Actualidad

«Queremos jubilarnos juntos con Javier Castaño»

La cuadrilla de la histórica vuelta al ruedo en Madrid, una familia fuera del ruedo, ha recuperado un toreo añejo y atractivo para el aficionado con alicientes en todos los tercios

De izquierda a derecha, el picador Tito Sandoval, los banderilleros Fernando Sánchez, David Adalid, Marco Galán y el varilarguero Fernando Sánchez
De izquierda a derecha, el picador Tito Sandoval, los banderilleros Fernando Sánchez, David Adalid, Marco Galán y el varilarguero Fernando Sánchez

«Las ganaderías que mato exigen a menudo un plus en todos los sentidos y ellos me lo aportan, porque saben que su aportación de cada tarde no es un trámite, que es importante, y asumen su parte; compartir esa responsabilidad en común me ayuda mucho a llevar la presión antes de las corridas y más si le sumas que son gente campechana, agradable y normal, así los viajes y las temporadas se hacen muy llevaderos». En él, precisamente en Javier Castaño, autor de estas palabras, comienza todo. Es el gran pilar. El arquitecto que cinceló una cuadrilla para la Historia y una segunda familia con historia propia. Dentro y fuera del ruedo. Dos años de ovaciones en los ruedos y anécdotas en la carretera. David Adalid, Marco Galán y Fernando Sánchez como banderilleros. Otro Fernando Sánchez y Tito Sandoval, a caballo. Cinco nombres, amigos todos, que grabaron con honor sus apellidos en Las Ventas el pasado mayo. Fieles a su jefe de filas. Los toros, de Cuadri. Madrid, a reventar. La primera vuelta al ruedo de una cuadrilla sin acabar siquiera la lidia del toro. Colosalmente inolvidable.

«Una tarde histórica, inolvidable, que moriremos teniendo grabada en el corazón», coinciden todos al mismo son. «Poner a 24.000 personas de acuerdo de esa manera es muy complicado, así que verlos reaccionar con tanta contundencia espontáneamente ni te cuento...», recuerda Tito Sandoval, que ofreció una lección de manual sobre cómo se debe mover el caballo para picar a un toro. «Surgió de golpe toda la magia que puede pasar en una tarde, todos esos factores tan difíciles de enjugar para firmar la faena perfecta en Madrid se confabularon con los Cuadri, fue soñado y lo hemos hablado entre nosotros varias veces, yo lo tengo claro, pasarán muchos años hasta que se repita un logro como éste y veremos si llega...», analiza convencido Fernando Sánchez, el banderillero. El genial tercero de patillas tan toreras como su forma de andarle a los toros para clavar en la cara.

Javier Castaño le recolectó para la causa al final de la temporada pasada. Es la última pieza de ese puzzle que, pedacito a pedacito, ha ido conformado el diestro leonés. «El año pasado iba con Gómez del Pilar; la tarde que casi abre la Puerta Grande en San Isidro, Javier estaba viendo a su hermano Damián que también toreaba y le gustó mucho mi actuación; al final de temporada volvió a verme en el festival de los presidentes de Alba de Tormes... Semanas después, me llamó desde América para ofrecerme un puesto en su cuadrilla, no lo dudé», recuerda el más joven de estos Cinco Magníficos. No es casual la conexión con su hermano Damián a la hora de escoger a sus lugartenientes, puesto que tanto David Adalid como Marco Galán y el picador Fernando Sánchez también pasaron primero por el menor de los Castaño, aún como novillero, antes de engrosar este equipo de oro que se desmontera la práctica totalidad de las tardes.

Para lograrlo, todos coinciden: tiene que «existir un Javier Castaño». Para los que tengan dudas, «lleva junto a él, a los que ha querido escoger, no se los ha impuesto nadie», advierte Adalid. «Él marca el guión de cada tarde, sobre la marcha decide quién pica cada toro, quién lo brega y quién agarra los palos», desvela el montado Fernando Sánchez. «Tenemos que estar todos muy agradecidos a Javier, nos ha brindado una gran oportunidad y ha puesto al alcance de un grupo humilde tener nuestra propia página en los Anales del Toreo», insiste. Ese empeño de Castaño que, por ejemplo, se palpó esa tarde isidril de Cuadri, cuando David Adalid marró en el tercer par, tras dos pares soberbios. Un garapullo se clavó sobre otro y cayó al suelo. El matador no vaciló: «David, pide otro y revienta esto».

