen y la trágica noticia conmocionó a la villa. Su marido la acuchilló y luego se suicidó estrellándose con el coche contra un árbol. La última de esta alarmante lista fue Pepi. Su marido le disparó con una escopeta en Burgos, al igual que a su hijo, a quien hirió de gravedad.

En total, nueve mujeres que perdieron su vida a manos de sus parejas. Estos alarmantes datos sitúan a este mes de julio como el segundo peor en los últimos 17 años, desde que en 2003 empezaron a contabilizarse los casos. Esta cifra sólo fue superior en 2010, cuando se registraron oficialmente diez crímenes por violencia de género e iguala a la del mismo mes de 2015. El veraniego julio es por definición el mes más cruento para la violencia machista. Desde 2003, un total de 104 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas, es decir un 10,2% de los asesinatos.

¿Existe alguna relación entre la época estival y el aumento de los asesinatos machistas? Carmen Benito, de 52 años, fundó Mujeres Unidas contra el Maltrato (MUM) en 2010, una asociación que apoya a las mujeres en el proceso de pasar de víctimas a supervivientes de malos tratos y en la prevención para luchar contra la violencia de género.

En declaraciones a LA RAZÓN asegura que «en verano solemos tener un repunte de gente que nos llama porque pasan más tiempo juntos con su pareja. Cuanto más tiempo están juntos, más peligro». Sin embargo, para la psicóloga experta en Violencia de Género Bárbara Zorilla no hay ninguna evidencia empírica que demuestre esa relación, son teorías. «Los asesinatos se incrementan cuando las mujeres abandonan la relación de pareja o intentan conducirse libremente. Ellas quieres salir, estar con su familia, marcharse y ellos no lo pueden soportar», dice.

Del total de 1.012 víctimas mortales desde 2003, solo en 212 casos (20,9%) constaba denuncia previa. Además, 616 (60,8%) de ellas convivían con su agresor, según los datos de la Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género. Este organismo concluyó que las mujeres tardan de media ocho años y ocho meses en denunciar, romper su silencio y ser capaces de pedir ayuda. Para Bárbara Zorrilla entre las razones que explican esta demora está «una autoestima machacada tras años de sufriendo y maltrato que les conduce a pensar que no serán capaces de afrontar esta situación y unos altos niveles de dependencia emocional y funcional».

El rango mayoritario de edad de las víctimas se sitúa en 31-40 años, tramo que también es mayoritario entre los presuntos agresores. El 66% de las mujeres asesinadas eran españolas y el 66,9 de los agresores también. El 20% de los agresores se suicida tras cometer el crimen. De hecho, los dos último casos de violencia de género en Escalante (Cantabria) y Burgos reflejan esta realidad: muchos de los hombres que matan a sus parejas se suicidan después.

De los 37 asesinatos machistas que se han cometido en lo que va de año, doce han terminado con los agresores quitándose la vida. ¿Existe alguna explicación para este repunte? Para Carmen Benito esta decisión, al igual que la de asesinar, «es un poco cobarde». Zorrilla, asegura que «el suicidio exonera la culpabilidad que experimenta el agresor y es también una manera de evitar el rechazo social o eludir la condena». No hay un patrón psicológico de la mujer maltratada. El agresor, sin embargo, es «inseguro, dependiente y con déficit en el control de los impulsos», concluye la experta.