Toros

A quien Dios se la dé, San José se la bendiga

Luque sale a hombros y Morante deja la faena de las Fallas

El diestro de Gerena, radiante, abandona en volandas el coso valenciano
El diestro de Gerena, radiante, abandona en volandas el coso valenciano

- Valencia. Última de Fallas. Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq, Parladé (2º bis y 3º) y Jandilla (6º bis), desiguales de presentación, justos de fuerza, pero nobles y manejables. Dos tercios de entrada.

- Enrique Ponce, de azul pavo y oro, media (pitos); metisaca, tres pinchazos, aviso, dos descabellos (ovación).

- Morante de la Puebla, de grana y oro, dos pinchazos, descabello, media, aviso (silencio); pinchazo, aviso, dos descabellos (vuelta al ruedo).

- Daniel Luque, de azul marino y oro, estocada entera (oreja); estocada entera (dos orejas).

- De la cuadrilla destacaron Lili y Mariano de la Viña.

Va por ti, Helena, que vienes a este mundo en una tarde muy importante. Esta crónica la debería haber hecho tu madre, pero estaba tan ocupada trayéndote al mundo que no ha podido estar en Valencia, dejándome el honor de poder contarte lo que sucedió en este día tan especial para ti, porque cuando seas mayor podrás decir que naciste el día que Morante bordó el toreo en Fallas, y para quien, como yo, tuvo la fortuna de ver este festejo en directo.

Llegaba Ponce a la feria. Y lo hacía con el convencimiento de dejar una tarde para la Historia. A su formidable trayectoria le falta un rabo en el coso de Monleón, pero las cosas se empezaron a torcer antes del paseíllo. La gente no había respondido: apenas dos tercios de entrada. Y más negro se puso todo cuando su primero, «Abucheo», de mal y premonitorio nombre, se cayó casi de salida. Imposible poco más que mantenerlo en pie. Pitos para el torero. El cuarto tuvo más gas y mejor son. Se estiró Ponce en las verónicas de recibo y la esperanza volvía a renacer. Le fue tanteando al inicio de la faena, dejándole que se convenciese y buscando terrenos más protegidos del viento y donde el animal se encontrase más cómodo. Fue sacando varias series con la derecha, limpias. Al natural hubo algún enganchón y hasta un desarme. El termómetro de la ilusión volvió a bajar. Retornó con paciencia franciscana otra vez por el lado derecho, y enderezó su labor, pero la tardanza en matar acabó con cualquier atisbo de premio. San José no fue esta vez propicio para el de Chiva.

Sí, en cambio, agració a Daniel Luque con grandes dosis de fortuna en el sorteo. Aunque flojo, su primero se desplazó con suavidad y nobleza y, llevándole a media altura y sin forzarle, pudo sacar varias tandas templaditas en una faena que fue creciendo conforme avanzaba, llevándose su primera oreja pese a que el estoque cayó bajo. Su segundo, un sobrero de Jandilla que manseó en el caballo, llegó al último tercio repetidor y con tranco. Tomó el engaño alegre y acometedor. Luque asentó las plantas en la arena para componer un trasteo templado y ligado, aprovechando el largo recorrido de su oponente. Tumbó al de Jandilla de una estocada sin puntilla que le da muchas papeletas para ser el triunfador de la feria.

Pero la tarde, con todo, fue de Morante. Y sobre todo, por su segunda faena, faenón, sin duda, también de las de premio. No lo tuvo fácil, con todo. Se lució al recibir de capa al sobrero de Parladé que hizo segundo. No tuvo apenas fuerza el toro, que se ancló al suelo sin que se le pudiese sacar ni un muletazo. Por si fuera poco, al descabellar el animal se arrancó y persiguió al de La Puebla, que se acabó cortando con el descabello en un tobillo. Nada grave, pues volvió de la enfermería para enfrentarse al cuarto. Aquí el signo de la tarde había girado y el santo del día empujaba a la fortuna a su encuentro. Fue ganándole terreno al toro en las verónicas de recibo hasta rematar con una media de ensueño en los mismos medios. Muchos ya se daban por contentos. Pero se superó en la réplica por chicuelinas, cadenciosas, a cámara lenta, al quite por gaoneras de Luque. Y no acabó ahí la magia. El astado, el mejor del encierro titular, embistió, más que con nobleza, con dulzura, para que Morante le torease como con caricias. Muletazos dormidos, muy templados, ejecutados con mimo y regusto. Con esa personalidad propia e intransferible de este torero y que cuando fluye le convierte en único. Al natural el toro no tuvo tanta claridad. Volvió de nuevo al pitón derecho y tras dibujar un pase de pecho antológico necesitó un pinchazo y dos golpes de verduguillo. Un quehacer que se recordará y que, sin necesidad de retribución material –hubo fuerte petición de oreja, pese a todo– queda como uno de los momentos más importantes de esta feria. Dios recompensó a los espectadores que asistieron a esta función final en la que San José bendijo la inspiración de este artista. Va por ti también, Helenita, esperando que este cúmulo de suerte te afecte. Y va por ti, Patricia, porque acabas de firmar la mejor crónica de tu vida.