«Me obsesiona estar a la altura de mi apellido»

El azteca, de 18 años, debuta el martes en Valencia

Fermín Espinosa «Armillita» es el octavo de la dinastía
Fermín Espinosa «Armillita» es el octavo de la dinastía

Octavo diestro de su dinastía y cuarto con el mismo nombre, Fermín Espinosa «Armillita» debutará en España con picadores el próximo martes en la Feria de Julio de Valencia con el peso y la responsabilidad de una de las más prestigiosas dinastías toreras sobre sus espaldas. Apoderado desde marzo pasado por el taurino Antonio Vázquez, y con su padre pendiente de cada paso que da, el joven de 18 años es el enésimo producto de una cantera azteca que en los últimos años parece no tener final.

-¿Preparado para el gran día?

-Por supuesto, estoy muy convencido de lo que hago y lleno de ilusión, aunque cada día que pasa noto que la responsabilidad es un poquito mayor. El compromiso está ya a la vuelta de la esquina...

-Además, Valencia no es cualquier plaza...

-Sí, es una apuesta fuerte. Plaza de primera categoría, las novilladas son corriditas de toros prácticamente, una feria importante... Bueno, es un paso más, empiezo con caballos y es momento de cerrar una etapa y comenzar otra a lo grande. Además, mi padre debutó en Bilbao y mis tíos en Barcelona, así que no podía quedarme atrás.

-¿Con qué bagaje llegará al patio de caballos del coso de la calle Xátiva?

-Siendo sinceros, con el rodaje justo para poder debutar con picadores. Reconozco que es un arma de doble filo y que me puedo equivocar, pero lo asumo. Mi experiencia es muy corta, me vine a España en marzo y en mi país apenas he toreado alguna vez en público. Insisto de nuevo en que mi carrera arranca el martes... De ahí, para adelante. Sólo espero que mi toreo guste y sirva para pegar un empujón a mi carrera.

-¿Qué torero se encontrará el aficionado que acuda a la plaza?

-Es una incógnita. Mi concepto todavía está por definir, no he sobrepasado siquiera la parrilla de salida, me queda mucho por aprender y no me cansaré de hacerlo. Me he fijado mucho en las figuras, tanto en las actuales como en las leyendas del pasado. Quiero hacer todo clásico y con seriedad.

-También habrá bebido mucho de su propia familia, ¿no?

-Claro, desde me han inculcado mucho, he mamado sus ideas. He visto al derecho y al revés los pocos vídeos que hay en circulación de mi abuelo, pero, sobre todo, he seguido muy de cerca a mi padre y a mis tíos. Su accesibilidad era mayor y los he visto en directo. Ahora mi padre se ha volcado conmigo y sigo alimentando mi pasión viviendo juntos, desde dentro, esta nueva aventura. Precisamente, una de mis mayores preocupaciones reside ahí: espero estar a la altura de mi apellido. Me obsesiona. No debuto a la ligera, ni quiero faltar al respeto ni ensuciar lo que ellos lograron.

-¿Qué consejos le da?

-Me intenta corregir todo aquello que no le gusta y lo hace desde su experiencia. Está reviviendo sus recuerdos paso a paso a través de mi incipiente carrera, así que ese poso del que ya ha pasado por esto, le sirve para enderezarme hacia el camino de lo correcto cuando no termino de verlo claro. Yo viajé aquí en marzo y él tomó el avión hace un mes sólo para acompañarme estas últimas semanas. Al día siguiente de torear en Valencia, regresa para México. Mi deseo es que, en octubre, cuando nos volvamos a ver, se sienta orgulloso de su hijo y podamos charlar horas y horas de mis faenas.

-¿Le gustaría que fuera él quien le diera el doctorado dentro de unos años?

