No hay lugar para el punk

Borja Álvarez y Varea salen a hombros con una buena novillada de Fuente Ymbro en la feria de Alicante

Borja Álvarez en un pase de pecho en Alicante
Borja Álvarez en un pase de pecho en Alicante

Alicante. Tercera de la Feria de Hogueras. Se lidiaron novillos de Fuente Ymbro, bien presentados y de gran juego. Un tercio de entrada.

Borja Álvarez, de sangre de toro y oro, entera (oreja); y entera (oreja).

Ginés Marín, de rosa pálido y oro, pinchazo, media, descabello (vuelta al ruedo); y pinchazo, casi entera (ovación).

Varea, de azul noche y oro, pinchazo, bajonazo (oreja); y media (oreja).

¡No future! gritaban a los chavales ingleses –y luego de medio mundo– que, ataviados según el canon ideado por Malcom McLaren, hicieron del punk su bandera y su protesta ante las pocas oportunidades que se les presentaban en aquellos primeros años setenta del pasado siglo, cuando la crisis del petróleo hacía estragos en el mundo occidental. Y pese a que la crisis actual, con todo, no amaina, y con la nueva amenaza de la izquierda radical haciendo mucha sombra sobre la Fiesta, no parece que aquel grito de guerra punki sea aplicable en este caso: hay futuro. Y lo dejaron claro ayer, por ejemplo, los tres novilleros actuantes en la Feria de Hogueras y que demostraron nivel ante una buena novillada de Fuente Ymbro.

Borja Álvarez se mostró muy puesto y dispuesto con su muy bonito primero, corretón y revoltoso de salida y que le tropezó varias veces el capote. Y aquella movilidad inicial se tornó en acometividad incansable en el último tercio, embistiendo con codicia y buen son en la muleta del muy decidido alicantino, puesto y hecho y que toreó con temple y firmeza.

El cuarto fue bastante más complicado, brusco, con genio, mirón y finalmente rajado. Pero el novillero local no volvió nunca la cara, muy valiente y derrochando voluntad lo dio todo para sacar otra faena de garra y ganas que le valió salir a hombros y continuar su racha triunfal en esta plaza...

Varea se lució al veroniquear ceñido y muy ajustado al primero de su lote, gustando luego al quitar en el mismo palo. Toreó con parsimonia y cadencia, bajando la mano y procurando llevar muy toreado a su oponente en un trasteo en el que dejó ver influencias de Morante y de Ponce, lo cual no es moco de pavo si cuaja el maridaje, llevándose otra oreja pese a que mató mal. Y supo convencer al, en principio, remiso sexto para sacar otro trasteo de tanto fondo como belleza formal. Ginés Marín, que comenzó su labor directamente al natural, no acabó, sin embargo, de acoplarse. Muy animoso y arrestoso acabó agobiando demasiado al novillo. Con el manso quinto, el garbanzo negro del encierro, no hubo caso...