Toros

El temple de Ponce y el valor de Roca Rey

El torero de Chiva corta la única oreja de la tarde al primero en la octava de abono de la Feria de Abril de Sevilla

Roca Rey fue cogido de manera aparatosa pero sin consecuencias por el sexto de la tarde
Roca Rey fue cogido de manera aparatosa pero sin consecuencias por el sexto de la tarde

El torero de Chiva corta la única oreja de la tarde al primero en la octava de abono de la Feria de Abril de Sevilla

- Sevilla. Octava de abono. Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados y muy parejos en conjunto. 1, noble y de calidad, con la fuerza justa en las manos; 2, noble y repetidor pero de escaso fondo; 3, deslucido y flojo; 4, sobrero, de mal juego; 5, bravo, buen toro; 6, deslucido. Lleno en los tendidos.

- Enrique Ponce, de grana y oro, estocada corta (oreja); estocada (saludos).

- José María Manzanares, de azul pavo y oro, buena estocada (saludos); media estocada (saludos).

- Roca Rey, de canela y oro, estocada (saludos); pinchazo, estocada (vuelta al ruedo).

Un nudo en la garganta, digámoslo así para no ser soez, nos puso Roca Rey para decir aquí estoy yo en Sevilla. Fue en un quite en el toro de Manzanares. Tan variado que no se puede catalogar. De aquí y de allá y de ninguna parte con un lance inverosímil en el que estábamos seguros que no se iba a a quitar. Ese es Roca Rey. El Roca Rey que de verdad amenaza a la parte alta del escalafón acomodada en la cima desde hace décadas sin que nadie tambalee sus puestos. Cuando el tercero perdió las manos también ya de salida y el presidente decidió dejarlo en el ruedo resultaba una tocada de ¿moral? ¿Bolsillo? Al toro le sobraba nobleza y le faltaba empuje para que aquello tuviera algo que contar. Roca Rey quiso pero ese espectáculo descafeinado poco iba con él y con la autenticidad. Una barbaridad estuvo colgado del pitón en el sexto. Un infierno debe pasar por ahí en esos segundos. Eternos. Amargos. La imaginación le gana el desafío al tiempo; un horror. Él mismo se hizo el quite al agarrarse al pitón y aguantar así los envites. Y sucedió uno detrás de otro. Precioso fue cómo recibió al toro por tijerillas con una despaciosidad de otro planeta o los lances a pies juntos, tan desmayados que parece que está de vuelta en vez de llamando a la puerta. Escalofrío hubo en los estatuarios y amor propio después para inventarse al toro cuando el Juampedro no quería ir. Recursos, ansias y verdad que le sitúan una tarde más en la primera línea de fuego.

«Notario» fue el toro bravo de la tarde. El único. Lo cantó en varas y en la muleta después. No duró mucho. Menos la ambición de Manzanares que para qué vamos a perder tiempo ni tirar de excusas, ni a su Sevilla del alma le salieron las cuentas. Media estocada y saludos. Más de lo mismo con el noble, suavón y con escaso poder segundo.

La cosa había empezado mal y así seguía por la falta de fuerza de la corrida de Juampedro que no podía ser más pareja. Al primero le costaba mantenerse en pie en los primeros tercios pero tuvo delante a Enrique Ponce capaz de eso y más y con el beneplácito maestrante, poquito a poquito, eslabón a eslabón montó faena hasta conseguir cortar la primera y única oreja de toda la tarde, a fuerza de temple y pura cadencia. Perfecto de principio a fin. El cuarto estaba «reventaíto». Y de pronto ocurrió lo que parecía inexplicable, cuando ya dábamos todo por perdido, asomó por presidencia el pañuelo verde, ¡que lo tenía! y el toro volvió al corral. Caprichos del destino, el sustituto, además de flojo tendió a mansear y sin un atisbo de querer pasar en la muleta del valenciano. Ni Ponce logró el milagro. El verdadero fue los segundos que Roca Rey estuvo colgado del pitón y que regresara al hotel caminando.

El cartel de hoy

Toros de Fermín Bohórquez para Sergio Galán, Diego Ventura y Lea Vicens.