Los microbios de un móvil, mejor que un GPS

Un estudio analiza las moléculas y productos químicos que dejamos a diario en el smartphone y constata que son una fuente sorprendente de información

Hay dos formas de saber, a través de nuestro móvil, a qué lugar hemos ido, con quién hemos estado y qué hemos hecho en las últimas horas. Una es tirar de GPS para seguir el rastro que hemos ido dejando, cada vez más fácil de averiguar. La otra, más sofisticada, es analizar todo el conjunto de bacterias, moléculas, productos químicos y microbios que hemos dejado impregnados en el smartphone, una fuente sorprendente de información sobre nosotros.

Que el ser humano es una “máquina” de dejar, poner, quitar e intercambiar microbios, allá donde va, es algo sobradamente conocido. Pero un estudio científico analiza ahora ese rastro que deja, como no podía ser de otra manera, el teléfono móvil, aunque solo sea por la cantidad de veces al día que lo manipulamos.

Mediante el uso de un compuesto químico, un grupo de investigadores ha recuperado la información suficiente que nos permite conocer el perfil de estilo de vida personal del propietario, desde los productos de belleza que utiliza hasta los medicamentos que toma, pasando por la comida que más le gusta o los lugares que frecuentes.

De todas estas situaciones la persona ha “tomado prestado” microbios y moléculas que luego disemina por todos los puntos del teléfono, especialmente en los laterales -para el encendido y apagado del dispositivo o para su traslado- y en los botones frontales.

Las conclusiones del estudio se han publicado en un artículo de la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) elaborado por investigadores de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, que tiene como punto de partida estudios similares realizados con las bacterias que el ser humano deja en sus pertenencias personales, como “bolígrafos, llaves, teléfonos, o bolsos de mano”.

En el caso del móvil, según los investigadores, el estudio “proporciona un bosquejo de la forma de vida de un individuo, poniendo de relieve el tipo de productos de higiene y belleza que utiliza la persona, la dieta, el estado médico, e incluso el lugar donde esta persona puede estar”.

“Esta información podría ayudar a un investigador criminal a estrechar el cerco analizando los datos que almacena un teléfono móvil hallado en la escena del crimen, tanto de un sospechoso como de una persona desparecida”, añade el estudio.

Según el investigador principal, Pieter Dorrestein, profesor de la Facultad de Medicina y de la Escuela de Farmacia y Ciencias Farmacéuticas de UC San Diego, esta técnica puede cubrir las lagunas que puedan dejar la ausencia de huellas o de ADN en una investigación criminal.

Para llevar a cabo este trabajo se utilizó a 39 voluntarios. Se limpiaron de restos orgánicos y químicos su teléfono móvil y sus manos y a continuación se comenzó a recabar toda la información que iba quedando en su uso cotidiano.

A partir de aquí, los investigadores reconstruyeron con todo lujo de detalle el “estilo de vida personalizado” de cada usuario, hasta el punto de constatar cuáles usaron cremas antiinflamatorias, tratamientos antihongos para la piel o incluso cremas para frenar la caída del cabello.

En otros casos, en el teléfono móvil quedaron rastros de uso de fármacos antidepresivos, consumo de café o cerveza o protección solar, lo que da una idea de sus hábitos y costumbres.

Y por si queda alguna duda, por supuesto, siempre nos quedará el GPS.