Turismo de guerra: las playas de Normandía

El 6 de junio de 1944, desembarcaron en Normandía ciento cincuenta mil soldados aliados para reconquistar Europa del dominio nazi. Hoy es un inmenso memorial, situado en sus playas, pueblos y prados verdes, en honor a la valentía y la dedicación con la que miles de jóvenes dieron la vida por su visión de la libertad.

Imagen del ejército de Einsenhower desembarcando en Normandia / Foto: La Razón
Imagen del ejército de Einsenhower desembarcando en Normandia / Foto: La Razón

El día D

A los bordes de la carretera, por los campos normandos, se extienden llanos de césped verde claro. Cruje aplastado bajo el paso manso de las vacas. Esta región francesa con clima oceánico no da pie a pensar que haya vivido en sus raíces ningún retorcimiento, y el visitante novato puede creer que la yerba que observa siempre estuvo aquí, igualmente relajada. Nada más lejos de la realidad. El 6 de junio de 1944, conocido como el Día D, esta campiña limpia fue un sangriento tablero de juego durante la Segunda Guerra Mundial. Fue aquí donde desembarcaron las tropas aliadas, estadounidenses, inglesas, canadienses y polacas, en un intento desesperado por arrebatarle al nazismo su control de Europa.

En las playas de Utah, Juno, Sword, Gold y Omaha desembarcaron bajo un denso fuego de artillería miles de valientes, la madrugada la cubrieron nubes hechas con tela paracaidista. Este idílico rincón francés fue el lugar elegido para el desembarco porque el punto más próximo a Reino Unido, Calais, estaba fuertemente defendido por un intrincado sistema de búnkeres y ametralladoras. La operación se transformó en leyenda y es posible descubrirla ahora.

Tropas de refuerzo desembarcando en la playa de Normandía un día después del Día D
Tropas de refuerzo desembarcando en la playa de Normandía un día después del Día D

Los museos de la guerra

Los museos dedicados a la guerra se extienden como granos de arena en la región. El primero que debe visitarse, para así conseguir una idea panorámica de la importancia que tuvo el desembarco, es el Museo de la Batalla de Normandía, en Bayeux. Desde su entrada nos recibe casi simpático un tanque M4 Sherman perteneciente a los Estados Unidos y en el interior, ensombrecidos por la edad pero en excelente estado, se exponen decenas de vehículos militares que utilizaron ambos bandos. Maniquís vestidos con los uniformes de la guerra recrean en las esquinas algunas situaciones que se vivían en la batalla, y diferentes mapas exponen los combates más emblemáticos que tuvieron lugar en la región.

El Museo Aerotransportado, en Sainte-Mère-Église, demuestra el rol protagonista que los paracaidistas tuvieron en esta extenuante operación militar. Hasta 24.000 hombres se lanzaron al vacío como en una misión suicida, con unas probabilidades de victoria casi nulas. El romanticismo de que el museo se encuentre aquí es que existe una historia entre los paracaidistas norteamericanos y este bonito pueblo normando. La madrugada del desembarco, aterrizaron por error dos batallones estadounidenses en el centro mismo de la localidad, plagada por alemanes, y los pobres soldados en el aire fueron un blanco fácil para los rifles. Prácticamente todos murieron menos un soldado de Illinois, John Steele, que se quedó enganchado en la torre de la iglesia y pasó la matanza haciéndose el muerto.

La torre de la iglesia dónde se enganchó el paracaídas del soldado John Steele.
La torre de la iglesia dónde se enganchó el paracaídas del soldado John Steele.

Aquellas sangrientas playas normandas

Las playas fueron escenario de honor y muerte, las dos caras más crudas en la moneda de la guerra. Especialmente sangrienta fue la playa Omaha, apodada “bloody Omaha” por las fuerzas aliadas, y el memorial que la domina es prueba de ello: tres mil soldados de la 29º División y ocho compañías Ranger perdieron la vida procurando tomarla. Oleada tras oleada, los alemanes rechazaron la invasión con un intenso fuego de ametralladora y mortero. Además, la arena estaba sembrada con minas antipersona y alambre de espino para entorpecer el avance. Hoy quedan las aguas mansas, la arena limpia que empapan, pero pesa sobre ellas un aroma a dinamita que parece no haberse borrado todavía.

El 6 de junio de 1944 tenía lugar el desembarco de Normandía.
El 6 de junio de 1944 tenía lugar el desembarco de Normandía.

La historia más memorable en este día lleno de acciones valerosas quizás fue la que ocurrió en Pointe du Hoc. Esta estrecha playa que dominan altos acantilados fue tomada por soldados Ranger del ejército estadounidense, y la crónica del combate ejemplifica el caos de la guerra. Compañías que desembarcaron en la playa equivocada, desinformación sobre los objetivos, disparos a bocajarro contra civiles franceses (los Ranger pensaron erróneamente que dichos civiles habían ayudado a los alemanes durante el combate), retrasos en el desembarco de las fuerzas de apoyo… Todo lo que pudo salir mal, salió mal, y sin embargo consiguieron la victoria tras sufrir un 40% de bajas durante el ascenso.

A lo largo de la costa siguen en pie algunos búnkeres alemanes que procuraron frenar el avance aliado, aunque los cañones fueron inutilizados con granadas y retirados por las fuerzas victoriosas. Desde estos búnkeres es posible ver el amplio Canal de la Mancha tal y como lo vería un soldado del Tercer Reich: azul claro, manso y plagado de incógnitas.

La historia la escriben los vencedores

El homenaje más característico de esta batalla son los cementerios militares. Hay decenas diseminados por la región, y aquí están enterrados los soldados que murieron a lo largo del último año de guerra, hasta la toma definitiva de Berlín. Destacan tres cementerios, rebosantes de una extraña solemnidad aunque ya hayan pasado 75 años desde el desembarco.

Cementerio americano de Colleville-Sur-Mer.
Cementerio americano de Colleville-Sur-Mer.

El cementerio Colleville-Sur-Mer es donde se encuentran la mayoría de bajas estadounidenses. Casi diez mil cruces o estrellas de David (dependiendo de la religión del combatiente) se esparcen con un color impecablemente blanco en el césped brillante y bien recortado. También guarda el Jardín de los Desaparecidos, donde están grabados en un muro circular los nombres de 1.557 hombres que nunca fueron encontrados.

El cementerio militar de Bayeux es el lugar de descanso para las más de cinco mil bajas que la Commonwealth británica sufrió durante los días posteriores al desembarco. Las lápidas rectangulares también son blancas, cuidadosamente grabadas con los nombres de los fallecidos, la fecha y lugar de su muerte y su edad. Es escalofriante comprobar que la edad media entre los combatientes no llegaba a los 30 años. El gobierno francés hizo entrega de los terrenos del cementerio a la corona inglesa, como agradecimiento por su liberación.

Si hay un cementerio que destaca, sin embargo, es el cementerio militar de La Cambe. Aquí yacen enterrados 21.000 soldados alemanes, y muchas de las lápidas ni siquiera llevan nombre que las identifique. De un color negro muy oscuro, el negro más oscuro que es la horrible guerra entre hermanos europeos, estas cruces recuerdan al visitante el anonimato del derrotado. La historia la escriben los vencedores y a los perdedores no les resta siquiera el nombre para grabar en sus lápidas. Ahora descasan aquí, inocentes después de tantos años, los jóvenes alemanes que se dejaron arrastrar por un torbellino de odio para el que no deberían haber nacido.

Tumbas negras en el cementerio de La Cambe
Tumbas negras en el cementerio de La Cambe