Una alegoría del amor en los toros de Picasso

Hasta el 7 de octubre en la Casa Natal se puede visitar la exposición «El bestiario de Picasso», donde se desvela su relación con los animales

El toro. Ese animal que no sólo inspira a toreros. Un talento que va más allá del momento. Que perdura... y no sólo en la retina. Muchos son los artistas que a lo largo de la historia se han inspirado en la fiesta de los toros para crear. Arte.

Un paseíllo de líneas perfectas. Explosión de colores. La lucha entre las curvas de la plaza y las rectas de las varas, de los estoques, del miedo. Armonía entre movimiento y quietud, entre silencio y barullo. Mil y una señas de inspiración que sólo unos pocos han sabido coger con verdad.

Muchos de ellos incluso aseguraban estar en la piel del bravo. Es el caso de Picasso. «El toro soy yo», una frase que define la preciosa vinculación del pintor malagueño con la Tauromaquia, y con los animales en su conjunto. Este es, precisamente, el tema elegido por la Casa Natal para la exposición «El bestiario de Picasso», un «zoológico» de pinturas que se podrá visitar en Málaga hasta el 7 de octubre.

El toro bravo conquistó a Picasso y así se puede observar a lo largo de toda su obra. Incluso en cuadros donde no es protagonista se encuentra escondido entre los trazos cubistas. Lo mismo en su época cubista que en la realista, igual en su faceta como pintor que como ceramista, escultor o grabador.

Inspirador de metáforas. Desde la violencia hasta el amor, pasando por el erotismo. Convertido en un violento asesino o en una pobre víctima. Picasso se paraba mirando la suerte de varas, cual toro en los medios esperando su puyazo. Momento de lucha entre toro y caballo que el artista relacionaba con el combate entre el hombre y la mujer. En unas ocasiones, el toro es retenido por el picador mediante su vara. En otras muy distintas, es el toro, con su bravura, quien consigue derribar al caballo. Incluso consigue destriparlo. Es la encarnación de dos enamorados que se hacen daño. Así, la obra «Toro y caballo en la arena», de 1929, es una de las joyas de la exposición. Una de esas que ocupa un lugar privilegiado en la obra de Picasso. Una vuelta a sus raíces españolas en esos duros años de exilio.

Además de agradecer al malagueño sus tantos y tantos instantes congelados en pinturas, hay que hacerlo con tantos otros que no partieron de sus manos. Y es que la iconografía taurina de Picasso hizo que toros y toreros empezaran a invadir el contexto europeo. Numerosos artistas vivieron un cambio de tercio y las vanguardias empezaron a interesarse por los toros. El pintor Francis Picabia, el pintor y escultor Georges Braque, el pintor e ilustrado Juan Gris o el pintor francés André Massón son algunos de los ejemplos.

Y es que ya lo escribía Rafael Alberti:

Qué imposible y gran corrida,

la más grande de tu vida,

te propongo Luis Miguel.

Tú, el único matador,

rosa picassiano y oro;

Pablo Ruiz Picasso, el toro,

y yo, el picador.

Estrecha relación con los animales

Dibujos, libros ilustrados con grabados originales, fotografías, cerámicas, litografías, aguafuertes y linograbados. Un total de 54 obras en las que Picasso desvela su estrecha relación con los animales. Así, además de los toros, la muestra deja a la luz su afán por las palomas. Esas que tanto le trasladan a su infancia en Málaga. El perro afgano que le acompañó en los últimos años en su residencia de Mougins, en Francia. El bogavante, la lechuza, el halcón, el caballo... Un viaje con «todo incluido» por la belleza de la figura animal representada por las manos de uno de los artistas más importantes de la cultura española: Pablo Ruiz Picasso.