-Por supuesto, sería muy bonito que me diera mi propio padre la alternativa. Ya se vistió de luces excepcionalmente hace unas temporadas para la confirmación de Cayetano en La México. Me haría ilusión, pero últimamente lo paso peor viéndoles, aunque sea un festival, que cuando toreo yo. Les insisto todo lo que puedo a él y a mi tío Miguel, que se queden en el campo, que disfruten de su ganadería y maten el gusanillo tranquilamente en algún tentadero.

-Hablaba antes del Otoño, ¿piensa hacer temporada americana este mismo año?

-Si el estreno en España es esperanzador, estoy abierto a ello, ¿por qué no? Pero lo veremos más adelante. Obviamente, me gustaría ir a México, torear en La Monumental y anunciarme en algunas otras plazas seleccionadas, pero en este momento es el segundo capítulo del libro. La primera página es Valencia y luego, por fortuna, hay algunas más: Dax, el 13 de agosto; Robledo de Chavela, el 24; Tamames, el 28, con novillos de la familia Capea, que están muy involucrados en mi formación -su hermana mayor está casada con El Capea- y espero que lleguen más. Cuando arrastren al último novillo de mi temporada en Europa, me sentaré a hablar con mi apoderado y decidiremos el invierno.

-Hablando de su mentor, ¿qué papel juega Antonio Vázquez?

-Uno, fundamental. Como su hermano Curro, que también me ayuda en cuanto coincidimos, lleva toda su vida dedicada al toro. Es un apoderado muy torerista, que protege y mira mucho por el torero, así ha hecho conmigo. Le estoy muy agradecido, porque me está enseñando esta profesión a conciencia.

-¿Y cuándo sintió el aguijón incurable de esa bendita profesión?

-Desde muy chico he escuchado hablar de toros, he crecido en la ganadería de mi familia y he convivido con las temporadas de mi padre y mis tíos. Yo no tuve un cochecito o un balón, mis juguetes eran un capotito y una muleta. Iba con ellos a todos lados. Hace dos años, ya me lo planteé en serio y di el paso de vivir en torero, de sentir los miedos y las alegrías todo el año tanto en el campo como en la plaza.

-¿Qué le dijeron en casa?

-Lo comprendieron y me apoyaron desde el primer momento. Luego, asimilando más todo, me pidieron que estudiara una carrera y trabajara o que incluso me podía dedicar a la ganadería, si quería vivir de cerca el toro... Pero no es lo que deseo, porque, a nivel personal, sería un fracaso enorme quedarme con la duda de no haberlo intentado. Mi madre, como todas madres, sufrió los primeros días y lo volverá a pasar mal cuando empiece a torear, porque ya sabe qué significa esas tensas horas a la espera de una llamada de teléfono.

-Hace un par de temporadas siguió idéntico camino al suyo Diego Silveti. Otra saga legendaria en tierras aztecas.

-Sí, posiblemente la otra gran dinastía de México. Igual de prolífica en nombres que la nuestra. Está dando la cara allí pero, sobre todo, en España, lo que tiene un mérito enorme. Es otro aliciente más que también me motiva: compartir cartel con él y revivir en paralelo el amplio historial de nuestras familias, que son como hermanas.

-Entonces, ¿vive México el mejor momento de su Historia en el toreo?

-Pues, posiblemente. Es innegable que mi país ha disfrutado de figuras muy importantes hace unas décadas, pero el abanico actual es amplísimo... Hay un florecimiento precioso. Nos hemos recuperado de una etapa muy complicada, de trece años sin cortar una sola oreja en Madrid y de tres o cuatro temporadas en las que ningún torero azteca siquiera hizo una campaña completa en Europa. Ahora, sin embargo, el horizonte es azulado y no asoman esas sombras.

-El octavo Armillita debutará de...

-De azul turquesa y oro. Es tan hermoso... A una plaza como la de Valencia, hay que ir vestido de categoría. Ha sido un regalo de mi padre. Al entregármelo, ya me avisó: los siguientes los tengo que pagar yo. Los dos esperamos que pueda pagarme muchos.