Talavante, en el nombre de Víctor Barrio

Importante tarde del extremeño malograda con la espada y de López Simón, que pasea un trofeo en la Feria de San Fermín de Pamplona

Alejandro Talavante saluda al público de Pamplona mientras daba la vuelta al ruedo, ayer
Alejandro Talavante saluda al público de Pamplona mientras daba la vuelta al ruedo, ayer

Importante tarde del extremeño malograda con la espada y de López Simón, que pasea un trofeo en la Feria de San Fermín de Pamplona

San Fermín (Pamplona). Séptima de feria. Se lidiaron toros de Jandilla, bien presentados. El 1º, rebrincado y sin emplearse; el 2º, de buena condición pero rajado; el 3º, de buena condición; el 4º, rebrincado y sin humillar; el 5º, buen toro; el 6º, movilidad pero suelta la cara. Lleno en los tendidos.

Diego Urdiales, de rioja y oro, estocada baja (silencio); estocada (saludos).

Alejandro Talavante, de rosa y oro, estocada trasera y tendida, descabello (oreja); pinchazo, media estocada, dos descabellos (vuelta al ruedo).

López Simón, de rosa y oro, pinchazo, estocada, aviso (oreja); pinchazo, estocada (vuelta al ruedo).

Algo cercano a una inmolación fue como comenzó Alejandro Talavante la faena al segundo, sin la menor sombra de la tragedia de Barrio que nos tiene a todos con la congoja a cuestas. En el centro del ruedo, de rodillas y cuando el toro galopaba hacia él le sopló una arrucina de infarto. ¡Si no había sitio, hueco, lugar! Talavante, que está sin fisuras, saldó el muletazo y le ligó con la diestra. Tenía el Jandilla buena condición pero no tardó en rajarse. Antes, durante, y después le sacó todito Talavante. Con la diestra, al natural y vendido el género, una tanda de derechazos de rodillas a la medida del coso de la Misericordia. Oreja para él. Y dos se hubiera llevado del quinto de reconciliarse con la espada. Fue toro bueno este “Decano”, bravo y con muy buen fondo. Y lo estrujó Talavante para hacer el toreo puro. Hondo y estético a partes iguales. Al natural, con la diestra, toreo de perfecta sinfonía. Plenitud del torero extremeño que se explayó en Pamplona y aunque la espada no fue, sí cerró el círculo sagrado de la desdicha y toreó en el nombre de Víctor Barrio, en honor al toreo. No cabía mejor homenaje.

La primera actuación de López Simón entró en el catálogo de la imaginación. La mía. Se empeñó en torturarme una de esas columnas estratégicamente colocadas y hasta casi el final tuve que elegir entre ver al torero o al toro, y dislocarme el cuello, pero la reunión, vamos lo que viene siendo el toreo, era sólo apto para la gente que tenía al lado, y aplaudir aplaudían. Parece que el toro desarrolló nobleza y colaboró. Y parece también que el torero estuvo asentado y reunido. Le pillé en última instancia cuando en la versátil labor, la cerró de rodillas. Misión cumplida. De rodillas también se puso para iniciar la faena al sexto, a pesar de que el toro venía como un huracán. De otro planeta son esta gente. Simón anduvo firme después con un toro que tuvo movilidad pero derrotaba a final de muletazo y no acababa de estar metido en la muleta. Le pidieron el trofeo y el presidente lo dejó en vuelta al ruedo.

A Chapu Apaolaza brindó Urdiales el cuarto. Brillante libro (“7 de julio”, a propósito) se ha marcado el periodista. Al brindis solo le faltó, casi nada, toro. El cuarto sacó similar comportamiento que el primero, rebrincado y sin entrega en el viaje. Se justificó Diego con ambos pero nos quedamos con las ganas de verle. Hablo de cuando su toreo son palabras mayores.