Tito Sandoval suscribe sus palabras. «Lo quiere así él, nos pide que busquemos siempre el lucimiento, un espectáculo íntegro». Y el salmantino, ¡vaya si lo cumple! Puyazos a toros de Miura, Dolores Aguirre o José Escolar a más de veinte metros de distancia. Hasta tres derribos de un mismo toro como hace poco más de una semana en Dax sin enmendarse para después engancharlo en los rubios. Siempre ofreciendo los pechos del caballo. Sin ventajas. Pese a estas proezas desde el estribo con la vara, el del castoreño no se siente «el picador de moda»: «Que va, yo sólo siento que hago mi trabajo como sé, me enorgullece que se me valore, pero nada más».

Sandoval es el ángel de la guarda de Javier Castaño. Ese veterano y fiel consejero que siempre encuentra las palabras adecuadas en los momentos complicados. Su relación viene de largo. «Nos conocimos en el campo charro, ambos entrenábamos allí, su primer toro en un tentadero se lo piqué yo cuando tenía apenas 18 años en casa de Toño Matilla, ha llovido desde entonces...», recuerda satisfecho de lo vivido.

Y no sólo dentro del ruedo, porque a este grupo humano, que «también tiene momentos para la riña y la discusión, como pasa en cualquier familia», no ve el momento de echarse a la carretera y vivir nuevas peripecias juntos. «El ambiente es excelente y eso se traduce también en la plaza, con una mirada sé lo que quieren mis compañeros, nos entendemos de maravilla por lo que las lidias son más fluidas y el que gana es nuestro matador, como debe suceder, porque su lucimiento es el más importante», comenta Marco Galán, habitual en la brega con el capote. Suya es la vitola de bromista del grupo. Por mayoría. El de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) apechuga: «Es verdad que soy muy risueño, los miedos y las tensiones están ahí cada tarde, como la seriedad de esta profesión, pero fuera, con humor es todo más llevadero».

Aunque la «dureza» aparece en boca de todos a la hora de definir esta temporada, puesto que están «abonados a un circuito de ganaderías que no son fáciles y el desgaste es mucho mayor, pese a que la gente vea facilidad en la cara del toro y lucimiento». Por eso, relata Adalid con un cigarrito en la mano igualito a los que fuma en el callejón entre toro y toro, «si me voy a jugar la vida con esos morlacos, que sea con un amigo cerca, con alguien al que le importo de verdad al lado, porque tampoco somos locos que queramos cenar suero en un hospital».

Fraguado durante casi veinte años en el «Valle del Terror» abulense -allí sólo «vencer o morir»- los tercios de banderillas de David Adalid, como el que protagonizó el año pasado sentado en una silla en Nimes, han trascendido barreras. Francia le idolatra. Sin embargo, también es sabedor de las críticas. «Según pegábamos la vuelta al ruedo en Las Ventas ya pensaba en los palos que nos iban a meter, pero a ninguno nos preocupa, al revés, esas polémicas son las que hacen afición, porque el toro sale para todos y el que quiera o pueda lo tiene ahí para superarnos en el ruedo». El madrileño, único rehiletero capaz de desmonterarse dos veces en Madrid con sendos toros de banderillas negras, va más allá. «Siempre he pensado que esos comentarios llegan más desde los propios profesionales que del público... No creo que ese aficionado que paga 50 euros por una entrada se queje después de ver a Tito Sandoval encelar a un toro con el caballo o a Fernando Sánchez derrochando torería a cuerpo limpio», ironiza lleno de realidad. La afición reclama «integridad en todos los tercios, que no sean un puro trámite y se les esquilme una lidia completa, porque es una pena que no se mida la bravura de un toro y que se peguen puñados de capotazos para llegar cuanto antes a la muleta», lamenta Fernando Sánchez; el de plata.

El discurso está claro. La lección, grabada, tatuada a fuego en sus venas. Ecuación perfecta para la sociedad de Castaño, a los que también aportan su granito de arena los dos mozos de espadas y sus dos apoderados. Por eso, no extraña que todos ya piensan incluso en una retirada conjunta. «¿Por qué cambiar la fórmula que funciona con tanta armonía? Ojalá sigan los triunfos de Javier y los nuestros con él durante mucho tiempo, ya que nos gustaría jubilarnos unidos». Así es la cuadrilla de moda. Aroma a otra época, pero en presente, porque no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor. Los Cinco Magníficos de Javier Castaño.