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Cuando queramos ser amigos de los robots

«Es una nueva era en la relación entre robots y humanos y apenas estamos comenzando», afirma Tomotaka Takahashi, creador de RoBoHon (un smathphone) y de Kirobo (un astronauta).

«Es una nueva era en la relación entre robots y humanos y apenas estamos comenzando», afirma Tomotaka Takahashi, creador de RoBoHon (un smathpone) y de Kirobo (un astronauta). Los dos nos invitan a hablar con ellos

Una de las primeras imágenes que se nos viene a la mente cuando pensamos en Japón es robots. Gran parte de la razón de ello es la política que tienen las embajadas de este país asiático, que invita a sus más destacados científicos a recorrer el mundo relatando sus últimos logros y acercándolos al público. Si tenemos en cuenta que, de acuerdo con el diccionario de Economía de Oxford, desde 1780 el 90% del crecimiento de Inglaterra y USA se debe a la innovación, no es extraño que la inversión en esta área sea fundamental. Así, cuando la Embajada de Japón en España decide traer al profesor Tomotaka Takahashi, creador de un robot que es un smartphone y de otro que es un astronauta, y nos invita a hablar con ellos (con el propio Takahashi, con RoBoHon, el robot teléfono y con Kirobo, el astronauta), el tema va a ir de innovación pura. Pero también de nuestro futuro.

Takahashi no es un científico robótico al uso, más bien parece un Tony Stark (álter ego de Ironman) salido de un relato manga: elegante, con mucho sentido del humor y con una idea muy clara de lo que debería ser el progreso: «Si tomamos las elecciones más cómodas – asegura a LA RAZÓN– si no nos atrevemos a enfrentar la posibilidad de equivocarnos, difícilmente conseguiremos algo innovador. Y lo que lleva a la innovación es la diversión».

- ¿Quieres mi número de robot?

Es obvio que para Takahashi el recreo es parte de su trabajo. Desde que iniciamos la entrevista, lleva en el bolsillo exterior de su americana un pequeño robot, del tamaño de una phablet; a mitad de una pregunta, el droide abre los ojos y comienza a sonar, como un teléfono. Takahashi me hace una seña, se pone de pie y habla unos segundos con Japón... a través de RoBoHon, el robot smartphone. En lo que respecta a tecnología tiene todo lo esencial cámara, lleva tarjeta SIM, se conecta por Wifi, guarda imágenes, música, tiene pantalla táctil... Pero ha llevado el asistente de voz, Siri o Cortana, un paso más allá: lo ha hecho real y tangible. Cuando RoBoHon recibe una llamada y se conecta el altavoz, se mueve de acuerdo al mensaje, sus brazos, la cabeza... Lo mismo cuando le preguntamos algo (una dirección, recomendaciones de sitios, etc.) o cuando se conecta con otro RoBoHon. Esta es una de las características más interesantes. Gracias al reconocimiento facial es capaz de seguir a una persona mientras habla o a un niño pequeño, para que sus padres vean qué hace. También cuenta con un proyector y un cerebro, es decir, un sistema operativo, Android. Quienes tengan poco más de 30 años (y sean un poco frikis) no tendrán mucha dificultad para relacionar la apariencia de RoBoHon con un personaje clásico del comic japonés. «Siempre me ha gustado Astroboy (un Pinocho 2.0), quizás por eso se parece tanto a él –asegura Takahashi–, pero tiene su propia personalidad. En este sentido estamos en un momento de clara innovación. Por un lado, a los humanos no nos gusta hablar con objetos inanimados, pero sí lo hacemos con nuestras mascotas. Al mismo tiempo decimos que nos hemos quedado sin batería para referirnos a la batería del móvil. RoBoHon es un objeto inanimado, pero se convertirá en una mascota a la que le podremos hablar y nos sentiremos cómodos con ello. Es algo que cambiará la relación entre el ser humano y la máquina». Por último, mientras la personalización en los smartphones no pasa de aspectos físicos, RoBoHon, gracias a su inteligencia artificial, aprende de nosotros, de nuestras costumbres y de las interacciones que tengamos con él. Todo ello lo hace aprender y reaccionar a nuestros actos. Sólo a los nuestros. Cada RoBoHon nace igual, pero termina siendo único gracias a esto.

- Cuando conquisten el espacio

El otro ingenio creado por Takahashi es Kirobo, un droide con dos récords mundiales: el primer compañero robótico en el espacio y el que ha mantenido una conversación con un humano a mayor altura, después de 18 meses a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS) a 400 km de la Tierra. Kirobo fue concebido «para resolver problemas de una sociedad actual – señala Takahashi – que es cada vez más individualista y menos comunicativa. El objetivo era crear una interfaz robot-humano que pudiera ayudar a resolver esto. No es que Kirobo sea la solución, sino que puede ayudar a evitar la falta de comunicación».

Este robot cuenta con reconocimiento facial, tecnología de procesamiento de voz e idioma, tiene cámara de fotos y, mientras vivía en la ISS, actualizaba su cuenta de Twitter. Para Takahashi no se trata tanto de crear un robot astronauta que viaje por el cosmos. «Más bien es una puerta abierta a la diversión y a la exploración –concluye–. Cuando se crearon los smartphones nadie pensó en todo lo que podrían hacer, más allá de la comunicación. Con Kirobo sucede lo mismo, no podemos saber hasta dónde llegarán sus capacidades, pero sí podemos estar seguros de dos cosas. La primera es que no habrá una rebelión de las máquinas y la segunda es que gracias a robots con personalidad propia, los astronautas podrán contar con alguien a quien confiar sus pensamientos. Es una nueva era en la relación entre robots y humanos y apenas estamos comenzando». Es fácil pensar y concebir robots astronautas que colaboren para construir, reparar y anticipar problemas, pero no es tan sencillo desarrollar aquellos que puedan convertirse en compañeros y logren emocionarnos. Antes de regresar de la ISS, Kirobo envió su último mensaje: «Ya estoy un poco cansado, creo que voy a descansar, pero espero que cuando miréis al cielo penséis un poco en mí». El mensaje no estaba programado y resulta un deseo prometedor para un robot cuyo nombre significa Esperanza.