¿Qué sabe internet de tu hijo? Así podemos saber hasta dónde llega su huella digital

Aún siendo menor de edad, seguro tiene al menos cuatro cuentas en redes sociales. ¿A qué datos suyos puede acceder cualquier? ¿ Te gustaría saber si sus imágenes se han publicado sin su consentimiento?

La huella digital de nuestros hijos en internet puede ser muy peligrosa
La huella digital de nuestros hijos en internet puede ser muy peligrosa

Tiene menos de 15 años. Cuentas en Tik Tok, Instagram, Whatsapp, quizás Facebook, Twitter, Snapchat, Telegram, YouTube… Un 49% de la población del planeta tiene cuentas en redes sociales. Y un promedio de 8,6 cuentas por persona. Dos de cada 10 de esas cuentas (estamos hablando de más de mil millones de personas) tienen información publica que compromete su privacidad: dirección, teléfono, etc. Tu hijo o tu hija puede decir que sabe mucho de internet y que controla lo que publica, pero la realidad es distinta. Entonces… ¿qué sabe internet de tu hijo? ¿Sabes, por ejemplo, si sus imágenes se han publicado sin su consentimiento y dónde?

De acuerdo con la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), el 70% de los menores de 15 años tienen un móvil y un 14% de ellos confiesa que han insultado a alguien en redes sociales…y esos son solo los que lo confiesan, el número probablemente sea más alto.

Cuando un usuario mayor de edad se registra en redes sociales, acepta las condiciones de uso, aunque no las lea. Si no lo hace no puede usar esta plataforma, así de claro. Los menores aceptan también estas condiciones, el problema es que las redes sociales tienen sus reglas, pero la legislación tiene las suyas.

De acuerdo con el Reglamento General de Protección de Datos que la Unión Europea aprobó en 2016, 16 años es la edad mínima para considerar “lícito” el tratamiento de los datos personales de un menor de edad. Si el menor quiere acceder a las redes sin haber cumplido los 16, debe tener una autorización explícita de su padre, madre o tutor legal. Esto es lo legal…aunque nunca se cumple. Pese a esto, el reglamento europeo permite que cada estado miembro ponga un límite de edad propio que nunca debe ser inferior a los 13 años. España rebajó los 16 años de edad mínima, a los 14. El gran problema es que ni a los 16 ni a los 14 hay unos derechos establecidos claramente ni para el menor ni para el adulto. Un ejemplo: la red sociales puede hacer un seguimiento sobre la actividad del menor en internet, pero los padres, madres o tutores no tienen derecho legal a hacer lo mismo y saber qué fotos han publicado y con quién hablan, ya que esto afectaría su derecho a la intimidad.

Y, finalmente hay otro factor: el derecho de los padres a compartir imágenes de sus hijos menores. Aquí, en España, hay un gran vacío legal al respecto. Se supone un consentimiento tácito del menor, pero es solo una suposición y quizás dentro de unos años nuestros hijos nos reclamen, de modo verbal o legal (como ocurrió en Italia con un menor que le hizo juicio a su madre por publicar fotos suyas en las redes sociales de la madre) el motivo por el que publicamos fotos suyas. En Francia, por ejemplo, se multa con hasta €45.000 y un año de cárcel a los progenitores que vulneren esta privacidad.

En términos legales, la situación deja mucho que desear, pero en términos reales es peor. Las fotos que publican nuestros hijos o hijas en redes sociales pueden ser usadas por cualquiera con fines poco honestos. Ya sea en webs para adultos, como para averiguar a qué colegio va, quienes son sus amistades y dónde vive o cuando está solo o sola en casa. Un rastreo superficial de los amigos y amigas también da muchos datos personales y la privacidad se tambalea. Aquí es cuando volvemos a la pregunta: ¿Te gustaría saber que sabe internet de tu hijo o hija? ¿Si se han publicado sus imágenes sin su consentimiento?

Esto se puede conseguir en una semana y por menos de cinco euros en la página mihuelladigital.es . Ellos se encargan de realizar un análisis forense de todo lo que se ha publicado sobre un menor en redes sociales y en internet en general. Sea desde su propia página o desde otra secundaria y registrada por un adulto. También realizan un informe de los datos personales que se han filtrado para saber el alcance del problema, lo que contribuye a educar, a adultos y menores en el impacto que puede tener su actividad en internet. El objetivo es enseñarles los beneficios de internet sin descuidar su privacidad. Pero hay un beneficio más: por cada informe solicitado en Mi Huella digital, un euro irá destinado al trabajo de uno de los peritos judiciales que más y mejor trabaja con menores: Pedro Duchement, de quien hemos hablado en varias oportunidades en relación a casos de acoso y pederastia. Muchas de las intervenciones que realiza este perito tienen como destino familias que no pueden pagar sus servicios y esto sirve para que continúe su labor. Una que no debería tener que existir, pero desafortunadamente es imprescindible.