¿Somos hijos de las estrellas?

Hasta el momento, el único lugar del universo donde sabemos que existe vida es en la Tierra. Una vida que surgió relativamente pronto, cuando se dieron las condiciones de estabilidad mínimas para asegurar la existencia continuada de agua líquida sobre el planeta. Desconocemos los detalles del proceso y el tipo de entorno que permitió la emergencia de vida sobre la Tierra, pero no hay que descartar la posibilidad de que tuviera lugar en condiciones que, desde nuestros parámetros, resultan «extremas». Temperaturas, presiones, acidez... puede que la Tierra que parió la primera forma de vida fuera, aparentemente, cualquier cosa menos habitable. Pero ¡vaya si fue habitada! La vida evolucionó a partir de una misma raíz o ancestro común, lo cual ya implica un conjunto de metabolismos celulares genéticamente instruidos que llevaron a la aparición de las primeras procariotas. Mientras, se fueron estableciendo los ciclos biogeoquímicos a escala planetaria que permitieron aumentar la complejidad de aquellos seres simples surgidos hace unos 4.000 millones de años. Pero si echamos hacia atrás los relojes es imposible obviar que aquella Tierra que originó las primeras formas simples de vida era fruto de su tiempo. De alguna manera, todo lo que acaeció hace 4.000 millones de años en nuestro planeta estaba relacionado con lo que había ocurrido miles de millones antes en el resto de cosmos. La gran riqueza y diversidad que vemos en el universo es fruto, en primera instancia, de las reacciones termonucleares que tienen lugar en el interior de las estrellas. En ellas se cocinaron todos los elementos químicos conocidos, del hidrógeno al uranio. A partir de ellos, la imparabe evolución química en ambientes tales como el medio interestelar, las nebulosas o los cometas ha dado lugar a una gran variedad de compuestos moleculares, tanto orgánicos como inorgánicos. Finalmente, la existencia de sistemas planetarios ha proporcionado el entorno idóneo para el desarrollo de químicas complejas, hasta la aparición de compuestos orgánicos con potencial biológico. Todo esto no puede entenderse fuera del proceso general de autoorganización y evolución química del universo. Todos los científicos modernos aplauden esta idea. Los elementos químicos que formaron las bases de la primera vida en la Tierra eran producto del trabajo previo realizado en el seno de las estrellas más primitivas. Pero también lo son los elementos que conformaron el planeta, con sus peculiaridades, hasta el momento únicas, que lo convirtieron en un planeta habitable. De manera que existe un hilo conductor indestructible entre la evolución estelar y la evolución biológica. Sí, somos hijos de las estrellas, se mire por donde se mire.

¿Qué hay en el vacío?

En el universo, lo que llamamos vacío no existe. A menudo tendemos a pensar que la distancia que hay entre las estrellas y otros cuerpos celestes es un espacio sin nada. Sin embargo, el medio interestelar en realidad está muy lleno. El 99% de este medio es gas y el 1%, polvo. En lo que respecta al gas, el 75% es hidrógeno y el 25% restante es helio. Está extremadamente diluido, con una densidad media de un átomo por centímetro cúbico (por comparación, el aire que respiramos posee una densidad de 30 trillones de moléculas por centímetro cúbico). Los granos de polvo interestelar son muy pequeños, del orden de una milésima de milímetro; tienen forma irregular y están hechos de silicatos, carbono, hielo y diferentes compuestos de hierro.

¿Por qué Huelva se parece a Marte?

Al suroeste de España se encuentra el río Tinto. Nace en la sierra de Huelva y recorre 90 kilómetros hasta desembocar en la ría de la ciudad. Tiene una marcada acidez y un alto contenido en metales pesados, tóxicos para la vida, disueltos en sus aguas. En ocasiones se han medido valores próximos a 20 gramos por litro de concentración de hierro.En la tierra actual hay escasos ambientes con un alto contenido en hierro, por lo que el Río Tinto es un modelo ideal para conocer de forma directa la formación de depósitos de hierro, la diversidad de las comunidades de organismos en estos ambientes y su interacción con el substrato geológico. Por eso, muchos expertos han investigado el ambiente de este río para entender mejor en qué condiciones podría existir vida en planetas con características químicas similares, como Marte.