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Diego Urdiales: «Si este triunfo no rompe las puertas del sistema, qué hacemos»

El diestro firmó la faena más importante de la temporada en la que cortó dos orejas y además fue obligado a dar dos vueltas al ruedo de la emoción con la que se vivió

Diego Urdiales / Foto: Luis Díaz
Diego Urdiales / Foto: Luis Díaz

El diestro firmó la faena más importante de la temporada en la que cortó dos orejas y además fue obligado a dar dos vueltas al ruedo de la emoción con la que se vivió.

Cuánto miedo he pasado en esa habitación de ahí», dice ya desde la tranquilidad. El día después. Su ventana daba a la misma calle Velázquez del hotel Wellington. Tiene cara de cansado, sólo lo mucho que le vapulearon en la Puerta Grande, sumado a las emociones de haber reventado Las Ventas con una fuerza brutal descoloca a cualquiera. Quizá haya tardes que ni se sueñan, como dar dos vueltas al ruedo después de cortar dos orejas. La rendición de la afición al buen toreo en una temporada complicada, de esas decisiones difíciles que cambian la vida de los toreros, de las personas. Pocos son capaces.

– Y el día llegó...

–He pensando muchas veces que era capaz de conseguirlo, pero que se junten esas circunstancias y poder abandonarte de esa manera...

– ¿Se sueña?

–Con Madrid me pasa una cosa curiosa y es que sueño mucho, dormido de verdad, pero pego dos tandas, aquello bulle y se acaba.

–La realidad lo ha superado...

–Es verdad.

–Cortó una oreja de su primero, tenía el camino medio hecho para la Puerta Grande.

–Siempre he pensando que el toreo está por encima del triunfo y las orejas. De no obsesionarte con esto, por eso me dio igual y me dejé llevar.

–¿Cómo es esa Puerta Grande?

–Durísima. Hubo un momento que pensé que me quitaban hasta la chaquetilla. Fue más sufrida por los tirones y llegué hasta tener ansiedad, porque veía gente por el suelo, pisándose unos a otros y creí que me tiraban. Me costó disfrutarla. Es maravilloso que la gente lo viva con esa emoción y esa pasión, pero llegar hasta el punto de crearme esa ansiedad...

–Una tarde así en la quinta corrida de la temporada es ¿un milagro?

–(Se ríe) Después de la decisión de quedarme fuera de San Isidro que tuve hasta a mi entorno en plena convulsión por si había acertado o no... Lo cierto es que me ha servido para torear a ese toro así.

–¿Romperá este triunfo las puertas del sistema?

–Si no qué hacemos con el toreo. La justicia no existe. Nosotros somos unos privilegiados, hemos nacido en un país con un bienestar tremendo, qué habrán hecho todas esas personas que viven en otros países que pasan hambre. En el toreo desde que empecé creo que merezco mejor trato y creo que el toreo debe reflexionar. Hay muchas ferias en mi larga trayectoria en las que ni tan siquiera he debutado... Pero me aburre ponerme a pensar.

–¿Cómo ruge Madrid?

–Uff es una fusión entre lo más grande que hay en el toreo para mí que es el momento del embroque, donde hay algo especial que cada uno lo siente de una manera, y encima sientes esos olés tan impresionantes de Madrid y dura todo mucho tiempo. Una locura. He tenido tardes muy importantes en Madrid, pero ayer duró tanto, por cada muletazo, por cada tanda...

–¿Le dio tiempo a pensar cuando entró a matar?

–Tuve la frialdad de pensar, de que el toro me dejara colocarlo bien, me dejara meterlo en el terreno en el que siento la suerte de matar, el toro era alto y dije para allá voy. Ahora o nunca. Y entró la espada. Y cuando la vi colocada en el sitio... A veces te entregas y la espada es injusta. Esas dos orejas, la vuelta al ruedo y la gente sigue ovacionando... Era un clamor, ahí fue cuando me di cuenta... Ahí se me escapaban las cosas.

–¿Qué le dijo Villalpando?

–Estaba emocionado y a la vez frío. Me dijo «No ha pasado ni más ni menos que lo nosotros sabíamos que podía pasar. No nos sorprende».

–¿Cuántos años juntos?

–Le conocí porque ha sido un grandioso torero como hombre de plata, de los grandes, y le llamé de novillero para torear conmigo y desde ese momento confió en mí. Hablamos el mismo idioma, él me hizo evolucionar mucho en mi forma de torear y aparte es mi familia. Este año hemos vivido muchas cosas en el campo.

_¿Resarcen tardes así otras como las de Logroño?

Por supuesto. Compensa lo que he vivido durante toda mi vida, pero sí te digo que si lo tuviera que volver a vivir aún sabiendo lo que ha pasado hasta el día de ayer no sé si tendría fuerza, me da vértigo.

El personaje

Es un torero único, en la esencia, dentro y fuera del ruedo. Capaz de respetar la profesión y estar dispuesto como reconocía a este medio «a dedicarse a otra cosa». Triunfó a lo grande el domingo en Madrid como también lo ha hecho en Bilbao. El viernes le espera Zaragoza. Otro puerto de montaña: «Pondré todo de mi parte para que sea una tarde inolvidable. Nada que ver con Bilbao y nada que ver con Madrid», concluye.