Toros

Un, dos, tres... ¡Disparen! Digo... ¡Matillazo!

Roca intenta salvar la tarde y hace el esfuerzo con el sexto y Padilla corta una oreja en la tarde de su despedida con una deslucida corrida de García Jiménez en el llenazo de Sevilla con Morante

Hubo un momento, un segundo, a decir verdad, ahora ya no sé si en realidad existió, que Morante quiso replicar el explosivo quite de Roca Rey al segundo. Por chicuelinas, ahí no fallo, por probabilidad. Le probó José Antonio, pero el de Matilla tuvo los alientos contados y se los guardó el sevillano para la faena de muleta. Sobria y gustosa, más por lo que pudo ser que por lo que fue. Era el cartel de “No hay billetes” de verdad verdadera. La tarde de Morante, la una de dos, la despedida de Roca esta temporada. Su año mayúsculo y el adiós de Padilla de la Maestranza. El Ciclón de Jerez se encontró con un matillazo de toro al más puro estilo sosainas, para nada sirvió y más de lo mismo el sevillano que lo cazó de mala manera con la espada. De ahí que Roca casi antes de empezar ya era rey. De rodillas se puso en mitad del ruedo y ahí le pegó un cambiado por la espalda, con las mismas se fugó el toro a la huida y casi a la vez se lastimó una pata. Hasta ahí pudimos leer. Y así llegamos al ecuador de un festejo sofocante de calor y en un espacio minúsculo en el tendido. Locos estaban los estadounidenses de la fila de abajo, en modo tetris de principio a fin.

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Con una estocada a la primera mató al cuarto, que resultó lo más encastado de la tarde, a pesar de que se metió por dentro en el capote. Echó el resto en la muleta y con la ayuda del espadazo cortó un trofeo con sabor a despedida Padilla El último. O el penúltimo. Disfrutó esa vuelta al ruedo el pirata gaditano, que ondeaba su bandera a la vez que la del reconocimiento de la afición.

Morante pegando un derechazo / EFE

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La bandera de la victoria agitábamos nosotros por dentro al ver a Morante mecer al toro a al verónica, tan despacio, tan lento, tan acompasado el cuerpo, con el capote, tan armonioso, que te reconciliaba con el torero, con el toreo, con el sopor y con el infierno en un puto segundo, así la media, ni qué decir la serpertina, o aquello que quiso ser una larga y se quedó en el camino. Qué más da si andábamos en el embrujo, prendidos de él arrancamos la faena de muleta con buenas trazas. Estábamos en la verticalidad de su toreo y el asentamiento con el que construye, pero el toro nos destrozó. Se rajó. Y huyó. Sin rumbo. Siempre. Y así el ruedo se convirtió en un fantasma y el monstruo nos atrapó de lleno.

El sexto volvió a toriles. La pesadilla matilla. Y el sobrero del mismo hierro fue paradote y grande el esfuerzo de Roca por tapar y salvar lo insalvable. Meritoria la oreja. Total que la tarde del deseo, del lleno, recuerden, de la despedida de Padilla, del reencuentro con Morante, del punto álgido de Roca acabó en un, dos, tres... Todos en línea y... disparen... Matillazo de nuevo. Pero que nadie se apure que aquí las entradas están rebaratas (ironía on) y somos todos muy listos. Vergüenza. Mucha. Ajena. Y no torera.

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La Maestranza de Sevilla. Segunda de San Miguel. Se lidiaron toros de Olga Jiménez, 1º y 2º , Peña de Francia, 3º y el resto de García Jiménez, desiguales de presentación. El 1º, tan noble como parado, deslucido; el 2º, deslucido; el 3º, lastimado durante la lidia; el 4º, encastado y a menos; el 5º, rajado e imposible; y el 6º, sobrero de García Jiménez, paradote y desigual. Lleno de «No hay billetes».

Juan José Padilla, de tabaco y oro, estocada (silencio); dos pinchazos, estocadaestocada (silencio).

Morante de la Puebla, de grana y oro, pinchazo, bajonazo (silencio); estocada (saludos).

Roca Rey, de blanco y plata, dos pinchazos, estocada, dos descabellos (silencio); media (oreja).

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