Toros en Laponia del Sur

Derechazo de Manuel Jesús «El Cid», ayer en Sevilla

Un inquietante paraguas negro de dimensiones playeras sostenido por una inquietante pareja de espectadores en el tendido 12 puede servir de termómetro atmosférico de la corrida de ayer en la Maestranza, en la que «El Cid», David Mora y Daniel Luque se fueron de vacío con un buen encierro de Daniel Ruiz. Era inquietante el paraguas y era inquietante la pareja porque no estaba claro si el objetivo era protegerse del viento, del agua, del sol o del frío. Algo de estas cuatro cosas hubo ayer en Sevilla. Sobre todo frío. Tan lejos Sevilla ayer de la California de Europa como cerca de la Laponia del Sur. El frío pudo tener parte de culpa de que el público no llegara a entrar en ningún momento en la corrida. No es fácil enchufar al respetable en tardes como la de ayer, con media plaza y un ambiente más parecido al lunes de resaca que al de farolillos. Pero no fue el frío el único culpable. Daniel Ruiz mandó a Sevilla un encierro con descaro de Madrid que pudo –mereció– correr mejor suerte. El Cid volvió a llevarse el lote. Y en ese lote estaba el toro de la corrida y uno de los mejores que han saltado en lo que llevamos de Feria. Se rajó al final de faena el cuarto de Daniel Ruiz, sí, pero hasta que se rajó –veinticinco muletazos después– acometió las telas con prontitud, con transmisión –bien llevaba el nombre «Mensajero»– y con fijeza. ¿Tiene la culpa el frío?... David Mora confirmó en Sevilla el milagro de su resurrección. Acusó el largo periodo en el dique seco, pero tiró de casta en su buen primero y tuvo en la mano una oreja que se esfumó con la espada. Tampoco fue culpa del frío que Daniel Luque se fuera otra tarde más de Sevilla –y van muchas– sin más pena ni más gloria. No fue el frío de ayer el que congeló la carrera de un torero privilegiado que sigue siendo promesa eterna.