Jiménez Fortes: «Una corrida de toros no cabe en 140 caracteres»

Tras cortar una oreja a un Victorino en el pasado Domingo de Ramos, Saúl regresa a Madrid en medio de un nuevo panorama, en el que el futuro del toreo está por disputar

Como alguien predestinado, en enero de 1990 nacía el encargado de abrir una nueva generación, de encabezar una hornada que representaría la última década del pasado siglo y que experimentaría los cambios que el nuevo traería. Saúl Jiménez Fortes, en sus seis años como matador de toros ya sabe lo que es cruzar una de las etapas más difíciles para ser torero, con la crisis económica, la reducción de festejos y la ausencia de oportunidades. Pero Saúl no es hombre de excusas, en él solo cabe la autocrítica y la autenticidad. Sí que es hombre de números y de pasiones, una dualidad que marca su personalidad. La de guiarse por el corazón y engañar a la mente, superando así la barrera de lo racional a través del instinto. Este malagueño de 28 años, que ha conocido en sus propias carnes el precio de su profesión, asegura estar pasando por un momento «crucial».

– ¿Se siente participe de esta nueva generación de toreros que están irrumpiendo hoy?

– Sí, pero quizá con más años de experiencia. Haber pasado ya por distintas etapas lo considero una ventaja.

– ¿Cuándo se deja de ser promesa y uno se convierte en una realidad?

– Hay algunas tardes, en días señalados, que dan inicio a esa nueva etapa. Aunque es verdad que la vida no te cambia de un día para otro, sí que existen citas clave que te hacen subir ese escalón. San Isidro es uno de esos escenarios cruciales que convierten a los aspirantes en figuras o al menos los consolidan.

– ¿Qué es lo que hace que sea tan difícil triunfar en Madrid?

– La influencia de su público te autolimita. La obsesión por gustar hace que seas menos tú. Solo si eres capaz de abstraerte por un instante y olvidar que estás en Las Ventas puedes liberarte de esa batalla interior.

– ¿La culpa de que el relevo generacional haya tardado tanto en llegar es de la falta de oportunidades?

– No. Las figuras siguen manteniendo un gran nivel y no ha salido el número suficiente de toreros que reúnan todas las cualidades necesarias. Y en mi caso, cuando tomé la alternativa se me presentaron muchas oportunidades, pero quizá no estaba preparado para subirme al tren. Mi oportunidad de verdad llega ahora, y no la puedo dejar escapar.

– ¿A qué se debió su ausencia en Valencia y Sevilla?

– Ni siquiera hubo conversaciones, pero la comprendí. En mis últimas actuaciones en Valencia no di los suficientes argumentos. Por eso no siento la frustración que experimentas, en otras ocasiones, cuando toreros con menos méritos que tú ocupan el sitio que te corresponde a ti.

– ¿Es más difícil triunfar hoy con un concepto clásico?

– Quizá hay plazas en las que es más fácil tener éxito con un toreo más efectista, pero a mí eso me da igual. En este momento no me importa triunfar, esa es la mayor diferencia respecto a mis inicios. En estos años he llegado a la conclusión de que jugarse la vida no tiene sentido si no te hace feliz a ti mismo.

– ¿El toreo se ha convertido en algo demasiado triunfalista?

– Absolutamente. Es una profesión que se mantiene viva por las emociones que despierta. Pero, sin embargo, a los toreros se nos distingue por los trofeos que cortamos. Si todos clamamos que somos cultura debemos insistir en que el toreo siga siendo algo no premeditado, efímero, una fábrica de instantes incuantificables. Ahora todo lo reducimos y lo sintetizamos, pero todo lo que se vive en una corrida de toros no cabe en 140 caracteres. Los festejos taurinos son de los pocos espectáculos que todavía se pueden comprender sin un marcador.

– ¿La técnica está sobrevalorada en el toreo actual?

– Totalmente. El toro de hoy demanda una técnica muy pulida, pero yo no quiero basar mi toreo en el dominio y el poder. Abusar de la técnica mataría mi parte artística y de transmisión, además de convertir el espectáculo en algo más previsible.

– ¿Qué siente mientras hace el paseíllo en Madrid?

–Siempre ha sido miedo y responsabilidad, pero este año me gustaría afrontarlo desde la grandeza de observar una plaza llena que está deseando verte. Creo que el buen sabor de boca que dejé en el Domingo de Ramos hace que Madrid me espere con más ilusión.

– ¿Qué le parecieron las declaraciones de Gonzalo Caballero en la Gala de San Isidro 2018?

– Creo que dijo lo que él sentía en ese momento. Más allá de si fue el momento o el lugar oportuno y si llevaba o no razón, por encima de todo, a mí me transmitió autenticidad. Pero para posicionarme debería conocer todas las versiones.

– ¿Con los años ha ido perdiendo la inocencia?

– Al principio, la inocencia era lo que me empujaba, lo que me permitía ignorar mi instinto de conservación. Después he aprendido a engañar a mi cabeza, cruzar la línea incluso sabiendo que no debía hacerlo, ignorando las pesadillas. Aun así, el precio que he pagado por ello me ha hecho perder parte de ella, aunque prefiero actuar como si todavía la mantuviese intacta.