Albacete

Perera, el dios de lo inverosímil

Espectacular actuación del extremeño que corta dos orejas y sufre una cogida tremenda en Albacete

Instante en el que el quinto prende de fea manera de la taleguilla a Perera al entrar a matar, ayer, en Albacete
Instante en el que el quinto prende de fea manera de la taleguilla a Perera al entrar a matar, ayer, en Albacetelarazon

Albacete. Cuarta de feria. Se lidiaron toros de Fuente Ymbro, muy serios, bien presentados y parejos. El 1º, irregular y brusco, no permitía errores; el 2º, malo y peligroso; el 3º, rajado y con guasa; el 4º, complicado; el 5º, manejable y colaborador; y el 6º, complicado y deslucido. Casi lleno en los tendidos.

Finito de Córdoba, de azul y plata, dos pinchazos, estocada corta, descabello (pitos); estocada (silencio). Miguel Ángel Perera, de tabaco y oro, estocada defectuosa (aplausos); estocada (dos orejas). Alejandro Talavante, de sangre de toro y oro, pinchazo, estocada (silencio); dos pinchazos, metisaca (pitos).

Lo liviano vino antes y el miedo nos atrapó después. Esas cosas ocurren en la arena. A Miguel Ángel Perera le sacaron a saludar antes de que saliera el segundo, su primer toro. Había motivos, los triunfos, el año que lleva, el pregón... Esa levedad, la parte bonita, el reconocimiento duró un suspiro, o menos si lo comparamos con lo que vino después. Un torazo abandonó la puerta de toriles para nunca volver y lo que pasó desde entonces hubiera sido un calvario para muchos, muchísimos. Un fuenteymbro serio, asomando sus puntas, astifinas, hondo el toro y la arista que da el giro brusco a la historia: un criminal. Lo cantó en banderillas para quien lo quiso ver y cuando Perera se puso con la muleta era todo incertidumbre: con una colada al pecho las despejó de golpe el toro. Desarrolló el bruto una guasa de nota, siempre escarbando, a la espera, a la caza, aguardando el momento exacto de hacer presa. A Perera no se le movió un alamar. Más allá del mal, se puso como siempre. Se jugó la vida sin buscar cobijo en nada que no fuera la verdad. Íntegro. Librada la batalla se avecinaba lo peor: cruzar la suerte de matar con el toro a la espera. Ese toro era de los que quitan el sitio a cualquiera y en Perera no quedó sombra. Lo que vino después fue inverosímil. Para privilegiados, porque esto sí permanece en la memoria. Fuera de lo común. Como fuera de lo común y lejos de los mortales de carne y hueso que sufrimos y padecemos fue el dios Perera. Primero en un desafiante quite, que culminó cerca de la gloria con una larga. Le precedieron chicuelinas y tijerillas y como base de todo eso, el toreo cimentado a cámara lenta. Otro mundo es posible. Al centro del ruedo se fue después, dos pases cambiados por la espalda y una lección de cómo mecer la embestida de un toro manejable y colaborador pero potenciado en sus manos para limar asperezas, que las hubo. Esa exhibición de poder llegó a quitarnos la respiración cuando remató la faena con luquecinas, pero de qué manera. Ahí estaba la vuelta de la moneda del día anterior, la diferencia entre hacerlo y parecerlo. El endiablado Perera se quedó entre los pitones, agonizando todos menos él, imperturbable, inamovible, inaccesible al miedo. Entre los puñales, deleitándose a milímetros, ni eso, hasta hacer de aquello un laberinto inverosímil y colosal. Un portento. A ese sometimiento tan brutal del hombre se rebeló el toro cuando se sintió libre y en la suerte suprema... Tremendo momento. Qué angustia. Le cogió de la ingle, más o menos y le despedazó la taleguilla entera. Si ese pitón hace carne... qué manera de convivir con la tragedia. La dimensión de Perera no tuvo fin con una mala corrida de Fuente Ymbro, que puso en más de un apuro a la terna.

A Alejandro Talavante también se le vino enfilado el tercero con la única idea de quitarla la cabeza. Qué bárbara la colada. A partir de ahí, la cosa fue navegar. Como con las complicaciones del sexto.

Finito de Córdoba se justificó con un primero que pasaba en la muleta, aunque tuvo también ese punto de brusquedad. El cuarto, escarbando, reservón, no fue trago dulce, y más con la presencia del toro de esta plaza, que iguala a muy pocas de máxima categoría. Perera, a secas.